Según una leyenda, muy extendida en España en la noche de San Juan, en punto a la media noche, se aparece en sitios señalados como pueden ser túmulos, cuevas, fuentes o viejos castillos una hermosísima mujer joven, generalmente de raza mora, para peinar sus largos cabellos a la luz de la luna, siendo esa noche mágica la única de todo el año en que puede escapar de su cautiverio. Cautiverio al que ha sido sometida hace cientos de años mediante un hechizo que tiene que romper un caballero que se enamore de ella, y no de sus numerosos tesoros.

El peine de oro

En esta leyenda, también conocido en otros países, hay un elemento que siempre se repite; el que la mujer se peina con un peine de oro, aparte de rodearse de otros valiosos objetos con los que pretende llamar la atención de ese alguien que la pueda liberar del embrujo al que ha sido sometida.

Cuando alguien se acerca a ella la mujer pregunta a quién escoge, si a la dama o al tesoro, si es el tesoro, se lamenta, y maldice al que la ha condenado de nuevo a cautiverio por otro tanto tiempo…

Otros dichos populares

También en Dinamarca es celebrada la noche de San Juan y entre otros dichos populares es muy extendida la de que quién se quiera curar de sus males, tanto espirituales como corporales tiene que dormir la noche de San Juan en la fuente de Sta. Helene.

La leyenda de la fuente de Sta. Helene

Una hermosa princesa de Suecia fue de viaje a Dinamarca, ya que había oído hablar de su príncipe, que además de ser muy apuesto era un hombre valiente y de buen corazón.

Pero al poco de llegar al país fue asesinada. La comitiva que la acompañaba puso el cuerpo sin vida de la princesa encima de un carro tirado por cuatro caballos y se pusieron en marcha de nuevo, está vez para retornar a su Suecia natal y dale sepultura a su querida princesa.

Pero al poco de empezar el retorno los caballos se pararon en seco y se negaron a proseguir el viaje.

Entonces decidieron poner los restos de Helene en tierra, por si pesando menos el carro los animales se animaban a volver a tirar.

Pero cual fue su sorpresa cuando vieron que la tierra absorbía el cuerpo de Helene y que en su lugar ¡brotó una fuente!

Agua curativa

Enseguida las aguas adquirieron fama de ser curativas, y la gente peregrinaba desde los rincones más recónditos del país para beneficiarse de los poderes curativos de la fuente.

Pero para que el efecto curativo de las aguas fuese mayor debían pasar la noche de San Juan en sus alrededores, y si podían dormir esa noche con la cabeza en la lápida de Sta. Helene. ¡Entonces el fin de sus males estaba completamente asegurada!

No hay San Juan sin brujas

Sin salir de Dinamarca nos encontramos con que en su historia cuenta con una bruja perteneciente a la realeza.

Se llamaba Cristenze, y era una muchacha de alta cuna ya que se emparentaba con el mismísimo rey. Como era costumbre en aquella época fue invitada a pasar un tiempo en casa de un familiar; un primo del que Cristenze se enamoró perdidamente.

El primo enviudó y la enamorada Cristenze segura de ser correspondida en su amor esperaba convertirse en la próxima esposa de su primo.

Pero él se casó con otra mujer: Anne Bille.

Como aún eran jóvenes desearon tener descendencia, pero he ahí que Anne no fue capaz de traer un niño vivo al mundo.

Durante doce años dio la luz a diecisiete varones muertos.

Hechizos maléficos

Anne no pudo menos que sospechar que estaba siendo víctima de algún tipo de maleficio.

La primera persona a la que señaló como posible bruja era una anciana que fue llevada ante el tribunal en el año 1596 donde efectivamente confesó que ella conjuntamente con otros tres cómplices habían sometido a Anne a diversos hechizos maléficos con el fin de que no le diera a su marido ningún heredero, y que él por ese motivo dejara de amarla.

Entre otras brujerías “Midieron la cama de los futuros esposos con un cordel al que después le hicieron varios nudos”. La finalidad de este hechizo sería provocar conflictos en el matrimonio.

También confesó haberle dado a Anne en avanzado estado de gestación leche “en la que habían macerado una araña venenosa”.

La condena por brujería

Cuando el tribunal finalmente consiguió que dijese quiénes eran sus compinches salió a relucir el nombre de Cristenze.

Tres de las tres Brujas que conspiraron en contra de la felicidad de Anne y su esposo fueron quemadas en la hoguera, pero Cristenze, en parte por ser pariente de Christian el IV, rey de Dinamarca, y en parte gracias a su hermano, que declaró haberle pedido él que midiera la cama, porque “quería hacerse una igual”, se salvó de ésta condena.

Cristenze se marchó a otro lugar, pero desde su llegada y durante los próximos ocho años después de su llegada empezaron a suceder cosas extrañas que acabaron por llevar a Cristenze ante un tribunal.

De nuevo fue acusada de brujería. Esta vez ya no tuvo salvación.

Cristenze fue condenada a muerte ya que los jueces la consideraron culpable de practicar hechicería, pero en consideración a su parentesco con el rey en vez de ser quemada en la hoguera le cortaron la cabeza, con lo cuál le daban derecho a ser enterrada como cristiana, y quién sabe, a lo mejor hasta a ser admitida en el cielo.

La conclusión

La conclusión a la que llegamos es que tanto España como otros países, aparte de celebrar la noche de San Juan saltando las hogueras, es muy común asociar esta noche tan especial con magia, brujas y diversas leyendas.