Los desiertos son los biomas terrestres más secos del planeta. Se caracterizan por la escasa vegetación e imprevisible precipitación. Las temperaturas de estos lugares pueden ser muy altas (con marcas térmicas a nivel del suelo superiores a los 60ºC) pero también hay desiertos que se caracterizan por sus bajas temperaturas. En el primer caso, las fluctuaciones de temperatura entre el día y la noche son considerables. Estas regiones se hallan entre los 15º y los 35º de latitud en ambos hemisferios. La circulación del aire en estas zonas está determinada por corrientes descendentes que absorben la humedad del ambiente. La cantidad y la frecuencia de la precipitación determinan la densidad de la vegetación de estos lugares.

Los desiertos más secos no son apropiados para la vegetación perenne mientras que en los desiertos con condiciones no tan áridas se pueden ver arbustos, cactus u otras suculentas. Los animales que habitan en estas regiones son aquellos que se alimentan de semillas como por ejemplo hormigas, pájaros y roedores. Además, viven en estas comunidades ecológicas reptiles, como serpientes, que se alimentan de estos últimos, y en menor cantidad mamíferos y aves, comenta Neil A. Campbell en Biology.

Estrategias para regular la temperatura

Las altas temperaturas y la escasez de agua les presentan desafíos a diario a los animales de zonas desérticas. Para contrarrestarlas utilizan distintas estrategias. Los mamíferos y las aves, en algunas ocasiones, dejan que sus temperaturas corporales suban por encima de los 40ºC para no perder agua a través del enfriamiento evaporativo. Sin embargo, cuando estos animales realizan actividades muy desgastantes generan gran cantidad de calor debido al metabolismo muscular y deben liberar ese excedente de energía por medio del enfriamiento evaporativo a través de las superficies pulmonares, los conductos respiratorios y la lengua, o mediante la evaporación a través de la piel, explican David Randall, Warren Burggren y Kathleen French en Animal Physiology.

Adaptaciones a la escasez de agua

Robert L. Dorit, Warren F. Walker Jr. y Robert D. Barnes en Zoology hacen referencia a dos animales que utilizan distintas técnicas para no sufrir la falta de agua.

Uno de ellos es la rata canguro, habitante del sudoeste de América del Norte. Este roedor vive en cuevas durante el día y solo sale de éstas a la noche. Debido a que el agua es escasa en esa zona del planeta raramente ingiere líquido. Se alimenta de comida seca, como semillas, y obtiene el agua a través de los alimentos y por medio de la que se produce por la respiración celular derivada del metabolismo. Los excrementos de la rata canguro son prácticamente secos y sus riñones producen orina muy concentrada.

Los camellos suelen beber cantidades de agua equivalentes hasta un tercio de su peso corporal en diez minutos. Luego pueden pasar un largo periodo de tiempo sin consumir agua. Por otra parte, si bien tienen glándulas sudoríparas, la transpiración en estos animales se manifiesta a temperaturas corporales más altas que en otros mamíferos.

Lagartijas, ranas, insectos y arañas en los desiertos

Las lagartijas viven en diversos hábitats, entre ellos los ambientes desérticos. Estos animales deben afrontar los desafíos que le impone la naturaleza, como son las altas temperaturas y la escasez de agua. Para esto emplean varios mecanismos.

Las lagartijas que habitan en los desiertos próximos a las costas del mar, como son el desierto de Namibia y el de Atacama, aprovechan el agua que se genera como consecuencia de la bruma marítima. Además, hay otros ejemplares que se valen de ciertos mecanismos para aprovechar el agua de lluvia. Éstos son Moloch horridus y Phrynocephalus mystaceus, que tienen sus escamas dispuestas de tal forma que el agua es conducida a la boca por acción capilar. La mayoría de los ejemplares que habitan en dunas utilizan la arena suelta para formar túneles y así protegerse de posibles depredadores y altas temperaturas, comenta Aaron M. Bauer en la Encylopedia of Reptiles and Amphibians.

Algunas ranas, a pesar de que dependen del agua para su reproducción, han podido adaptarse a condiciones de aridez. Un caso bien conocido es el de Cyclorana platycephalas, que en periodos de sequías se esconde bajo tierra, muda su piel y la cubre con mucosidad. Luego ésta se seca y se endurece transformándose en una capa impermeable dentro de la cual la rana permanece aletargada hasta que las lluvias surjan nuevamente, agrega Harold Heatwole en la citada enciclopedia.

Los insectos también han conquistado el desierto. Entre los muchos ejemplos, se pueden citar a los tenebriónidos que habitan en el desierto de Namibia. Los ejemplares de algunas especies tienen patas que se asemejan a zancos que les permiten mantener el cuerpo bien despegado del suelo caliente. Las abejas del género Polistes utilizan las plantas de cactus para construir sus nidos, los cuales están unidos a éstas por medio de una estructura que se asemeja a un tallo y está recubierto de una sustancia brillante de color negro. Dicha substancia tiene su origen en secreciones abdominales de las avispas y su función principal es proteger al nido de la invasión de hormigas, ya que tiene efecto repelente.

Por último, los desiertos de Sonora y Chihuahua están también poblados de insectos, como por ejemplo ciertos escarabajos de colores brillantes que han sabido arreglárselas para alimentarse de las hojas de plantas, cuyo sabor es amargo debido al látex que poseen, comentan Ken y Rod Preston Mafham en The Natural World of Bugs and Insects.

Las arañas no son tan abundantes en los desiertos. Muchas de ellas viven en el suelo y otras, como las tarántulas del género Aphonopelma habitan bajo tierra. Durante el día se refugian del calor en madrigueras y en horas de la noche emergen para buscar comida. En algunas noches de verano los machos salen en busca de las hembras, que se encuentran en sus refugios, para aparearse. Se alimentan de insectos, lagartijas y otros animales pequeños, añaden los mencionados autores.