Cuantos más medios tecnológicos tenemos a nuestra disposición para comunicarnos instantáneamente más pobre es la comunicación y más fácil es que surjan malentendidos. Los emoticones, las risas, y otros recursos pueden ampliar el sentido de lo que queremos decir. Pero es cierto que sin ver los gestos de nuestro interlocutor, la comunicación está incompleta.

La comunicación no verbal

En los años 50, un grupo de científicos empezó a estudiar sistemáticamente lo que decían nuestros gestos, llegando a conclusiones muy interesantes. En estos estudios convergen disciplinas como la psicología, la psiquiatría, la antropología, la sociología y la etología. Los mensajes que nuestro cuerpo envía al interlocutor sin querer son muy numerosos y deben estudiarse en su conjunto. El profesor Ray Birdwhistell demostró con sus investigaciones que sólo un 35% de los mensajes que captamos responden a la comunicación verbal.

La cinesis

También llamada kinesis, es la ciencia que estudia el movimiento del cuerpo humano. La forma de movernos da mucha información acerca de nuestro carácter y emociones. La cultura también influye en nuestro lenguaje corporal; por ejemplo, el denominado espacio vital es distinto según nuestro país de procedencia. Nuestra postura muestra conformidad o disconformidad hacia una situación. Por ejemplo, durante el galanteo, si adoptamos una pose relajada, con los brazos estirados, si nos acercamos, estamos dando luz verde a la otra persona. Por el contrario, cruzarnos de brazos o volver el cuerpo hacia un lado, por ejemplo, es señal de rechazo. Cuando nos hablan, nuestras expresiones muestran si estamos atentos o si hemos perdido el interés.

La Pupilometría

El aumento o reducción del tamaño de nuestras pupilas también es un indicador a tener en cuenta, especialmente en las relaciones personales. Además de reaccionar a la cantidad de luz, las pupilas se dilatan o contraen en función de las sensaciones agradables o desagradables que percibimos. Es decir, que cuando nos sentimos cómodos, cuando algo nos gusta, nuestras pupilas crecen; y, por el contrario, cuando algo nos disgusta, éstas se empequeñecen.

El atlas del rostro

En su libro Emotion in the Human Face, Paul Ekman postula que las expresiones faciales son un indicador fiel de ciertas emociones básicas. Ekman analizó más de mil expresiones faciales que catalogó en una especie de atlas del rostro al que denominó FAST (Facial Affect Scoring Technique). El FAST divide el rostro en tres zonas: frente y cejas, ojos, y el resto de la cara. La situación de cada zona (por ejemplo, ojos muy abiertos, ceño fruncido, etc.) nos da las claves para captar las emociones del otro.

Abre los ojos

En la mayoría de las culturas, mantener una mirada fija se considera tabú. Esto se debe a que el contacto ocular directo intensifica la intimidad. Por ello, es un fuerte estímulo emocional y un elemento muy importante en la exploración sexual. Apartar la mirada es signo evidente de incomodidad, aunque sumándolo a otros factores como la sonrisa, y durante un cortejo, el significado cambia a un sentimiento de vergüenza. Como dice la sabiduría popular, los ojos son el espejo del alma.

Ojos que no ven…

Jean Paul Sartre decía que “el contacto visual es lo que lo que nos hace real y directamente conscientes de la presencia del otro como ser humano con conciencia e intenciones propias”. Ciertamente, cuando chateamos no vemos qué está pasando al otro lado de la pantalla. Nos perdemos la mirada de nuestro interlocutor, sus gestos. No sabemos si sonríe, si su cuerpo se abre hacia nosotros, si nos está prestando la atención que reclamamos. Por ello es tan importante no aferrarnos a las palabras escritas y aprender a mirar lo que decimos sin querer y lo que nos dicen los demás sin darse cuenta. Así que, ante la duda, ¡enchufa la webcam!