Llenos de misterio y una buena dosis de imaginación, las leyendas prehispánicas de México continúan a la espera de los oídos más ávidos de entrar en un mundo de antiguos reinos convulsionados por la guerra y dominados por la sabiduría de dioses ancestrales.

La leyenda de la X’tabay

Estados como Yucatán e incluso la Ciudad de México tienen varias leyendas prehispánicas encerradas tras los muros de bellos palacios y de piedras que en otro tiempo pertenecieron a grandes construcciones de sociedades indígenas como la maya y la azteca.

Uno de estos relatos cuenta la historia de una hermosa mujer mestiza que aparece por las noches en Yucatán alisando su cabello con un peine de espinas, mientras canta en espera de algún varón a quien asesinar.

Se dice que esta bella fémina de origen maya era una mujer virgen pero de carácter duro y soberbio llamada Utz-Colel quien habitaba en un pueblo donde también vivía Xkeban, una prostituta con un alma noble y buena a la que le gustaba ayudar a los pobres y a los enfermos, mientras que Utz- Colel los despreciaba por considerar que no estaban a su altura.

Cuando Xkeban murió, su cuerpo comenzó a emanar una agradable fragancia y la noticia corrió hasta llegar a los oídos de Utz-Colel, quien dijo que cuando ella muriera su cuerpo despediría un olor mejor que ese porque no había sido una pecadora como Xkeban.

Al poco tiempo Utz-Colel falleció, pero su cuerpo desprendía un olor tan desagradable que tuvieron que enterrarla muy profundo y se convirtió en una planta llamada Tzacam, una especie de cactus, mientras que el de Xkeban se transformó en una hermosa y perfumada flor llamada Xtabentún.

Según esta leyenda prehispánica, el alma de Utz-Colel pidió a los dioses regresar al mundo disfrazada de Xkeban, hoy conocida como la X’tabay, y aparece en los ceibos frondosos a la espera de un incauto varón al cual seducir y llevar con ella al infierno convertida en un dragón.

Amor, el origen de dos volcanes

Una de las leyendas prehispánicas más enternecedoras es la del guerrero Popocatépetl y la princesa azteca Iztaccíhuatl, dos enamorados que murieron para dar vida a los volcanes que hoy llevan sus nombres en el Valle de México.

En la mitología azteca, Iztaccíhuatl se enamoró de Popocatépetl, uno de los guerreros de su padre, Tezozómoc, quien lo envió a una batalla al Estado de Oaxaca, bajo la promesa de entregarle a su hija si regresaba victorioso. Cuando Popocatépetl regresó triunfante de la guerra, se enteró de que Iztaccíhuatl se había casado con otro, quien la había engañado al decirle que su guerrero amado había muerto.

Ante la imposibilidad de entregarse virgen a su amor, Iztaccíhuatl se suicidó y Popocatépetl decidió morir para ir tras ella hasta el otro mundo, algo que conmovió a los dioses quienes los convirtieron en volcanes para recordar su amor por la eternidad.

Varias versiones sobre una misma leyenda

  • Una de ellas cuenta que cuando Popocatépetl regresó triunfante de la guerra, se enteró de que su amada había muerto de pena al creerlo fallecido en batalla, por lo que murió de tristeza y los dioses los cubrieron con nieve para transformarlos en volcanes.
  • Otra versión narra que Iztaccíhuatl sería sacrificada a los dioses, pero Popocatépetl huyó con ella y cuando escapaban los guardias lanzaron una flecha que hirió letalmente a la princesa. El guerrero echó a correr con ella en brazos y una vez lejos la recostó sobre el campo y le juró que esperaría a su lado hasta que ella despertara de su sueño.

La llorona y su desgarrador lamento

Dicen los ancestros mexicanos que poco tiempo después de la conquista del pueblo azteca por los españoles, entrada la medianoche, sobre todo cuando había luna llena, el espíritu de una mujer vestida de blanco, oculta tras un velo, flaca y pálida comenzó a vagar por las calles de varias ciudades mexicanas gritando con gran pesar “¡Ay mis hijos!” o simplemente “¡Ay!”.

En aquel tiempo, los pobladores de la naciente capital mexicana se preguntaron cuál sería su pena y comenzaron a salir a su encuentro; vieron que se arrodillaba mirando al Oriente en la Plaza Mayor, pero al sentirse seguida se desvanecía entre la bruma junto al Lago de Texcoco.

¿Por qué lloraba? ¿Quién era? Hay varias teorías alrededor de esta fantasmal criatura que, hasta ahora, no pocos afirman haber escuchado en varias ciudades del país.

Una de las versiones de esta leyenda prehispánica es que se trata de una mujer indígena, enamorada de un caballero español o criollo, con quien tuvo tres niños, a quienes mató ante el casamiento de él con una mujer española.

Al enterarse de que su amado se había enlazado con otra, “La llorona”, como se le conoce comúnmente, enloqueció de dolor, ahogó a sus tres hijos en el río y se suicidó. Desde entonces su fantasma suele hallarse en los ríos, recorriendo el lugar donde mató a sus pequeños.

Hay quienes cuentan que “La llorona” tiene sus orígenes en Cihuacóatl, la diosa azteca mitad serpiente mitad mujer, quien aparecía de noche con unos atavíos blancos y los cabellos a manera de cornezuelos cruzados sobre la frente, para llorar por su hijo perdido, Mixcóatl, a quien abandonó en una encrucijada de caminos, pero en su lugar encuentra un cuchillo de sacrificios.

¿Más leyendas prehispánicas mexicanas?

Un buen lugar para comenzar a explorar más acerca de esta parte de la cultura mexicana es la biblioteca, donde se pueden encontrar libros como Leyendas Mexicanas, de María Rosa Solsona, en el que se narran historias relacionadas con dioses como Quetzalcóatl y con el origen del chocolate, por ejemplo.

Otros textos son Guía de seres fantásticos del México prehispánico, de Marcia Trejo Silva, Leyendas prehispánicas mexicanas, de Otilia Meza y Leyendas del agua en México, de Andrés González Pagés, con una versión en inglés llamada Water Legends of México, aunque nunca está de más echar un vistazo en algún sitio de la red en el que, quizá, haya alguien con quien vivir un amor de leyenda.