Dentro de las sociedades fundamentadas en las lecturas sagradas, la religión fue un móvil para que en algunas de éstas el hombre, en supuesta obediencia de lineamientos bíblicos que lo anteponen con respecto a la mujer, actúe como un eje, un punto de partida donde Eva fue la primera en cometer errores garrafales.

Pero existe una leyenda sumeria que es la antítesis de Eva en cuanto a carácter, un ente femenino que no es un error per se, sino que utilizó esas características que le atribuyen a su sexo la carga de perversión y sensualidad: se trata de Lilith.

El mito de su existencia

La historia de Lilith nace de un mito sumerio 2000 años antes de Cristo, plasmado en escritura cuneiforme sobre una tablilla que narraba el poema de Gilgamesh, cuyas letras componen el himno sumerio del árbol Hulupu. En este poema Inanna, reina del cielo y de la tierra es el personaje principal del canto, quien padece el hecho de que el árbol en donde vive está invadido por Lilith (doncella de oscuridad).

Además de ese documento, existe un relieve en terracota que data del mismo año, el cual muestra una escultura con la figura de una mujer desnuda, con pies en forma de garras, alas y sobre el lomo de dos leones. Lo anterior habla de la noción de los sumerios de instituir a un símbolo femenino como una deidad sobre el poder patriarcal, sin embargo en cuanto éste fue constituido, la figura de Dios hombre se apoderó de los territorios y, por consecuencia, se dividió el mundo en femenino y masculino.

Dualidad: hombre bueno, mujer mala

Por tal división del mundo, nace el sentido de la dualidad del universo, es decir, había que dar una identidad a estas dos partes: el hombre se quedó con el bien y la mujer con el mal. Lo anterior podría ser una suposición, pero, a juzgar por el modelo político y religioso de muchas sociedades, es innegable el hecho de que Dios, Alá, Krishna; son representaciones masculinas, y en un lado menos religioso, el modelo del patriarcado es seguido por muchas naciones.

Características feministas

De acuerdo a lo anterior, el peso de Lilith recae en la idea de que es una deidad que compitió con el Dios hombre. A partir del triunfo del patriarcado, con la influencia hebrea, las leyendas sobre esta diosa la describieron como un monstruo maligno y oscuro, mientras que el hombre era símbolo de heroísmo, consecuencia que denota el miedo de la figura masculina a ser sustituido por una mujer. Si bien éste no es objetivo feminista, sí representa un paso para ocupar el lugar de un hombre.

En ese contexto, la historia principal de la diosa oscura dice que Dios la creó como compañera fiel de Adán pero, a diferencia de él, Lilith fue creada con inmundicia y sedimento, lo cual le atribuye la suciedad, lo demoníaco. El resultado es que se le trató como la mala del cuento por haber abandonado a Adán por decisión propia.

La historia cuenta que Adán se quejó con Dios de haber sido abandonado por su compañera, por lo que ordenó a los ángeles Senoy, Sansenoy Semangelof que la buscaran para llevarla de vuelta. La encontraron junto al mar Rojo, región de demonios lascivos y tras amenazarla de muerte si no volvía con Adán, ella les dijo: “¿Cómo puedo volver y vivir como un ama de casa honesta después de mi permanencia junto al mar Rojo?”. He aquí un símbolo más del feminismo: la independencia de la mujer frente a decisiones masculinas.

Dentro del lado oscuro de Lilith, se le atribuyeron las fuerzas del deseo, la lujuria y el goce. Ahora bien, el sentido feminista de este aspecto, radica en que según preceptos machistas la mujer es “mala” por provocar esa clase de sentimientos en el hombre, motivo principal de la liberación sexual de la mujer feminista.

Lilith es un símbolo que va más allá de la maldad con que es descrita, sino que representa un icono para la mujer que se desenvuelve en un entorno donde es necesaria la revelación para hacer respetar la libertad femenina.