El verso octosílabo ha sido utilizado popularmente como vehículo para contar historias; su estructura simple y rimada se adhiere fácilmente a la memoria e inspira a la interpretación masiva. Es por eso que este tipo de versos se vinculó a las manifestaciones literarias y artísticas del pueblo; con notable evolución, se pueden rastrear formas básicas del romance en los populares corridos que se cantan actualmente.

Orígenes del romance

El Mester de juglaría era el oficio que desempeñaban los juglares quienes cantaban las historias y las noticias de acontecimientos importantes. El romance surgió, indirectamente, gracias a estos cantores que iban de pueblo en pueblo y con el tiempo se convirtió en una composición clásica de la literatura popular en idioma español. Estas manifestaciones fueron recopiladas desde el siglo XV en lo que se llamó “Cancioneros” o “Romanceros”.

Estructura

Un romance es una composición poética estructurada en versos octosílabos con rima consonante y asonante. Este tipo de versificación se considera de arte menor, en contraposición a los versos endecasílabos o de arte mayor, utilizados en la tradición poética para la poesía o para narrar situaciones elevadas. Un ejemplo de un típico romance datado en el siglo XVI es el "Romance del Conde Sisebuto":

"A cuatro leguas de Pinto

y a treinta de Marmolejo,

existe un castillo viejo

que edificó Chindasvinto.

Lo habitaba un gran señor,

algo feudal y algo bruto;

se llamaba Sisebuto

y su esposa, Leonor,

y Cunegunda, su hermana,

y su madre, Berenguela,

y una prima de su abuela

que atendía por Mariana,

y su cuñado, Vitelio,

y Cleopatra, su tía,

y su nieta, Rosalía,

y su hijo mayor, Rogelio."

En este poema se aprecian las características fundamentales de un romance: cuenta una historia estructurada con personajes y acciones, está escrito en versos octosílabos y tiene rima consonante por cuartetos.

Como ese ejemplo, abundan los romances que tratan diversas historias, desde hazañas épicas hasta enamoramientos ya sea en tono épico y solemne o más hacia la jocosidad de los sucesos.

Evolución

Desde el Medievo, los romances se siguieron escribiendo y fueron de gran interés para los numerosos autores del Siglo de Oro español. Papel más importante tuvo el romance durante la evangelización de los indígenas mesoamericanos, pues la estructura ayudaba a la fácil retención de su contenido. Una gran escritora de romances fue Sor Juana Inés de la Cruz quien integró varios romances a sus villancicos y demás composiciones dedicadas al pueblo. Además, dotó con su pluma una nueva perspectiva frente a los temas típicos de romance, al escribir sobre el amor no correspondido, que vendría a ser uno de los más representativos tópicos de su poesía, tal como se aprecia en el inicio de este romance:

"Si el desamor o el enojo

satisfacciones admiten,

y si tal vez los rigores

de urbanidades se visten,

escucha, Fabio, mis males,

cuyo dolor, si se mide,

aun el mismo padecerlo

no lo sabrá hacer creíble.

Oye mi altivez postrada;

porque son incompatibles

un pundonor que se ostente

con un amor que se humille".

La forma de este romance tiene arraigada la etiqueta popular que otros de sus contemporáneos, como Pedro Calderón de la Barca o el mexicano Juan Ruiz de Alarcón utilizaron al adaptar romances en sus obras teatrales y con ellos dar voz a los personajes populares, mientras que optaron por escribir en endecasílabos cuando hacen hablar a los reyes o demás miembros de la clase noble.

La permanencia de los romances es indudable y su impacto continúa en diversas manifestaciones ya entrado el siglo XIX. En 1924 Federico García Lorca escribió una de las obras más importantes de la literatura española, El romancero gitano, donde recoge, a la usanza tradicional, una serie de romances varios dotándolos de las características usuales más su toque personal de exotismo e imágenes elaboradas; un ejemplo de estos romances es el "Romance de la luna luna", cuyos primeros versos, con rima asonante, son:

"La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados".

Los corridos

La Revolución Mexicana trajo un sinnúmero de romances, conocidos ya popularmente como corridos. Esta manifestación responde a las inquietudes originales del Mester de juglaría, que básicamente consistían en narrar hechos, noticias e historias de las comunidades y pueblos cercanos y sus reyes, condes, o guerreros. El corrido rescata las mismas cosas, con la debida equivalencia a su tiempo y espacio, pues son composiciones cantadas y reproducidas por el pueblo, están hechas en versos octosílabos y se dedican a la narración de sucesos actuales y fácilmente identificables por ciertas comunidades.

Un ejemplo de un corrido de la revolución, que según estudios fue escrito entre 1910 y 1930 es el del "Asesinato del valiente general Domingo Arenas"; es anónimo y sus primeros versos son:

"Triste noticia les traigo

de un crimen que ya pasó

que á mi general Arenas

Ayaquica lo mató.

El valiente Don Domingo

á Ayaquica lo citó

para que se sometiera

con Carranza á quien sirvió.

Ayaquica muy formal

le dijo que fuera á Atlixco,

y que allí lo esperaría

para volver al aprisco.

Con su noble corazón

nunca temió una celada

y con su estado mayor

se dirigió a la Cañada."

Corridos en la actualidad

Los corridos se han convertido en una parte importantísima de la cultura mexicana, diversas agrupaciones musicales de renombre como Los Tigres del Norte, se caracterizan por escribir canciones basados en la estructura octosilábica. El gran poeta Rubén Bonifaz Nuño declaró que "el corrido es una de las formas más intensas de la poesía mexicana", con lo cual el corrido no es solamente una manifestación popular sino que, como el romance, forma parte de la tradición poética y literaria en español.

Uno de sus corridos más famosos es el de “Contrabando y traición”, que inicia así:

"Salieron de San Isidro

procedentes de Tijuana,

traían la llanta del carro

repletas de hierba mala;

eran Emilio Varela

y Camelia la Texana.

Pasaron por San Clemente,

los paró la migración,

les pidió sus documentos,

les dijo ¿de dónde son?

Ella era de San Antonio,

una hembra de corazón."

Múltiples corridos se han escrito en los últimos años, con temas variados y el eco de lo popular en todos hellos, muchos hablan ahora de las drogas y el narco, pues como en aquellos tiempos medievales donde se contaban hazañas de caballeros, los tiempos actuales obligan a cantar la violencia y abusos que caracterizan a muchas poblaciones de Latinoamérica.

Con variedad de temas, las manifestaciones literarias en los actuales corridos son huella indudable de siglos de romances que han caracterizado la lengua española.