Los códices son los libros antiguos en escritura indígena tradicional, en un sistema basado en imágenes que tenían sus códigos y convenciones, para el caso de la cuenca de México, predominó la lengua náhuatl. El sistema de escritura tenía diferentes niveles: pictográfico, ideográfico, morofosilábico y silábico. En los códices se encuentran glifos topónimos, antropónimos, aritméticos, etc. En náhuatl se les conocía a los códices como amoxtin y al escribano se les llamaba tlacuilo, es decir: “el que escribe pintando”.

Las bibliotecas indígenas

Un punto clave que se debe señalar es que existe una relación directa entre la lengua náhuatl y su representación gráfica, de ahí que se puede hablar de que se trata de una verdadera escritura a partir de imágenes.

Se tiene noticia de la existencia de grandes bibliotecas, llamadas amoxcalli, los códices jugaban un papel muy importantes en los grupos nahuas, gracias a ellos podían llevar cuentas detalladas sobre los tributos, en otros se plasmó su historia y las genealogías de sus gobernantes, había también mapas, planos y calendarios. Estos documentos resultan por lo tanto, una fuente primigenia para los etnohistoriadores, quienes pueden conocer a partir de los códices la cosmovisión indígena.

Los códices texcocanos

Entre los códices acolhuas figuran el Xolotl, el Tlotzin y el Quinatzin. Todos ellos se conservan en Francia. El primero proporciona información histórica que va desde la llegada de los chichimecas de Xolotl hasta la persecución de Nezahualcoyotl.

El Mapa Tlotzin se divide en tres partes: toponimia de los principales lugares del Acolhuacan, proceso de aculturación y genealogía de los señores de Texcoco, Huexotla y Coatlinchan. Mientras que el Códice Quinatzin, muestra cómo era la organización sociopolítica de Texcoco en la época de Nezahualcoyotl.

Los glifos-topónimos

Los glifos topónimos son los caracteres gráficos que se empleaban para representar los nombres de los pueblos, barrios y otros lugares. Estos glifos eran muy importantes, ya que tenían fuerte valor simbólico para los habitantes, los cuales al ver el topónimo de su tierra les servía para recordarla con sus características, fomentando el amor a su pueblo. Es algo análogo a lo que sucede en la actualidad al ver el escudo nacional o la bandera.

Una de las características de los nombres acolhuas es que la mayoría estaban vinculados con la realidad, es decir, en el topónimo se señalaba la principal cualidad del poblado, por ejemplo, Tepetlaoxtoc significa: “en las cuevas de tepetate”, si se va a este poblado sí coincide su nombre y su glifo con su entorno. El conocer cómo se pueden leer los glifos topónimos y saberlos traducir al español resulta de gran utilidad para el geógrafo, historiador, edafólogo, botánico, ecologista, en fin para todo aquel que desee adentrarse más en el devenir de las regiones.

Método para el estudio de glifos-topónimos

Es necesario que conocer la bibliografía básica sobre la región a estudiar, por ejemplo: monografías, tesis, catálogos, revistas, mapas, planos, etc. Estas fuentes darán una visión global y moderna del área de estudio, se podrán identificar los poblados, grupos étnicos, el patrimonio cultural, la historia, los problemas sociales etc. Después hay que realizar visitas a la zona y estudiarla etnográficamente para actualizar y corroborar los datos de las lecturas. El contacto directo con la gente, sus costumbres, tradiciones, etc., da una visión más humana y completa al estudio. Se recomienda el empleo del diario de campo, grabadora y cámara fotográfica, siempre que sea posible.

Si se desea estudiar códices nahuas, se debe aprender esta lengua. Existen varias opciones, por ejemplo ir a comunidades donde todavía se hable el mexicano para que se vaya asimilando en la práctica. Otra forma es estudiar el náhuatl clásico a partir de gramáticas y diccionarios. Además al realizar las investigaciones en los códices esto ampliará el vocabulario. Se escoge algún códice, de preferencia mixto, esto es que tenga grafías en sistema latino y en el nahua. Se inicia con facsimilares que son de más fácil acceso. Ubicar el códice en el tiempo y en el espacio, es decir, contextualizarlo.

Se realiza una ojeada general del códice, para que se empiece a dar una idea de lo que trata. Se observa cuidadosamente los tipos de letra latina, hacer lo mismo con las grafías indígenas. Apunte los resultados. Se identifican los glifos topónimos, que son aquellos que sirven para representar a los lugares geográficos como pueblos, barrios, etc. Se dibuja cada glifo topónimo en una tarjeta y se anota el nombre que está escrito en sistema latino. Con diccionario náhuatl en mano se hace la traducción del topónimo al español. Si todavía existe el lugar, se observa si el significado coincide con sus características. Se señala si el glifo es pictográfico, ideográfico o morfosilábico. Se efectúa la lectura una vez identificadas las convenciones y códigos.