El surf está elevado a la categoría de deporte nacional en Perú. El litoral de Lima, la capital del país, está bañado por un bravo e inquieto océano Pacífico, cuyas olas son un espléndido escaparate popular para los amantes del surf. Nunca fue tan fácil surfear: basta acercarse a cualquiera de las playas del distrito de Miraflores, en pleno corazón de la ciudad, y lanzarse al mar sobre una tabla. En Lima, se pueden “coger olas” sin salir del centro.

Las playas de Miraflores, cuna del surf latinoamericano

El litoral de Lima lleva el nombre oficial de Costa Verde, como así recuerdan los continuos carteles que anuncian grandes obras de rehabilitación de la zona. El ayuntamiento limeño está invirtiendo grandes sumas de dinero para embellecer la costa y recuperar el mar. De hecho, para muchos limeños, la Costa Verde, por su contaminación y sus playas desatendidas, no es más que el patio de atrás de su ciudad, un vertedero natural que sólo es hermoso cuando es contemplado desde lejos.

En cierta manera, el ayuntamiento de Lima quiere seguir el ejemplo de la consolidada comunidad de surfistas, tanto peruanos como del resto del mundo, que llevan décadas explotando las riquezas e infinitas posibilidades de su mar. Ellos han sido los patrones absolutos de esta porción de océano Pacífico desde que, a mediados del siglo pasado, llegaron los primeros amantes del surf a su costa.

En las playas del céntrico distrito de Miraflores fue donde se vio, por primera vez, una tabla moderna de surf en Perú. Aquellos primeros surfistas, encabezados por el mítico Carlos Dogny Larco, quien exportó a las costas limeñas la particular manera de “correr olas” que había nacido en Hawai, fueron los descubridores de la perla escondida de este mar; un tesoro natural que nace en el horizonte y que emerge a la superficie de sus aguas nerviosas cuando la marea las arroja contra la costa: sus olas.

No en vano, en 2008, durante la celebración del Campeonato Mundial “Master of Surfing”, la Asociación Internacional de Surf otorgó a las playas de Miraflores la distinción de “cuna del surf latinoamericano”.

Los distritos más surferos de Lima

La Costa Verde de Lima es una irrechazable invitación a surfear. Sólo hace falta acercarse a cualquiera de las playas que limitan sus barrios céntricos con el mar. Son kilómetros de posibilidades, con un sinnúmero de rompientes a muy poco distancia unos de otros, con oleajes de muy diversa intensidad y dificultad, idóneos tanto para principiantes como para expertos.

Por la calidad de sus infraestructuras y de sus playas, Miraflores, Barranco y Chorrillos son los distritos más surferos de la capital.

La Playa Makaja, un lugar idóneo para empezar a “coger olas”

El Parque del Amor, situado en lo alto del imponente desfiladero que hace de barrera natural entre el barrio de Miraflores y el mar, es una inmejorable panorámica de la Costa Verde. Desde este balcón floreado, los surfistas son diminutos puntos negros que se repiten constantemente a lo largo y ancho del mar, desafiando incansablemente el oleaje del mar, como un temerario ejército de hormigas que quieren invadir el Océano Pacífico.

Justo debajo del Parque del Amor se encuentra la Playa Makaja. Por su oleaje sereno, de rizos bajos y asequibles, la Playa Makaja es ideal para surfistas principiantes. Es una de las calas más populares de la Costa Verde, donde los surfistas van y vienen embutidos en sus trajes de neopreno, los profesores te abordan para ofrecerte clases de particulares de surf y los vendedores ambulantes tientan con sus dulces y gaseosas a los que descansan y observan sentados en su playa de piedras. Un par de puestos ofrecen material e indumentaria de surf en alquiler.

En las conversaciones, el castellano se confunde con el inglés. Los surfistas que se concentran en esta playa son una comunidad internacional, formada tanto por peruanos como por aficionados extranjeros que han viajado hasta Lima para constatar la fama mundial de sus olas.

“El surf es una droga muy peligrosa”

“¿Quieres aprender a surfear?”, pregunta Doc, un veterano del arte de “coger olas” que ahora se dedica a compartir su experiencia y sabiduría con todo aquel que esté dispuesto a pagar por ellas. Tiene los ojos claros, la piel bronceada y una coleta que recoge su escasa, pero larga, melena rubia. Viste un bañador con motivos florales. Sus lecciones para principiantes incluyen unos ejercicios de calentamiento previo, acompañados de los consejos necesarios para manejar la tabla, y un trabajo en el agua de aproximadamente una hora, o “hasta que el cuerpo aguante”.

“Doc” asegura a sus futuros alumnos que, antes de volver a la orilla, al menos una vez se habrán puesto de pie sobre la tabla. “Entonces, estás perdido”, dice “Doc” con una sonrisa pícara, “porque ya no podrás dejar de correr olas. El surf es una droga muy peligrosa”.