En el Antiguo Egipto se desarrolló un complejo sistema mitológico en el que los animales se convirtieron en símbolos de los dioses, en la encarnación de sus atributos divinos y humanos. Para la mentalidad egipcia, poco dada al pensamiento abstracto, una deidad inmaterial e intangible era una concepción imposible. Un dios, por su misma condición divina, debía manifestarse y funcionar dentro de un cuerpo real, ya fuera de hombre, como los faraones, de animal o mezcla de los dos.

Los animales en los orígenes de la mitología egipcia

Durante las primeras dinastías, aquellas criaturas consideradas deidades protegían diversos territorios o nomos, en los que era ilegal matar a dicho animal, lo que podría ser considerado como las primeras “leyes de protección de especies” de la Historia. Con el paso de los siglos, la religión egipcia fue complicándose más y más, dándose una exaltación cada vez mayor de los animales venerados, lo cual llevaba a unas ideas insólitas, como por ejemplo considerar afortunado a un hombre que había sido devorado por un cocodrilo, ya que esta especie era sagrada.

Cuando un animal sagrado moría se realizaban cuidadosas ceremonias a la hora de disponer de sus restos. Por ejemplo, las vacas eran tan veneradas que, cuando morían, se arrojaban sus restos en las aguas sagradas del Nilo tras un largo ceremonial. Cuando era un toro el que moría, se le enterraba a las afueras del pueblo, con sus cuernos sobresaliendo de la tierra para señalar el lugar.

Diodoro narra cómo, tras morir, los gatos eran embalsamados y envueltos en sábanas de lino con especias. Se reverenciaba tanto a los gatos que se dictaba pena de muerte contra quien matara a uno de estos felinos. También Herodoto señala cómo en los hogares en que moría un gato toda la familia se rapaba las cejas como señal de duelo.

Cocodrilos, aves, leones, serpientes y una larga lista de animales también eran venerados.

El cocodrilo y Sobek

El cocodrilo era la encarnación de Sobek, dios de las aguas. Herodoto narra cómo en Tebas se obsequiaba a estos reptiles con joyas y alimentos. Cocodrilópolis, en El Fayum, era su centro de veneración, donde había un templo dedicado al cocodrilo sagrado. Cuando éste moría, su cuerpo era embalsamado y enterrado.

El león y Aker

El león fue identificado con Aker, Horus y Ra. En el delta del Nilo se hallaba Leontópolis, ciudad en la que los leones eran venerados y alimentados. Según la mitología, dos leones llamados Sef y Duau, es decir, “Ayer” y “Mañana” protegían un oscuro pasillo dentro de la tierra por el que pasaba el sol.

Al entrar por la noche se ocultaba su luz, y su salida era la señal del día. De aquí derivó la práctica de colocar dos estatuas de estos animales en las puertas de los palacios y de las tumbas, como guardianes de muertos y vivos contra cualquier mal.

A menudo, a estas estatuas se les colocaba una cabeza humana. Son las llamadas esfinges. La más famosa de todas es la de Gizeh, levantada de cara al sol naciente para proteger a los muertos que descansan en las numerosas tumbas y pirámides de alrededor.

El gato y Bastet

El gato era considerado la encarnación de Bastet, diosa guardiana del hogar, prototipo de la dulzura maternal, que puede transformarse en asesina cuando necesita defender a sus hijos. En el Libro de los Muertos es un gato el que le corta la cabeza a Apofis, la serpiente del caos y la oscuridad.

El toro y Apis

Los toros eran considerados los heraldos de los dioses. Así, Apis, heraldo de Ptah y símbolo de la fecundidad de la tierra, era representado como un toro con patas y vientre blanco. En Menfis existía un palacio en el que se adoraba al toro Apis. A su muerte el toro era cuidadosamente momificado y enterrado, y se procedía a la elección del nuevo toro Apis.

La serpiente y Apofis

La serpiente representaba las fuerzas maléficas del Más Allá. Su función era interrumpir el recorrido del Sol para que no alcanzara el nuevo día, estableciendo los ciclos día-noche, o siendo responsable de los eclipses. Apofis era una serpiente indestructible, lo que queda de manifiesto cuando Bastet la decapita, ya que ésta vuelve a regenerarse una y otra vez para atacar de nuevo al sol. Según el mito, este es uno de los motivos por los cuales, en ocasiones, los cielos se tiñen de rojo, por la sangre que emana de la serpiente Apofis herida.

El chacal y Anubis

Anubis era un dios funerario, guardián de las necrópolis y patrón de los embalsamadores. Posiblemente, los antiguos egipcios relacionaban al animal carroñero (que solía merodear por las tumbas, para alimentarse de los cadáveres que desenterraba) con el dios que venía a llevarse a los muertos a una vida futura.

Las aves, símbolos de los dioses de Egipto

Los egipcios creían en la existencia de un alma, a la que simbolizaban como un pájaro con cabeza humana. Entre los pájaros venerados, estaba el ibis, asociado con Thot, dios de la Luna, intermediario entre los dioses y los hombres. Asimismo, el bennu (el Fénix griego), una especie de garza que jugaba un importante papel en los ritos funerarios, ya que era la encargada de asegurar la resurrección del difunto. También el halcón era venerado: el halcón Horus era el dios con el que se identificaba al soberano de Egipto. Su nombre significa el que está muy arriba, posiblemente por la capacidad del halcón de volar a gran altura.

El simbolismo animal en la mitología egipcia

En definitiva, la mitología egipcia y en especial su simbolismo animal, es un buen ejemplo de la intención primigenia del ser humano por entender los fenómenos naturales que le resultaban inexplicables (como la salida y la puesta del sol). Muchos de estos fenómenos adquirían rango de divinidad y, metamorfoseando a estos dioses en animales, los egipcios los hacían más cercanos a su comprensión y los relacionaban con el entorno que vivían y conocían.