En los años 60, la psicóloga Dorothy Tennov hizo un estudio con 500 participantes sobre el amor, publicando en 1979 un libro en donde aparecía el término: “Love and Limerence: The Experience of Being in Love” (“Amor y Limerencia: La Experiencia de Estar Enamorado”). La limerencia se presenta como una forma de amor con intensos sentimientos de admiración y necesidad de ser correspondido por la persona objeto de limerencia (en ocasiones llamado limeranza).

Características de la limerencia

Probablemente, el aspecto más reconocible de la limerencia es lo que se puede conocer como “pensamiento intrusivo”. Los que padecen la limerencia se encuentran pensando a menudo, y de forma involuntaria, en su “objeto de limerencia”; situaciones, objetos, palabras, cosas que no tenían relación alguna con la persona objeto de limerencia súbitamente les hace pensar en él/ella.

La limerencia es un estado obsesivo-compulsivo.

También es frecuente que estos pensamientos adopten la forma de fantasías, basadas en acontecimientos mundanos, pero que suelen crecer hasta que la persona consigue al objeto de su limerencia.

Suelen ser habituales grandes cambios de humor, desde una gran euforia y esperanza si encuentran razones (que pueden ser muy tenues) para creer que sus sentimientos son correspondidos, a terror al rechazo e infelicidad cuando sospechan que no hay correspondencia.

Las personas pasando por limerencia tienen una percepción alterada de la realidad en lo referente al objeto de su limerencia, sus mínimos actos son estudiados y evaluados, gestos inocuos pueden ser interpretados como interés hacia ellos, determinadas situaciones pueden ser recreadas mentalmente con gran viveza, etc.

La limerencia, además, tiene efectos físicos en las personas: desde temblores, aceleración del ritmo carcíaco, sudores, confusión, “visión de tubo”, dolores de cabeza, debilidad general, etc. La persona se encuentra en un estado de ansiedad, tensión y timidez, especialmente cerca del objeto de su limerencia.

Quién puede ser una persona con limerencia

Cualquiera, en cualquier momento, puede empezar a tener limerencia. Normalmente, la persona objeto de limerencia es alguien que coincide con una posible pareja sexual (o no), acorde con la orientación del limerente. Sin embargo, aunque el sexo puede mejorar o empeorar mucho la situación, no es el principal factor ni el principal interés de la gente con limerencia, especialmente hoy en día, en el que el sexo no implica correspondencia.

Paradójicamente, a diferencia de otras formas de amor, en la limerencia el sujeto no tiene que sentir necesariamente preocupación por el bienestar del objeto de sus emociones. También sienten una gran necesidad de exclusividad, lo que lleva a celos y dudas.

La limerencia, además, empieza sin importar el tiempo que se conozca a la otra persona, puede ser una amistad de años o puede ser un recién conocido, el inicio a menudo es brusco e involuntario y no ser provocado por nada en especial.

Cómo hacer desaparecer la limerencia

La limerencia normalmente desaparece casi de forma tan brusca como apareció. Suele durar una media de tres años (puede ser de semanas a muchos años). A lo largo de este tiempo, existen varias fases en la que el afectado siente la limerencia con menor o mayor fuerza, normalmente, tras un pico de máxima intensidad en los sentimientos, suele ir descendiendo.

La limerencia también puede reactivarse incluso una vez se consideraba terminada, ya sea por volver a ver o recordar a la persona o, incluso, por un simple sueño.

Los sentimientos de limerencia son alimentados con la duda y los obstáculos, no estar seguro si se es correspondido o no agrava la situación y perpetúa el estado.

Incluso aunque el limerente se atreva a confesar sus emociones y reciba un rechazo, su visión alterada de la realidad le puede llevar a creer que aún sigue teniendo oportunidades, de todas formas, y explicar el rechazo por otras razones.

Ser correspondido, en ocasiones, tampoco supone la terminación inmediata de la limerencia si el limerente sigue teniendo dudas respecto a su pareja; aunque tras un pico de euforia tras ser correspondido (la “cristalización”), la limerencia tiende a desaparecer.

La limerencia puede acabar si el limerente encuentra algo realmente “indeseable” en el objeto de su limerencia. Un largo tiempo sin ser correspondidos (igual llevados por el propio miedo al rechazo), también hace que los sentimientos vayan desapareciendo.

En general, las principales fromas de deshacerse de la limerencia son:

  • Consumación.
  • Inanición: no correspondencia durante un largo período de tiempo (o romper el contacto).
  • Transformación: los sentimientos hacia una persona se vuelven hacia otra.
Formas más directas de acabar con la limerencia han sido probadas por algunas personas que la sufrían, en ocasiones con algún éxito, como sencillamente mantenerse muy ocupado mental y físicamente para evitar pensamientos intrusivos y meditación.

La limerencia se diferencia de otras formas de amor principalmente por la intensidad de las emociones, y el deseo a ser correspondido es más importante que la propia persona objeto de interés. La limerencia además es temporal, una relación iniciada con una (o ambas) partes limerentes, siempre termina derivando en un “amor afectuoso” durable o en algo más desagradable. La limerencia se puede decir que es el conocido “amor romántico” pero destacando todas las cualidades negativas e indeseables del mismo.