
- colosos de Memnon - J. Domenech
Amenhotep III o Amenofis III (1402-1364 a.C.), hijo de Tutmosis IV y de Mutemuya, fue el noveno faraón de la Dinastía XVIII. Con él, la civilización egipcia clásica alcanzó su máximo esplendor. Nunca realizó grandes ostentaciones guerreras, ya que tampoco le hizo falta. Durante su reinado había equilibrio con los países cercanos, siendo además considerado un pacifista.
Ejerció una política de estado conservadora, casándose con una hija del rey de Mitanni y con otra del rey de Babilonia, y se dedicó a la construcción de monumentos con un refinamiento extraordinario, lo que le valió el sobrenombre de Amenhotep el Magnífico.
También estuvo casado con la reina Tiy, junto a la cual se hacía representar a tamaño colosal. Durante su reinado mandó construir dos enormes figuras de casi veinte metros representándolo, cerca de la ribera occidental del rio Nilo, a las mismas puertas de la ciudad de Luxor, cerca de las necrópolis de Tebas. Estas figuras con el tiempo adquirieron el nombre de los colosos de Memnón, en árabe Al-Colossat o Es-Salamat. Y han sido a lo largo de los siglos uno de los enigmas del Antiguo Egipto.
Los colosos de Memnón vigilantes del complejo funerario de Luxor
Estas dos gigantescas estatuas fueron talladas y esculpidas bajo las órdenes del arquitecto del rey que se llamaba Amenhotep, hijo de Hapu. Eran de cuarcita y provenían de las canteras de Gebel el-Silsa, al norte de Asuán.
Su tamaño, aunque de lejos parece más espectacular, permitía según los escritos que en cada una de sus manos pudiera sentarse un hombre. Sin embargo, una vez frente a ellas, suministran la idea que son del tamaño de los seres humanos y los que las admiran y contemplan, son seres diminutos o enanos.
Según rezan los escritos, las dos imágenes representaban al viajero que se acercaba al recinto funerario del faraón en vida y que se le podía adorar como dios terrenal. En aquellos tiempos, todo el recinto era el mayor y más portentoso de Egipto. Se extendía en un entorno de treinta y cinco hectáreas. En la actualidad, solo quedan pequeños vestigios de su existencia.
La leyenda helena de los Colosos de Memnón
El origen de la apelación de Memnón proviene del periodo griego o ptolomeico del Antiguo Egipto. Las dos estatuas fueron denominadas de esta manera por los viajeros griegos a los cuales, la singular visión les inmortalizaba al héroe griego de las guerras de Troya y Etiopía, vencido y aniquilado por Aquiles.
Existe una leyenda de origen heleno que explica que cada mañana a la salida del sol, una de las estatuas, emitía un murmullo. Y que cualquiera que se acercase a pocos metros del lugar, podía escuchar extraños sonidos, chasquidos y ruidos, cuando el astro rey comenzaba a cubrir con su manto a la tierra.
Desde el principio el extraño suceso que se repetía cada mañana, produjo un respeto sagrado y con el tiempo llegaron al lugar adivinos y oráculos para interpretar aquellos misteriosos sonidos. Tuvo tal magnitud la gran procesión de expertos, que se llegó a crear una escuela de oráculos denominada el oráculo de Memnón.
Una gran multitud de viajeros ilustres viajó hasta aquel mágico enclave, para tratar de interpretar los ruidos como si fueran frases, y al parecer hasta el mismísimo Adriano acudió al lugar para recibir consejo a sus dudas.
Tales hechos forjaron una leyenda, la cual explicaba que cada mañana a la salida del sol, Memnón, hijo de Aurora y hermana de Helios (el sol), gemía a la vista de la aparición de su madre por la lejanía del horizonte.
Al final, se encontró una explicación más verosímil. La imagen tallada en cuarcita, gres y granito, cuando el frio de la noche era sustituido por el calor del sol, los diferentes grados de dilatación de las piedras, producían presiones y roces que generaban aquellos extraños e inexplicables sonidos.
También se ha podido constatar por parte de expediciones de arqueólogos, que la imagen estaba un poco resquebrajada, por los efectos de un terremoto que sacudió aquella zona a inicios de nuestra era.
Sin embargo, tras los siglos pasados, todos los viajeros que se dirigen a visitar las tumbas del valle de los reyes y de las reinas, admiran las dos enigmáticas figuras, y rememoran la leyenda ancestral de los dos colosos de Memnón.
