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El cielo rojo de Sidney

Tormentas de arena y otros fenómenos "apocalípticos"

A man walks his dog through Observatory Hill near  - GREG WOOD/AFP/Getty Images
A man walks his dog through Observatory Hill near - GREG WOOD/AFP/Getty Images
El cielo de Sidney cambia de color y atrae la atención de todo el mundo; hay fenómenos naturales que no dejan de sorprendernos ni de estimular nuestra imaginación.

La naturaleza tiene la capacidad de cambiar nuestro entorno, a veces de forma lenta moviendo los continentes y desplazando las montañas, otras, tan rápida como un amanecer nevado o una niebla que no deja ver nada a pocos metros de distancia. En ocasiones estos cambios pueden ser tan vistosos como un espléndido amanecer o fatales como un tsunami que modifica para siempre el perfil de un continente. El 23 de septiembre de 2009, la ciudad de Sidney amaneció con el cielo rojo, como si se tratara de un paisaje marciano, algo tan extraño e inusual que cautivó inmediatamente al mundo entero con esas imágenes sorprendentes.

La tormenta de Sidney

La tormenta que despertó a los habitantes de Sidney con unos cielos de películas apocalípticas ha sido una de las peores en los últimos 70 años; medía más de 500 kilómetros de ancho y 1000 kilómetros de largo, cubriendo no sólo la capital sino varias docenas de ciudades y pueblos. Los cielos rojos se debían a la arena del centro del continente, que es sumamente seco, suspendida en el aire debido a un área de presiones muy bajas en el norte. Se cree que la tormenta podría llegar hasta Nueva Zelanda. Algunas escuelas tuvieron que ser interrumpidas así como el tráfico aéreo, y el fenómeno pudo ser visto desde el espacio exterior.

Otras tormentas

Aunque siempre con una apariencia de plaga divina, las tormentas de arena son causadas por un viento fuerte que desmenuza la tierra, convirtiéndola en un fino polvo que termina suspendido gracias al propio viento. A su vez, las partículas cargadas de electricidad estática por el rozamiento, impulsan a más partículas a mantenerse suspendidas, creando una especie de reacción en cadena.

Tormentas que traen arena del Sahara pueden sentirse en los cielos amarillentos de algunas partes de Europa, y sus efectos incluso logran llegar hasta los Estados Unidos. En 1930, una gran sequía que asoló a todo Norteamérica creó un fenómeno conocido como "Dust Bowl", identificado por una serie de tormentas de arena llamadas "vientos negros" que provocaron grandes migraciones dentro el propio país. Este fue el desastre ecológico más importante del siglo XX, y contribuyó a empeorar la gran depresión.

Fenómenos similares

La naturaleza está llena de fenómenos extraños. En febrero del 2007, en Siberia, la nieve naranja cubrió una superficie de más de 1500 kilómetros cuadrados. La nieve estaba teñida de este color a causa de una tormenta en la vecina Kazajistán. En julio del 2001 cayó esporádicamente una lluvia roja que teñía la ropa de este color en la región de Kerala, en la India. Aunque al principio se decía que el extraño color era causado por la contaminación, se descubrió que la lluvia había sido teñida así por las esporas de un alga terrestre.

Aunque mucho menos frecuentes, y normalmente teñidas de mitos y superstición, existen las historias de lluvias de sapos y pescados. Según la hipótesis, son causadas por fuertes vientos que sacan a estos animales del agua, o a sus huevos fecundados, y los transportan miles de kilómetros para dejarlos de caer posteriormente en otra región. También suelen ocurrir tormentas de langostas, que no son más que migraciones masivas de este insecto. De todas maneras, estos fenómenos no han podido ser comprobados científicamente.

Mitos y leyendas

Quizás las más conocida de las historias de este tipo de tormentas es la serie de plagas que azotaron Egipto, pero otras narraciones similares están presentes en muchas mitologías, incluyendo una lluvia de parasoles para que Buda pudiera protegerse del sol. Dentro de la cultura popular podemos encontrar El libro de los condenados, escrito por el investigador Charles Fort, donde coleccionaba hechos supuestamente no solucionados por la ciencia de su época.

Esta obra constituye un catálogo de miles de entradas sobre fenómenos inexplicables, como lluvias de ranas, precipitación de grandes trozos de hielo, barro, carne y azufre, nieve negra, bolas de fuego, cometas caprichosos y un largo etcétera. El trabajo de Charles Fort cruzaba el punto difuso entre la ciencia y las seudociencias, pero su obra y presencia resultan de gran importancia para autores como H. P. Lovecraft, y una inspiración para los investigadores de lo oculto.

Aunque explicada por la ciencia, la tormenta que convirtió a Sidney en un paisaje extaterrestre sigue siendo un fenómeno sorprendente. Seguramente a Charles Fort, que nunca estuvo presente en una lluvia de ranas, le hubiera encantado presenciar esta tormenta.

Miguel Esquirol, Céline Bonte

Miguel Esquirol - Miguel Esquirol Ríos es periodista y escritor con un libro publicado y otro a punto de salir al mercado. Escribe en ...

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