En el año 1900 fue inaugurada la cárcel del palacio de Lecumberri y una historia de la que poco se hablaría. El infierno en el que vivían los reos marcó su vida; pero también el principio de lo que en México ocurre muchas veces en el interior de las prisiones.

Las historias reales, más que leyendas dentro del palacio negro de Lecumberri hablan de una realidad que desde entonces sufre México en su sistema penitenciario. Actualmente, la corrupción permean dentro de los Cereso y Cefereso pero además lo común hoy día es que el crimen organizado controle los penales desde dentro.

Centros de readaptación o desadaptación social

En México existen 428 centros de readaptación conocidos como Cereso y Cefereso, siendo los primeros de orden estatal-municipal y los segundos federal.

El propósito de encarcelar a una persona por un delito cometido, es su readaptación social, esto difícilmente puede cumplirse debido a lo que sucede en el interior de la cárcel. Ahí dentro existe corrupción en todos los niveles y muchas otras cosas como abusos, desatención jurídica a los casos de los internos y pésima alimentación. Los internos desarrollan su orden propio; secuestrados por grupos delictivos, donde no tienen más remedio que someterse ante los privilegios y el poder de otros internos con nexos a la organización delictiva que controla la cárcel.

En otros reclusorios quienes poseen poder económico, generan riqueza ilícita para los custodios para obtener privilegios. El poder, el contacto con el exterior, la entrada de droga, armas, celulares, protección, prostitución son las cosas que en definitiva jamás lograrán que estos centros sean lugares de readaptación social.

La sobrepoblación de penitenciarias mexicanas

Además de la corrupción y la entrada al control de grupos delictivos, existe el problema de la sobrepoblación. Aproximadamente 250.000 reos se encuentran repartidos en todo el país dentro de las 428 instalaciones penitenciarias, federales y estatales.

Las cárceles de orden federal llevan un proceso operacional en máxima seguridad. Los delincuentes más peligrosos deben ser llevados ahí. Están creados desde su infraestructura y todo su sistema operativo para estos criminales. Aunque en la práctica sean trasladados ahí quienes cometen delitos menores.

En México se tienen a 30.000 reos en un espacio para 16 mil, en celdas de tres; duermen diez. Existe una sobrepoblación de 50.000 presos. Esto se debe a un problema de política de seguridad donde los delitos menores son inmediatamente resueltos con cárcel. Además que como la reforma penal lo permite y se ha abusado de ella, personas aun no juzgadas se encuentran dentro del reclusorio durante su proceso judicial, es decir, de los 250.000 presos el 52% tiene prisión preventiva y el resto ya han sido sentenciados.

El endurecimiento de la normatividad sin fortalecer la infraestructura es un problema. El nuevo esquema de readaptación esta teniendo un impacto que no se había previsto y el recurso que se ha otorgado no es suficiente o no se usa de tal modo que sea eficiente. O tal vez el que se equivoca es el sistema penitenciario mexicano.

La cárcel en México: escuela del crimen

El ser capaz de cometer un crimen por menor que éste sea para un individuo se aprende a través de experiencias y estímulos, la falta de atención de la familia y la sociedad misma.

Muchos dicen que la cárcel es un estímulo más y se les ha denominado “escuelas del crimen” puesto que en este país la reincidencia en el delito estadísticamente está más elevada que en países europeos o estados unidos. En Europa el 2% reincide y en México se trata del 19%.

El poder del crimen organizado

Es real que existe un sistema de inteligencia dentro de la administración de algunas prisiones, no precisamente del gobierno federal o estatal, sino de las organizaciones delictivas. Ellos se encargan de castigar y torturar a los reclusos rebeldes, administrar la droga y las armas y en general llevar el orden de la penitenciaria. Tienen un poder fáctico que emana del armamento, investigación y tácticas que poseen para tomar control, tanto que el gobierno tiene limites para actuar.

Por dinero o temor de las amenazas, directores de penales han cedido a la corrupción. Después de la famosa fuga de “el chapo” quien repartía cada mes millones de pesos a los funcionarios, custodios, aduanas, cocineros, lavandería, centros de vigilancia y de seguridad en Puente Grande, se nombró la nueva directora, quien inmediatamente renunció pues ya conocían los nombres de sus hijos.

Deficiencias del sistema penal mexicano

El sistema penitenciario mexicano es catalogado en Europa como el sexto más deficiente a nivel internacional y el tercero del Continente Americano, (Reforma: México DF) por sus deficiencias, desde el proceso para encarcelar a una persona hasta la operación administrativa en la cárcel que se encuentra en crisis jurídica, social y económica. El sistema tampoco establece en la práctica el seguimiento a los expresidiarios para su completa inserción en la sociedad una vez que salen. No se destinan recursos para ello.

El papel de la sociedad

Los expresidiarios, un vez que salen son vistos como si hubieran salido de la basura. La sociedad no los acepta y muchas veces la familia tampoco. No se les da la oportunidad ni facilidad para reinsertarse en lo laboral, social y familiar, en este caso la mayoría reinciden en algún delito.

La CNDH (Comisión Nacional de Derechos Humanos) debe intervenir en los casos donde se transgrede la dignidad humana, y el gobierno federal para recuperar el orden de los reclusorios.

Finalmente, se piensa que quienes están ahí merecen todo tipo de trato sin recordar que algunos presos tal vez son inocentes; víctimas del mismo sistema, y otros por robo menor; víctimas de la pobreza, otros más; victimas de ese círculo que debe formar personas sensibles a la sociedad en la que viven: la familia.