La leucemia es una enfermedad cancerígena que afecta a los glóbulos blancos, provocando un aumento incontrolado de los mismos y reemplazando a las células sanguíneas sanas. En el caso de la leucemia linfoide aguda (LLA) los glóbulos blancos defectuosos de multiplican con rapidez, mientras que en la leucemia linfoide crónica (LLC) se produce un incremento más lento de las células cancerígenas.

Los tipos de leucemia se agrupan según la rapidez con que avanza la enfermedad, distinguiéndose entre aguda y crónica. También pueden distinguirse distintos tipos según sea el leucocito afectado; en el caso de las células linfoides hablaremos de leucemia linfoide, y en el caso de las células mieloides, nos referiremos a leucemia mielógena o mieloblástica.

Causas de la leucemia linfocítica aguda o linfoblástica

La leucemia linfocítica aguda se caracteriza por un crecimiento rápido de linfocitos o células T que reemplazan las células de la médula ósea e impidiendo que se formen nuevas células sanas. Se trata del tipo de leucemia más común en la infancia, particularmente en niños de 3 a 7 años. Aunque infrecuente, este tipo de leucemia puede afectar también a los adultos.

No se conoce la causa exacta de la LLA, no obstante se sospecha de la posible implicación de algunos factores como la exposición a la radiación previa al nacimiento, problemas cromosómicos, trasplante de médula ósea, tratamiento farmacológico quimioterapéutico o ciertas toxinas. Tener un hermano con leucemia o padecer ciertos trastornos genéticos también se apuntan como posibles factores de riesgo.

Causas de la leucemia linfocítica crónica

La leucemia linfocítica crónica provoca un aumento lento de células cancerosas denominadas células B o linfocitos B. Estas se trasladan desde la médula ósea hasta la sangre, pudiendo infectar otros órganos como los ganglios linfáticos, el hígado o el bazo. En realidad se desconoce la causa de la LLC. Afecta en mayor medida a personas de edad avanzada y rara vez se observa en individuos menores de 40 años. También se ha observado que la enfermedad es más común en judíos de ascendencia rusa o de Europa del Este.

Síntomas de la leucemia linfocítica aguda o linfoblástica

Los síntomas más comunes de la leucemia linfocítica abarcan:

  • Dolor óseo y articular.
  • Debilidad y cansancio.
  • Propensión a hematomas y sangrado.
  • Inapetencia y anorexia.
  • Fiebre.
  • Sudor frío.
  • Palidez.
  • Ganglios inflamados.
  • Pequeñas manchas rojas en la piel.

Síntomas de la leucemia linfocítica crónica

Los síntomas de la leucemia linfocítica crónica se presentan con lentitud, por lo que no es infrecuente que se llegue al diagnóstico por otras causas. Los síntomas que se pueden observar incluyen:

  • Inflamación de los ganglios linfáticos, el bazo o el hígado.
  • Sudores fríos.
  • Inapetencia y sensación de saciedad.
  • Cansancio.
  • Fiebre.
  • Infecciones recurrentes.
  • Pérdida de peso.
  • Hematomas anormales que aparecen con la enfermedad ya avanzada.

Tratamiento de la leucemia linfocítica aguda o linfoblástica

El objetivo inicial será lograr que los conteos sanguíneos regresen a su estado normal y que la médula ósea presente un estado saludable. Alcanzado este objetivo hablaremos de la remisión de la enfermedad. El tratamiento para conseguirlo incluye la quimioterapia, no obstante la leucemia puede haberse propagado al cerebro o la médula espinal, circunstancia que requerirá otros procedimientos, como la administración directa de quimioterapia en el área alrededor del cerebro y la columna vertebral o radioterapia en el cerebro.

La remisión de la leucemia no está exenta de tratamiento. Este dependerá de la edad, del tipo de linfocitos, cambios cromosómicos u otros problemas de salud. Algunos tratamientos pueden incluir transfusiones de plaquetas o glóbulos rojos, antibióticos para combatir infecciones o trasplante de células madres si hay recaída.

Generalmente se habla de tres fases en el tratamiento de la LLA. La primera fase es la terapia de inducción, cuyo objetivo consiste en destruir las células cancerígenas de la sangre y de la médula ósea. La segunda fase contempla la terapia de consolidación e intensificación, y se inicia tras la remisión de la LLA. El objetivo es destruir las restantes células cancerígenas que, aún no estando activas, pueden regenerarse y provocar una recaída. Y la tercera fase es la terapia de mantenimiento o continuación donde las dosis administradas suelen ser más bajas.

Tratamiento de la leucemia linfocítica crónica

En las primeras fases de la enfermedad no habitual administrar ningún tratamiento, salvo que se observe que se trata de un LLC de alto riesgo. Otros factores por los que el tratamiento se podría iniciar incluyen un crecimiento rápido de la leucemia, infecciones recurrentes, conteos sanguíneos bajos o síntomas como la fatiga, pérdida de peso, inapetencia o sudores fríos.

La medicación empleada usualmente incluye la ciclofosfamida, rituximab, clorambucilo y fludarabina. Se puede emplear en combinación o solos. El alentuzumab se utiliza cuando se han producido reacciones adversas con otros medicamentos. Recientemente aprobado está la bendamustina, un fármaco que se utiliza en pacientes que hayan padecido una recaída.

En algunas ocasiones puede ser necesaria la radiación para los ganglios linfáticos así como transfusiones sanguíneas o plaquetarias. Otra posibilidad incluye el trasplante de médula ósea o de células madre, situación que se plantea en pacientes jóvenes de alto riesgo o con una leucemia muy avanzada.

Las expectativas de recuperación tienen mucho que ver con lo avanzado de la enfermedad. En cuanto a las posibles complicaciones, además de los efectos de la quimioterapia, está la anemia hemolítica autoinmune, sangrado, la hipogamaglobulinemia, infecciones recurrentes, fatiga extrema, púrpura trombocitopénica idiopática o la aparición de otros tipos de cáncer.

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