Desde tiempos remotos pueblos como los griegos y los egipcios tenían conocimiento de la producción de electricidad de ciertos animales, como por ejemplo la raya eléctrica (Torpedo) y el pez gato eléctrico (Malapterurus). Las descargas eléctricas tienen como principal función la defensa y el ataque. Uno de los casos más conocidos es el de la anguila eléctrica (Electrophorus), capaz de producir descargas eléctricas que pueden alcanzar los 600 voltios, suficientes para matar a otros peces o inclusive a animales del tamaño de una persona adulta.

Algunos peces utilizan las descargas eléctricas para distinguir entre objetos no conductores y objetos conductores de electricidad. Un pez de agua dulce tiene una conductividad eléctrica mucho más alta que el agua debido al contenido de sal en los fluidos de su cuerpo. Las descargas eléctricas de baja intensidad pueden ser útiles para el desplazamiento en aguas turbias, la localización de depredadores y presas, la comunicación entre individuos o incluso para la atracción sexual, según comenta Knut Schmidt-Nielsen en Animal Physiology. Además de los peces, en Map of Life-Convergent Evolution Online, se mencionan algunos mamíferos relacionados con la electrorrecepción.

Animales productores de electricidad

Bob Fenner comenta en Wet Web Media.com que los peces son los únicos animales a los que se les conocen órganos productores de electricidad. Estos animales, conocidos como electrogénicos, incluyen a peces cartilaginosos como la raya eléctrica y a peces óseos, como los peces cuchillo.

Los órganos productores de electricidad varían en ubicación, fisiología, tamaño y origen evolutivo. Por lo general, derivan de tejido muscular aunque también pueden provenir de tejido glandular o del sistema nervioso. Estos órganos se encuentran en las aletas o debajo de la piel, pero además pueden estar en otras partes del cuerpo.

La electroplaca es la parte más importante de un órgano productor de electricidad. Está formada por miles de células multinucleadas. Ésta funciona de diferentes maneras según el órgano productor de electricidad se encuentre en reposo o estimulado por sus nervios. En el primer caso cada electroplaca posee carga negativa en su interior y positiva en su parte exterior. Cuando se produce la otra situación el potencial eléctrico se revierte momentáneamente, complementa el citado autor.

Animales receptores de electricidad

Otros animales poseen receptores de electricidad especializados que les permiten detectar campos eléctricos. Estas señales eléctricas transmiten información sobre la composición del ambiente y la actividad de otros animales y se procesan en regiones específicas del cerebro. Son utilizadas para el desplazamiento en el agua, la detección de obstáculos y la localización de presas. Asimismo, estos receptores pueden usarse en ambientes con poca luz, como aguas turbias o durante la noche.

La electrorrecepción necesita de un ambiente acuático. Es por esto que solo se ha podido demostrar en especies que habitan en el agua o en zonas en contacto con ésta, como por ejemplo peces de agua dulce y salada, algunos anfibios e incluso mamíferos del orden Monotremata, según Map of Life.

Tiburones

Los tiburones son los animales que poseen las mejores habilidades electroreceptoras debido a que cuentan con unas estructuras llamadas ampollas de Lorenzini ubicadas en la zona del hocico. De esta forma pueden detectar los campos eléctricos emitidos por otros animales y cazar a sus presas con facilidad, incluyendo aquellas que se encuentran escondidas en las rocas o debajo de la arena. Cuando un animal o una persona sufre una herida, inmediatamente emite impulsos eléctricos en forma errática que atraen al tiburón. Es por ello que la víctima seguirá siendo atacada mientras que las personas que intentan rescatarla que se encuentran a una distancia cercana ni siquiera son molestadas por el animal, comenta Amelia Du Plessis en Sharks.

Anguilas eléctricas

Estos animales utilizan la corriente eléctrica para depredación, defensa, identificación de objetos extraños y localización de presas. Se valen de descargas eléctricas de alta intensidad para las primeras dos funciones. Para las dos últimas emplean descargas eléctricas débiles. Las anguilas eléctricas tienen una vista muy poco desarrollada y suelen frecuentar aguas turbias. Durante las horas de poca luz o la noche la electricidad es su herramienta de gran utilidad. Poseen cargas positivas cerca de la cabeza y negativas en la zona de la cola. Cuando escanean el ambiente a través de la corriente eléctrica, lo hacen comenzando por la cola y terminando en la cabeza. Para realizar esto, deben nadar hacia atrás, explica Traci Valasco en Animal Diversity Web.

Los órganos de Sachs, Main y Hunter les sirven a las anguilas eléctricas para interactuar con el ambiente. El primero produce descargas eléctricas débiles y lo utilizan para localización de presas, comunicación, orientación y apareamiento. Además, investigaciones científicas han demostrado que las anguilas eléctricas poseen un sentido auditivo muy desarrollado gracias a que tienen un aparato de Weber que conecta la zona auditiva con la vejiga natatoria. Los otros dos órganos son usados para paralizar a la presa. Debido a que las anguilas no poseen dientes en su maxilar superior, se les hace difícil comer un animal que se está retorciendo. A pesar de esto, las anguilas se las ingenian para abrir la boca y succionar a la presa, añade Velasco.

Ornitorrincos y electricidad

Uno de los mamíferos más estudiados en relación al uso de la electricidad es el ornitorrinco. Para poder sobrevivir en aguas turbias y capturar a sus presas durante la noche estos animales tienen en la zona del hocico receptores mecánicos y eléctricos. Los primeros se distribuyen uniformemente sobre la superficie de esta parte del cuerpo. Los segundos se ubican en forma de tiras para probablemente facilitar la localización de la presa. El sistema electrorreceptor de los ornitorrincos tiene a su eje de máxima sensibilidad apuntando hacia afuera y abajo. Cuando nadan mueven rápidamente la cabeza y exponen la parte más sensible del hocico para localizar a las presas, según el sitio web Map of Life.