En la actualidad la localidad de Cusihuiriachi, en el estado de Chihuahua, se puede considerar un pueblo fantasma, habitado por tan solo 78 habitantes, lo que añade misterio a un pasado glorioso lleno de leyendas.

Tierra de leyendas

Ya el hecho de la fundación del pueblo, en 1687, dio pie a la leyenda de que dos enamorados escaparon de la familia y acamparon en las estribaciones de la Alta Tarahumara. Para su sorpresa, al día siguiente donde estuvo la fogata que encendieron encontraron plata fundida, iniciando así la explotación minera en la zona.

La llegada del Cristo a Cusihuiriachi

La historia del Cristo de Cusihuiriachi es bien conocida en todo el estado. Fue en el siglo XVIII cuando se descubrió el Real de Minas, el cual creció según se descubrían nuevos yacimientos de plata. Uno de ellos fue la mina Santa Marina, frente a la cual se levantó un Santuario dedicado a la Virgen de Guadalupe. Cerca del templo se instaló un comercio, que además ofrecía posada a los viajeros que pasaban por el municipio.

Y un buen día hasta esa tienda llegó un forastero con una mula cargada con un enorme cajón de madera. El desconocido pidió que le cuidaran a su animal mientras buscaba un lugar donde comer algo, pero nunca regresó. La espera se prolongó durante muchos días, en los que no se pudo dar con el paradero del viajero y del mismo modo comenzó a crecer la curiosidad por lo que guardaba el desaparecido dentro del gran cajón. Quince días tardó la curiosidad en vencer al respeto por la propiedad ajena, por lo que los dueños de la tienda abrieron el cajón de madera y encontraron en su interior la figura tallada de un Nazareno cubierto de sangre.

Tal era su realismo que los habitantes de Cusihuiriachi pensaron que se trataba de una persona viva y consideraron el hecho de que hubiera llegado hasta ellos como un prodigio milagroso.

El Nazareno que caminaba por la noche

Enseguida los habitantes de la población consideraron que la imagen debía permanecer en el Santuario de Guadalupe, por haber sido abandonado por el misterioso viajero en la tienda ubicada frente al templo. Pero el Nazareno no parecía coincidir en ese pensamiento

Al día siguiente de haber dejado la imagen en el interior del templo, el Cristo apareció fuera de sus muros. En varias ocasiones lo depositaron dentro de la iglesia y siempre regresaba al exterior sin explicación alguna. A pesar de la vigilancia que se estableció para ver como salía del templo, los que se quedaron a velarlo siempre eran vencidos por el sueño y despertaban para contemplar con sorpresa que el Nazareno había vuelto a salir. Finalmente los vecinos se convencieron de que aquel no era el lugar en el que el Cristo deseaba permanecer, por lo que fue trasladado a la iglesia de Santa Rosa de Lima, situada en la parte baja del pueblo.

Desde ese momento, 250 años atrás, se le atribuyen miles de actos milagrosos a la imagen, por los cuales sus devotos le obsequian con gran número de regalos, sobre todo figuras hechas de plata. Su veneración está muy extendida, llegando hasta su templo un gran número de personas, que le piden remedio para los males que los aquejan.

Santa Rosa de Lima

La iglesia data de 1673, cuando los sacerdotes Juan Gamboa y José Tardá establecieron los asentamientos de Cusihuiriachi, Coyachi y Huizochi, pertenecientes a San Bernabé de Cusihuiriachi.

En 1683 se descubrieron las minas de San Juan y la Concepción, lo que atrajo a un gran número de españoles, hallándose una veta de plata en la montaña, nombrándose un año más tarde a Cusihuiriachi como cabecera de la Alcaldía.

El templo posiblemente se construyó para ser parroquia del Real de Minas, sus paredes son de adobe, de una sola nave, sin vigas en el techo, ni bóveda, ni crucero y con tan solo un campanario.

El retablo es de la segunda mitad del siglo XVIII, traído desde Ciudad de México, obra de José de Alcíbar, así como seis cuadros con pasajes de la vida de Santa Rosa de Lima.