Años interesantes. Una vida en el siglo XX es la autobiografía del historiador inglés Eric Hobsbawm (Alejandría, 1917), donde hace un repaso a su vida y a su oficio. A través de una narración cronológica sobre los grandes hechos que lo marcaron personalmente, obtenemos en paralelo una visión global de la historia del siglo XX.

Un siglo “corto”

Eric Hobsbawm es principalmente un historiador especialista en el siglo XIX. Sin embargo, han sido varias sus destacadas publicaciones sobre el siglo recién pasado. Y es en éstas donde ha destacado su expresión “el corto siglo XX”.

Para el estudioso británico, el siglo XX, como objeto de estudio y etapa “divisoria” del tiempo, comienza en 1914 ó en 1917 (el mismo año de su nacimiento), con el comienzo de la Primera Guerra Mundial o con la Revolución Bolchevique en Rusia respectivamente, que serán los acontecimientos que quiebran, en cierta forma, el siglo XIX para dar así paso a una nueva etapa para la historia de la humanidad en la que el mundo se divide en dos grandes bloques.

El siglo XX también es denominado “corto” por este historiador porque termina antes de que acabe el milenio. Según él, el siglo XX llega a su fin en 1991 con la caída del Muro de Berlín, y así del derrumbe de la material línea divisoria de los dos bloques que se opusieron a lo largo del “siglo”.

Cómo dividir el tiempo

Tradicionalmente, los historiadores son los encargados de “dividir el tiempo pasado”; son estos profesionales los que “catalogan”, por decirlo de alguna manera, el pasado de la humanidad para así poder someterlo como objeto de estudio.

Sin lugar a dudas, es más práctico, así poder contemplar el acontecer a lo largo de los siglos y "aprender del pasado y que no se vuelvan a cometer los mismos errores", máxima absoluta de la ciencia histórica. Hablando vulgar o sencillamente, el estudio de la Historia sería como un psicoanálisis para resolver los problemas, traumas o miedos que han amedrentado (en este caso, a la humanidad) en el pasado y que así no se vuelvan a repetir.

Empero, aunque esta división por “edades” del suceder humano es sin duda conveniente, e incluso necesaria, causa numerosas oposiciones pues no deja de ser algo “artificial” y subjetiva, ya que al fin y al cabo es realizada por individuos.

Siglo XX versus Edad Contemporánea

Entre los estudiosos hay diferencias, u oposiciones, para dar comienzo a la Edad Contemporánea. Para algunos ésta comenzó en 1789 con la Revolución Francesa –lo que eliminaría el Antiguo Régimen (principalmente las monarquías absolutistas) e instauraría el capitalismo de Europa (porque estas “particiones del tiempo” han sido elaboradas tomando en cuenta principalmente los hitos europeos)–.

Sin embargo, otros historiadores ponen el punto de partida con las transformaciones que produjo la Primera Guerra Mundial, ya que ven este hecho el punto final al siglo XIX, que califican como cierre de la Edad Moderna.

¿Un final a la Edad Contemporánea?

Uno de los mayores retos que tiene el historiador contemporáneo es el de no ser sólo un observador del acontecer actual, sino ser también su actor –inmiscuido o no– en él. ¿Será posible, por lo tanto, poder analizar el presente con la distancia necesaria requerida? Francis Fukuyama sí se atrevió a hacerlo. Eric Hobsbawm también.

Es evidente que la Caída del Muro de Berlín dio fin a un ciclo; a este mundo dividido en dos del cual formábamos parte desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Finalizó la Guerra Fría, y con ella el orden mundial al cual estábamos habituados.

Sin embargo, Hobsbawm cree ver en el 11-S, en sus escritos posteriores a tal acontecimiento (no en los anteriores, en los que concuerda con Fukuyama en que el siglo XX termina en 1991, como ya hemos visto antes), un verdadero punto y final en la Historia Contemporánea.

“El siglo de los Estados Unidos de América”

Es más, este historiador cambia su punto de mira para contradecirse –debido a los acontecimientos de las últimas décadas–, y hablar del siglo XX, es decir, de la Edad Contemporánea, como del “siglo de Estados Unidos de América”. De nuevo resalta aquí, en este cambio “temporal” que propone, el poco distanciamiento que posee el historiador contemporáneo para realizar el análisis adecuado teniendo en cuenta todos los acontecimientos implicados.

Quizás el siglo XX, esta Edad Contemporánea, pase a la Historia no por el enfrentamiento de dos bloques dividiéndose el mundo (como se había analizado hasta ahora), sino como el del nacimiento, crecimiento (con las luchas que esto implica) y caída (con la imagen sumamente “descriptiva” de la caída de las Torres Gemelas el 11-S) del gran gigante estadounidense. Habrá que dejar que nuestros predecesores lo confirmen.