Para entender y profundizar en el conocimiento de la evolución de los cambios en los criterios estéticos, que se produjeron durante las décadas 60 y 70, podemos seguir la introducción de los estudios de Greenberg sobre la crítica moderna. Así, la crítica moderna (Clement Greenberg y Michael Fried, entre otros) se concentra en las propiedades y en los efectos formales y resta importancia a la intención del artista y a los aspectos sociales e ideológicos.

Siguiendo a estos críticos se entiende que el artista que fracase en el momento de priorizar las propiedades y los efectos formales fracasará, también, en su intento de producir arte de alta calidad. Hablar de arte moderno es, por lo tanto, admitir un tipo de práctica gobernada por unas preferencias y una interpretación similar del arte moderno en sí mismo.

Los criterios estéticos de la crítica moderna

Los puntos básicos de la crítica moderna, según Greenberg, son:

  • Lo más importante en el arte y en la crítica es la búsqueda y la identificación de la calidad.
  • La modernidad es una condición necesaria de la calidad en el arte elevado.
  • La posibilidad de calidad en el arte elevado debe ir asociado a las formas de la pintura y la escultura abstractas.
Con la eclosión de nuevas tendencias informalistas, como el minimalismo, la apariencia de la obra pasa a un segundo plano puesto que, precisamente, la obra está pensada para frustrar esta forma de ver que se recrea en los efectos complejos y en las composiciones imaginativas. De ahí que, ahora, su identidad resida en los procesos que se han seguido para su creación y en los materiales con los que se ha realizado.

El Pop Art y el Arte Conceptual surgieron a finales de los sesenta e inicios de los 70 como tendencias muy diferenciadas dentro de esta ruptura con las formas tradicionales de práctica artística. Una serie sucesiva de exposiciones de carácter internacional, celebradas entre 1969 y 1972, dejaba bien claro que, efectivamente, se había producido un cambio de prioridades. Si la crítica moderna valora las obras por su autosuficiencia, por la sensación de globalidad y de presencia duradera, en cambio, según la visión posmodernista, esta sensación de globalidad y totalidad es, simplemente, producto de la ilusión y su disfrute es nostálgico.

Nuevos conceptos artísticos

El arte comprometido de los setenta se preconfiguró como uno de los pilares básicos de la posmodernidad artística. Sexo y poder se convertían en los principales motivos de la práctica de la cultura radical del momento. Las formas de opresión asociadas a las relaciones entre los sexos han sido la principal preocupación de la artista americana Bárbara Kruger.

Las creaciones de Kruger actúan claramente con una idea diferente sobre la función del arte al margen de la simple contemplación estética. Es, ésta, una concepción del arte situada en una encrucijada de instituciones de economía política y artística, de representaciones de identidad sexual y de vida social. Así pues, la crítica al tema social, expresada por medio de una preocupación por las contradicciones de clase, etnia y sexo, y la crítica de la originalidad, expresada mediante estrategias de apropiación, pueden considerarse las diversas respuestas de los artistas a la crisis de la modernidad en el siglo XX.

Todos ellos, los artistas, comparten un punto de vista común en un aspecto verdaderamente importante como es lo que se considera la “muerte de las grandes narraciones”. Eso es, la muerte de aquellas creencias, tan extendidas, sobre el potencial de emancipación social y la mejora de las condiciones materiales de vida mediante el progreso científico que se ha producido al impulso de la Ilustración.