En contraste con los asnos, que al desaparecer la arriería se encuentran en peligro de extinción, los caballos viven tiempos de bonanza en México, alejados ya de los arduos trabajos a los que fueron sometidos durante siglos. Los deportes, el turismo y la terapéutica destacan entre sus principales actividades.

México, tercer productor mundial de caballos

México es hoy el tercer productor mundial de caballos, después de Estados Unidos y de China. Se estima que hay en el mundo 58 millones de equinos, de los cuales 9.5 millones se encuentran en Estados Unidos, 7.4 millones en China y 6.8 millones en México. De éstos cabe decir que en su mayoría gozan de mejor vida que mucha gente.

La prosperidad equina de México contrasta incluso con la tendencia global, ya que según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), el mundo perdió 14 millones de caballos durante la segunda mitad del siglo XX, como resultado de la introducción de maquinaria agrícola y el desarrollo del transporte.

Respuesta desigual a las innovaciones tecnológicas

La respuesta a las innovaciones tecnológicas ha sido desigual en distintas regiones del mundo, ya que mientras América del Norte, Centroamérica, África y Asia disponen ahora de un censo mayor de caballos que a principios de los años 50 del siglo pasado, América del Sur, Europa, Oceanía y la ex-URSS han venido a la baja.

El país que llegó a tener mayor población de caballos en el mundo fue el Imperio Ruso, con 35 millones de ejemplares en 1917, pero actualmente el censo le asigna apenas cinco millones.

En México, sin embargo, según la FAO, había en 1991 dos millones 904 mil 594 caballos, en tanto que en 2004 la misma organización reporta seis millones 260 mil, es decir, más del doble en un lapso de apenas 13 años.

Los caballos, favoritos como animales de silla y de placer

¿Qué sucedió? Que mientras asnos y mulas se utilizaban como bestias de carga, los caballos fueron cada vez más apreciados como animales de silla y de placer, de suerte que, al desaparecer la arriería, los primeros vinieron a menos, en tantos que estos últimos fueron bienvenidos en la charrería, carreras, turismo, paseos, rejoneo, polo, demostraciones, cacería, salto, circo y más recientemente en aplicaciones terapéuticas.

De este modo, los equinos se multiplican por el poder económico de la gente, entre ellos los prósperos emigrantes mexicanos que viven en el vecino país del Norte, que poseen ranchos allá y que suelen regresar a sus pueblos de origen con dólares para gastar y con valiosos caballos destinados a la recreación y competencias.

De hecho, cada vez menos se utiliza a estos animales para cabalgadura o transporte, en el arado, o como trapicheros, cortadores, arreadores de ganado, carretoneros, pepenadores y aguadores, que eran sus principales campos de actividad hace apenas unas décadas.

Origen y desarrollo de los caballos en América y en México

Resulta que Cristóbal Colón, el descubridor de América, en su segundo viaje dejó en 1494 algunos caballos en La Española (Santo Domingo), que 20 años después se multiplicaron ahí, en Cuba y en Jamaica, pero éstos no llegaron al continente, al menos en aquel tiempo. Fue el conquistador de México, Hernán Cortés, quien en 1519 trajo 11 caballos y cinco yeguas, que realmente iniciaron la población equina del país.

Cierto es que 55 millones de años antes hubo una especie de pequeños equinos en el hoy territorio de Norteamérica, de donde se supone que emigraron a Eurasia y África hace unos 15 mil años, pero por causas desconocidas se extinguieron en Norteamérica hace diez mil años, razón por la cual los actuales no tienen que ver nada con aquéllos.

Nace el deporte nacional, la charrería, y con ella el auge del caballo

Durante la Revolución Mexicana (1910-1916) los caballos criollos destinados a la guerra prácticamente se extinguieron, pero ha sido tan grande la afición del mexicano al caballo que pronto buscaron la forma de recuperarlo, especialmente al surgir la charrería como deporte nacional por excelencia, en los años 30 del siglo pasado.

De esta manera, con la importación de sementales y yeguas de España y Estados Unidos, pronto se mejoraron las razas locales. Actualmente son tan bien cotizados los caballos mexicanos que sus precios pueden fluctuar, según raza y condición, entre mil y 20 mil dólares por ejemplar, y obviamente sobra quien los pague con gusto.