Estamos ante una serie de seis cuadros sobre la cual se desconoce si fue un encargo por parte de los duques de Osuna, o bien fueron comprados por los mismos una vez que habían sido pintados a voluntad de Goya. Es posible ya los tuviese pintados previamente ya que era frecuente que Goya ofreciera entre amigos, mecenas y anticuarios las “caprichosas” composiciones que realizaba para sí mismo.

Fantasía y realidad en Goya

En todas las obras que Goya realiza sobre este tema de la brujería, hay siempre una mezcla de fantasía y realidad que llegan a fundirse, al utilizar la iconografía de unos seres fantásticos para crear unas imágenes que critiquen las costumbres de la época. Es imposible saber el orden en el que pintó los cuadros de esta serie, pero se han relacionado con las estampas y dibujos preparatorios de Los Caprichos, ya que estos, publicados en 1799, tuvieron que ser gestados previamente, posiblemente desde 1795. Así se ha llegado a conclusiones como que La cocina de brujos se acerca al estilo más realista de los dibujos y estampas más tempranas de Los Caprichos.

Dos de los cuadros pertenecientes a la serie de los duques de Osuna, El convidado de piedra y El hechizado por la fuerza tienen una fuerte influencia teatral. El primero de ellos se encuentra en paradero desconocido desde la venta de Osuna de 1896, y sólo lo conocemos por una vieja fotografía de Laurent; el segundo se encuentra en la National Gallery de Londres. Ambos cuadros se inspiran en comedias del dramaturgo Antonio de Zamora (1660-1728) que, casualmente estaban en cartel en los años 1797-8 en Madrid en los teatros del Príncipe y de la Cruz, fechas en las que posiblemente pintó esta serie, por lo que no es descabellado pensar que Goya pudo verlas y utilizarlas como fuente de inspiración para sus lienzos. Y no sólo por el tema, sino también por la manera de representarlos, dada la luz teatral que utiliza, de abajo a arriba, unido a fondos de sombras fantasmagóricas, así como el juego de realidad-ficción, al introducir la realidad del espectador en un hecho ficticio.

Análisis de algunos lienzos

En los otros cuatro cuadros (incluyendo El Aquelarre), el tema de la brujería es mucho más concreto. Por ejemplo, en Vuelo de brujas (Museo del Prado), ya utiliza la nocturnidad para crear ambigüedad, representando el rapto de un hombre por tres brujos, como siempre se ha pensado, o brujas, ya que no acaba de dejar clara su sexualidad, si bien asoman ciertas formas curvas. Y es que el vuelo de las brujas siempre fue un tema muy recurrente tanto en la literatura como en las leyendas populares.

El conjuro (Fundación Lázaro Galdiano) es una de las escenas más tétricas, y quizás la más afín a El Aquelarre, no sólo por los ojos rojizos y fijos de las lechuzas, sino porque también podría tener correspondencia con una estampa, el Capricho 45, Mucho hay que chupar. Este cuadro se ha entendido como una especie de ritual de magia negra, ya que hay testimonios de la época que hablan de vudú, lo que nos hace pensar que Goya utilizaba como fuente para sus representaciones, entre otras cosas, los cuentos populares.

Por último, La cocina de brujos (colección particular) se diferencia de nuevo al tratarse de un interior, lo que podría estar también en relación con la influencia teatral, por lo que se puede relacionar con los dos primeros, aunque este no podemos unirlo a ningún texto en concreto.

La noche

El hecho de situar todos en ambientes nocturnos les da un viso de realismo, al menos en El Aquelarre, en el cual están iluminados por la luz de la luna. Esto apoyaría la teoría del uso de la noche como “telón de fondo” dentro de la influencia teatral en estas composiciones, a la vez muy cerradas y pensadas, como si se tratase de actores en un escenario. Aunque todo esto no quiere decir que las seis pinturas estén inspiradas en la misma comedia, sino que se trata de una influencia general.

Ya que Goya realizó esta serie posiblemente a la vez que los grabados de Los Caprichos, hemos de dejar constancia del anuncio que publicó en el Diario de Madrid el 6 de febrero de 1799 debido a la publicación de su serie de grabados, en el cual explica cuál sería el objetivo de dicha serie. Puede que esto nos ayude a comprender algo más qué era lo que pretendía Goya al representar brujas o, más bien, en qué se inspiró para sus composiciones:

Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al aguafuerte por Don Francisco de Goya. Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos [...] puede ser también objeto de la pintura: ha escogido como asuntos proporcionados para su obra [...] aquellos que ha creído más aptos a suministrar materia para el ridículo, y ejercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice.

Como la mayor parte de los objetos que en esta obra se representan son ideales [...] considerando que el autor, ni ha seguido los ejemplos de otro, ni ha podido copiar tampoco de la naturaleza [...] ha tenido que exponer a los ojos y actitudes que sólo han existido hasta ahora en la mente humana.

La pintura (como la poesía) escoge en lo universal lo que juzga más a propósito para sus fines: reúne en un solo personaje fantástico, circunstancias y caracteres que la naturaleza presenta repartidos en muchos y de esta combinación, ingeniosamente dispuesta, resulta aquella feliz imitación [...]”.

La crítica a la superstición

De esto podemos deducir que si siguió los mismos criterios a la hora de elaborar las obras de brujas, no necesariamente lo tomaría de una fuente en concreto, sino que, al igual que los caprichos, lleva una parte de “observación de la naturaleza” y otra de imaginación del autor, que le permiten, en este caso, criticar los “errores y vicios humanos”, por ejemplo, las supersticiones.