El llanto se define como la respuesta a un estímulo interno o externo, que afecta a las emociones y produce un estado de derramamiento de lágrimas como una forma de exteriorizar lo que se siente en aquel momento.

Cuando una persona llora, no necesariamente significa que se siente triste, melancólica o emocionalmente decaída; también se puede llorar de alegría, de impotencia y de rabia, dependiendo de la personalidad del manifestante.

Frases como "Los hombres no lloran" o "No quiero que me vean llorar" o "Yo jamás lloro", son una completa falacia, puesto que el llanto es por cuestiones emocionales y en muchas ocasiones resulta incontenible e involuntario. Es cierto que existen personas que lloran con más frecuencia que otras, personas que se avergüenzan de llorar en público y las renuentes al llanto en general, pero todas las personas sin excepción tienen un momento de quebrante sentimental, donde las lágrimas son la única forma posible de desahogo.

Un estudio estadístico hecho a 300 personas reveló que las mujeres lloran con frecuencia superior en un 80% sobre los hombres, sobre todo en los días del período, donde la mujer está más frágil; pero de ninguna manera esto significa que el llanto no es para caballeros o que no existan hombres que lloren más. Todo depende de la personalidad, puesto que hay personas más lloronas que otras independientemente del género.

Los beneficios de llorar

El hecho de llorar significa un desahogo para las personas, reduce la angustia, merma la carga emocional, produce calma y es capaz de combatir con el estrés.

A nivel orgánico se habla de una limpieza del lacrimal, se pierden niveles de adrenalina, noradrenalina, oxitocina.

A nivel sicológico es capaz de mejorar el ánimo y dar a la persona que llora la fortaleza suficiente para afrontar el motivo del llanto y seguir adelante.

El llorar de alegría es algo bueno también, pues se exterioriza la alegría extrema, la emoción y la sorpresa para prevenir cualquier ataque debido a esta emoción.

Romper en llanto luego de la una mala noticia ayuda a prevenir las afecciones cardíacas producto de la angustia, ayuda al organismo asimilar las malas noticias y las penas y a recuperar la noción y la lucidez luego de la pena.

Llorar de la rabia también es conveniente, puesto que evita la acumulación de ira en exceso y puede prevenir un ataque de ira o colerín.

Nunca hay que reprimir el llanto

Reprimir el llanto puede ser muy perjudicial para la salud y hasta peligroso. El no llorar no es sinónimo de fuerza y no sirve de nada, al contrario trae muchos problemas futuros.

Reprimir el llanto aumenta los niveles de estrés, adrenalina, impotencia, rabia, decepción y cualquier sentimiento negativo, contribuye a mantener actitudes por impulso y no permite alcanzar a las personas la decisión necesaria para afrontar los problemas.

Puede acarrear el padecimiento de afecciones cardíacas, aumento de presión y en el peor de los casos la muerte por un paro o ataque al corazón.

También puede traer problemas como la embolia, el delirio y posibles derrames cerebrales, ya que el organismo no tiene forma de deshacerse de esos niveles excesivos de estrés, adrenalina y la carga emocional que conlleva no llorar.

Olvidarse de la vergüenza

Es una tendencia social ver a una persona llorar y pensar que es débil. No hay que dejarse llevar por este pensamiento colectivo, pues el llorar traer consigo más fortaleza que no hacerlo, ya que lo último refleja temor al futuro y el llorar quiere decir borrón y cuenta nueva.

La siguiente vez que se sienta ganas de llorar, hay que pensar en la salud y darle rienda suelta a las emociones, porque la salud debe estar por encima de cualquier prejuicio social.