Literatura: el arte de las letras. En italiano, el término “letteratura” guarda en su interior esa pequeña célula que significa “letra”, el símbolo o tipo que unido a otros va formando las palabras. Se ha dicho que la literatura es el arte de la palabra, pero se nos olvida que palabras existen en muchos contextos y situaciones.

Hay palabras cuando hablamos, o cuando emitimos un discurso, las hay en un programa de radio o un mensaje de televisión. Algunas se expresan con mucha calidad literaria o un gran contenido filosófico. ¿Pero es esto literatura? ¿Qué hace del arte del escritor una actividad distinta al resto, un oficio con una identidad definida?

Lettera = letra

La etimología del término nos sugiere que la literatura es un medio fundamentalmente escrito, que funciona a través del símbolo gráfico. La literatura es una suerte de pintura de palabras, puestas en papel de modo que expresen ideas, emociones y sentimientos. No es literatura el simple hecho de expresar grandes verdades políticas, filosóficas o existenciales, porque al hacerlo así, sin tener en cuenta otros aspectos, separamos el fondo de la forma.

El escritor se distingue del pensador en que añade un elemento estético a lo que escribe. El escritor es un artista, y para él debe importar tanto el mensaje que quiere transmitir como la forma que tiene de llevarlo al papel.

Por tanto, el arte de las letras es un arte también gráfico, capaz de plasmar una experiencia o una idea en un soporte que podemos tomar y leer. Ya que no es lo mismo oír una novela que leerla, como ocurre cuando en una lectura un pasaje pierde todo su valor. Esto, porque el lenguaje escrito y el hablado tienen diferencias.

Hablar, escribir

Se da el caso que, así como hay personas que no saben expresarse por escrito y al hacerlo siempre suenan como hablan, existen escritores que no saben expresarse en el lenguaje hablado. Estos escritores hablan como escriben, y al hacerlo su dicción y fraseo se torna monótono. Para expresarnos correctamente debemos entender el contexto en que lo hacemos.

La literatura es fundamentalmente un arte escrito, anotado en símbolos, y para producir un efecto en el lector debemos saber que si leemos nuestros texto a alguien no produciremos lo mismo que si se lo hacemos leer. La puerta de entrada a la experiencia literaria es, principalmente, la vista. Sólo después de ello las palabras cobran un sentido auditivo en nuestro interior.

La forma sigue a la función

Muchas veces, al pedirle a alguien que nos cuente un libro, una película, se nos relata el argumento. Esto es el conjunto de situaciones o hechos que experimentan los personajes a lo largo de la historia.

Existen libros cuyo principal valor es la trama. Historias tan interesantes que nos atrapan por horas, esperando conocer el desenlace que acompañará a los personajes. Cuando ello ocurre, se nos libera de la incertidumbre y generalmente sentimos un alivio y satisfacción que coincide con el final de la obra.

Un problema que existe con este tipo de libros es que, dado que el principal interés radica en la trama, al revelársenos todas las situaciones perdemos el interés en volver a leerlos. Son libros cuyo valor radica en el hecho de que desconocemos lo que pasará. Por ello, al contarle de una novela a un amigo, acostumbramos omitir el desenlace. “No me cuentes el final”. Tales libros no trabajan bien la forma. Sólo el fondo, que puede bastarse por sí mismo sin el texto, e incluso volver a escribirse o adaptarse.

La literatura, como arte, debe cuidar la manera en que las cosas están escritas y no tan sólo aquello que trata de comunicar.

Escritura, tipos, papel

La historia de la literatura es inseparable a la de la invención de la escritura. Desde que el ser humano concibió la idea de llevar a símbolos gráficos el lenguaje hablado, ha existido una constante evolución en las formas de llevar al papel el pensamiento y la emoción.

Una revolución importante fue la invención de la imprenta. Cuando ello se produjo se pudo acceder a mayor cantidad de información. Comenzó entonces, de manera muy lenta, la masificación y difusión del libro. Esto permitió a los escritores destinar sus obras a un mayor número de personas. Lentamente, un trabajo destinado a las cortes y los monasterios se fue liberando y los “hombres de letras” comenzaron a tener más independencia.

El siguiente paso fue la invención de la máquina de escribir. Esto permitió la producción de libros en menor tiempo, y las necesarias labores de corrección y “descifrado” de manuscritos se hicieron más eficientes. Tal vez, aunque puede ser aventurado expresarlo, la mayor simplicidad del lenguaje tipográfico influyó en una literatura más directa, con frases más cortas y menos circunloquios.

Últimamente, las nuevas tecnologías, la aparición del computador y de las redes de Internet están cambiando la forma de escribir y de llevar a un soporte las ideas y los pensamientos. La esencia de la literatura no cambiará, pero lo nuevo hará su aporte y sin duda el arte seguirá evolucionando, según la forma de llevar al (papel) lo que usualmente tenemos en la cabeza.