Libros, fotografías, películas, biografías. De ella abunda mucho en la librería antes del salir de la Casa de Ana Frank. Contradictoriamente fue reducida a hueso y pellejo en el campo de concentración de Bergen Belsen. Ana Frank, de labios vírgenes y pluma madura, documentó como una periodista de guerra el Holocausto y sus últimos días antes de ser cazada por los nazis y arrojada a una fosa común.

Het Acterhuis o la Casa de Ana Frank

A partir de las 10 de la mañana las colas se forman, sea lunes o viernes, sábado o domingo. Es la misma hora y la misma acera en donde dos coches de la Gestapo, comandados por Karl Silberbauer, se apearon para arrestar a Ana Frank. Entraron armados.

En la actualidad los visitantes tienen prohibido entrar con mochilas, equipaje o carritos que puedan contener explosivos. Se teme que un pronazi intente cometer un destrozo contra el diario que se exhibe en una urna a prueba de balas.

Sobre el techo no se iza ninguna bandera. Ana no es ni judía, ni alemana ni holandesa. Es universal en los 60 idiomas en que se ha sido traducida. La guerra ha terminado en este rincón del mundo, muy lejos de lo que sucede en Tierra Santa donde judíos y palestinos se matan sin tregua alguna.

Antes de ir, leer o descargar el libro

A diferencia del Museo Van Gogh, aquí no hay guías en medio de este laberinto. Se supone entonces que uno debe haber leído o descargado el diario y saberse de antemano que allí vivieron ocho judíos que escapaban del odio de Hitler y debían caminar de puntillas para evitar ser escuchados.

Dada la antigüedad del edificio, el polvillo entra por la nariz, pero puede estornudarse. Sin embargo, Ana debía taparse la cara con una almohada y como si se tratara de un fantasma, atravesar las paredes para evitar que el suelo de madera crujiera.

Durante el tour, hay que agachar la cabeza porque los umbrales son bajos y las escaleras son estrechas y empinadas como si uno tuviera que caminar sobre una cuerda floja. Más de uno de los refugiados se habrá dado un golpe en la cabeza sin poder quejarse.

Casa de atrás: descripción

El escondite luce vacío. Los alemanes se llevaron todos los muebles tras el arresto y los que se ven en las fotografías no son los originales sino meras copias para ambientar el escenario. Ese fue el deseo de Otto Frank antes de morir.

No existe nada que uno pueda llevarse como sí pasó ese 4 de agosto de 1944. Alguien se había ido de lengua y la Gestapo irrumpió en el escondite armada hasta los dientes. Los subieron en un camión y como termitas se llevaron todo, salvo el diario de Ana. De otro modo, el diario de Ana habría terminado en la basura o incriminando a más gente.

Imposible tocar las fotos de cine pegadas en el dormitorio de Ana que tenía delirios de ser famosa después de muerta. Están protegidas por un vidrio resistente. Fue en este recinto donde le pusieron el cañón de un revolver en medio de los ojos a la pequeña escritora. Y asimismo donde rompió en llanto y se desplomó al suelo el único sobreviviente, Otto Frank, tras regresar y enterarse que Ana estaba en medio de una pila de huesos. Pisar esa habitación da escalofríos en los pies.

La visita dura una hora y aunque esté estrictamente prohibido tomar fotos, todos se detienen con descaro y posan al lado del famoso estante que estratégicamente tapaba la entrada del escondite. Nadie muestra arrepentimiento o miedo de verse expulsado. Después de todo, Ana siempre fue una experta en romper las normas.

Biografía

Hitler que había invadido Los Países Bajos ideó un plan para eliminar a los judíos. Primero, les despojó de su nacionalidad y de sus propiedades.

Cuando Margot, hermana mayor de Ana, recibió la orden de ir a trabajar a los campos de concentración, todos supieron que era el momento de esconderse: Otto, Edith, Anne, el doctor Pfeffer y los tres miembros de la familia Van Pels.

Ana, alemana de pura cepa, maldijo a todos sus compatriotas por permitir que semejante tirano llegara al poder y dijo no descansaría hasta obtener la nacionalidad holandesa. Curiosidades de la vida, se sospecha que fue una mujer holandesa, Lena Hartog, quien la delató.

Resumen del diario

Ana encontró mucho material para escribir. De 1942 a 1944 pasaba de la paz al sexo sin ser una hippie de los años 60. Creia en la liberación femenina como Isabel Allende , no era republicana; sino una monárquica enamorada de Churchill (09 de junio de 1944) y aplaudía fervorosamente que se asesinara a Hitler (21 de julio de 1944).

Sin tapujos narra su primera menstruación, sus deseos de besar a un hombre y a una mujer y tocar los senos a su amiga Jacqueline Van Maarsen. Aunque opinaba como adulta sobre política, jamás le interesó regresar a Palestina.

¿De qué murió?

SI fue o no un mal escondite, no está en debate. Después de todo ¿dónde ocultarse si se ofrecía una recompensa por sus cabezas? Al final parece que pagaron por todos ellos 320 florines. Es decir, 145 euros.

El día del arresto no hubo disparos. Al menos no aparecen rastros de sangre en las paredes. Pero no es un consuelo. El tifus la hizo morir de sed y fiebre. Los piojos luego se encargarían de comérsela en trozos.