Santo Tomás de Aquino, en su obra Suma Teológica en el siglo XIII los estudió en profundidad, pero antes habían sido mencionados por San Gregorio Magno en el siglo VI en su obra Moralia y por Aristóteles en su Ética a Nicómano. Santo Tomás los llamaba “capitales” porque eran el origen de otros vicios y pecados.

De acuerdo a la clasificación de San Gregorio Magno y luego mencionados por Dante Alighieri en su Divina Comedia, los 7 pecados eran: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia, y estos se mantuvieron en la Edad Media, aunque autores anteriores (San Cipriano de Cartago, Juan Casiano, Colombiano de Lexehuiel y Alcuino de York) mencionaban 8.

Lujuria (Virtud: Castidad)

Es el vicio basado en deseos sexuales desmedidos. El cristianismo repudia la lujuria porque convierte al acto sexual en una acción vacía que aleja a Dios de las personas en vez de considerarlo como un medio de reproducción para la continuación de la especie. Actualmente se cree que si no se causa ningún daño a otros con determinada práctica sexual, si no se ofende a nadie exigiéndole compartirla, entonces sólo es un apetito desordenado.

La tradición cristiana dividió los juegos sexuales en fornicación, estupro, rapto, incesto, sacrilegio, adulterio, polución voluntaria, sodomía y bestialidad.

Gula (Virtud: Templanza)

La gula o glotonería es el consumo excesivo de comida y bebida, sin moderación ni límites. En realidad no sólo se trata de abuso de sólidos o líquidos sino de un consumo irracional e innecesario de cualquier sustancia, en forma autodestructiva. Detrás de la gula se esconde una baja autoestima, un escaso respeto por sí mismo.

La iglesia condena comer y beber hasta saciarse, con el único fin de deleitarse. Elogia el acto de alimentarse para reponer energías desligando el placer que esto causa. En la Divina Comedia, se obligaba a los golosos a oler el aroma de la comida sin poder degustarla.

Avaricia (Virtud: Generosidad)

La avaricia es un afán desmesurado por poseer riquezas. La avaricia incluye actos como la deslealtad, la traición deliberada para beneficio personal, la acumulación de objetos, el robo y asalto, los engaños y la manipulación de la autoridad.

Dante, en su Purgatorio, obligaba los avaros a arrodillarse en una piedra y recitar los ejemplos de avaricia.

Pereza (Virtud: Diligencia)

La pereza es negligencia, falta de estímulo o deseo de hacer cosas. Desgano, aversión, disgusto, desmotivación, son algunas de las emociones relacionadas. El perezoso resigna por su propia comodidad, el hacer trabajos para la comunidad o para él mismo. La pereza es no tener ganas de hacer nada.

No hay que confundir pereza con ocio, ya que éste último es el tiempo extra no dedicado al trabajo pero pueden hacerse actividades diversas como leer, ir al cine o pasear. Los romanos diferenciaban el ocio con el no-ocio (negocio). El negocio era hacer algo para satisfacer necesidades materiales, el ocio era hacer lo que a uno le gustaba.

Envidia (Virtud: Caridad)

Envidia es un deseo insaciable de tener algo que otro tiene pero a su vez, es el deseo de que el otro no lo disfrute. No se trata sólo de bienes materiales. La envidia acarrea mentira, traición, intriga y oportunismo. El filósofo francés Diderot decía que “en toda desgracia a nuestros amigos, siempre hay un punto de felicidad para nosotros”.

En el Purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era cerrarle los ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

Soberbia (Virtud: Humildad)

Es el orgullo desmedido, la necesidad de ser preferido antes que otros. De la soberbia provienen todos los otros pecados. La Biblia dice que este pecado fue cometido por Lucifer al querer igualar a Dios.

El soberbio es un individuo que se cree superior a los demás pero teme al ridículo por lo que cualquier comentario dudoso sobre sí mismo lo considerará una burla. Es sinónimo de vanidad. La excelencia no es soberbia, pero en cuanto alguien se ufana de ello, se convierte en pecado.

Ira (Virtud: Paciencia)

La ira es una pasión desmedida que causa indignación y enojo. Es el deseo de venganza, el odio y la intolerancia. Es actuar violentamente, sin pensar. Es conducirse irreflexivamente, sin un mínimo nivel de paciencia.

La ira puede ser un enojo exagerado o una explosión ilimitada de alguien contenido ante presiones u ofensas externas.

Los pecados sociales

El 10 de marzo de 2008, el Vaticano presentó una actualización de la lista de los Pecados Capitales, basados en la conciencia social:

“No realizarás manipulaciones genéticas. No llevarás a cabo experimentos sobre seres humanos, incluidos embriones. No contaminarás el medio ambiente. No provocarás injusticia social. No causarás pobreza. No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común. Y no consumirás drogas”.