En occidente, la figura del chamán no deja de concebirse como producto de las sociedades tribales (cazadoras recolectoras, o agrícolas, ubicadas al margen de la sociedad occidental), y que solo lo es, como resultado de una formación dentro de una casta de chamanes.

Por otro lado, al chamán es común asociarlo con el hechicero, brujo, mago, vidente, médium curandero, o pitonisa (tratándose del género femenino); entre otros nombres que hacen referencia a personajes más bien rodeados de misterio y que parecen pisar otro planeta cuando hablan y dicen contactarse con espíritus por doquier.

No se considera pues, que el chamán pueda nacer dentro de la sociedad occidental aparentemente al margen de un linaje de chamanes, o llevar dentro de ella, una forma de vida y aspectos desligados de los personajes antes mencionados. Sin embargo, bien vale la pena revisar algunos rasgos que en las sociedades chamánicas se consideran propios de los chamanes y que llevan a replantear la figura del chamán en la sociedad occidental.

El camino de un chamán en la sociedad occidental

De acuerdo a lo que se ha escrito con anterioridad sobre lo que es un verdadero chamán, los individuos con rasgos de chamán bien pueden nacer o encontrarse en cualquier parte del planeta. Sin embargo, mientras que en las sociedades chamánicas estas personas se ven favorecidas por su pronta identificación, por la aceptación y reconocimiento de sus facultades, y por un intenso entrenamiento y bagaje de conocimientos acaudalado por generaciones de chamanes, los candidatos a chamanes de la sociedad occidental enfrentan en cambio, un camino más incierto.

Las mayoría de estas personas es posible que nunca lleguen a estar cabalmente claros de su condición, y en cuanto a sus facultades, podrán desde sentirse incómodos, asustarse por lo que perciben o provocan, o utilizarlas solo por diversión o por ganar cierta notoriedad. Tampoco se descarta que algunos mantengan siempre un sentimiento de estar fuera de lugar.

Sin embargo, aún cuando el ambiente no sea propicio y no exista aparentemente un maestro, o un linaje dentro del cual acogerse, algunas de estas personas tendrán a la propia vida como la gran maestra, que les pondrá de frente obstáculos, y las circunstancias particulares para desarrollarse como verdaderos chamanes.

La muerte y el chamán

Dentro del chamanismo tradicional, un chamán no lo es hasta no experimentar una especie de ruptura o metamorfosis, y que indudablemente va ligada con eventos muy cercanos a la muerte, ya que solo cuando se le tiene cerca, las personas pueden expresarse en toda su integridad, dar lo mejor de sí y desarrollar un sentido más espiritual.

Avisos o episodios de esta metamorfosis se pueden presentar de manera previa al nacimiento o en fases posteriores de la vida, de una persona destinada a ser chamán. Como parte de estos rasgos se mencionan: nacimientos prematuros, o aquéllos en los que el bebe estuvo muy cercano a la muerte.

Otros candidatos a chamanes se caracterizan por padecer un destino sumamente adverso sobre el cual tienen que sobreponerse, como una grave enfermedad que terminan por superar, o en el peor de los casos, aprenden a sobrellevar sacando lo mejor de ella; y hay quienes están marcados por una vida donde la muerte se hace presente a cada momento, en su círculo más cercano.

Los chamanes pueden estar más cerca de lo que se piensa

Revise el lector su propia historia y habilidades y los eventos extraños que ha vivido, o de quienes tiene cerca. Es posible que encuentre a alguien con potencial, o en vías de ser un chamán.

Si enciende la televisión, también es posible que descubra al chamán que hay dentro de aquél biólogo que tiene una extraordinaria conexión con los lobos, por lo cual ha tenido que renunciar a una forma de vida y una familia humanas.