La leptospirosis es una enfermedad aguda cuyo causante es una bacteria espiroqueta del género leptospira. La leptospirosis puede ser una enfermedad leve, con síntomas parecidos a los de una gripe común o incluso ser asintomática. Pero en algunos casos, cuando compromete al sistema nervioso, al hígado o a los riñones, puede a llegar a poner en peligro la vida del afectado.

No fue hasta el año 1886 que se describiera el primer caso de leptospirosis en un ser humano. De hecho, la leptospirosis se cataloga como zoonosis, es decir, pertenece al grupo de enfermedades que se transmite entre animales y seres humanos. La primera publicación con una descripción detallada corresponde al médico alemán Adolf Weil, de ahí que se conozca a la leptospirosis como enfermedad de Weil o síndrome de Weil, nombre que aún se utiliza a menudo, sobre todo para referirse a la segunda fase de la enfermedad.

Causas de la leptospirosis

La leptospirosis suele estar asociada a los animales silvestres y domésticos. La bacteria se transmite básicamente a través de la orina, aunque también puede hacerlo mediante otros fluidos corporales o aguas contaminadas. Cabe señalar que los animales infectados, en especial los roedores y otros animales silvestres, no suelen presentar síntoma alguno. Los roedores, en concreto, son los principales portadores de la bacteria y quienes más transmiten la enfermedad al ser humano.

La bacteria es eliminada de todos los tejidos de los animales, con excepción del cerebro, los riñones y los ojos. Allí sobrevive y es eliminada a través de la orina. De este modo la bacteria continúa como huésped, reproduciéndose y siendo eliminada, en ocasiones, de por vida.

Tanto el ser humano como el resto de animales pueden contaminarse con la orina o incluso el agua, ya que la bacteria puede sobrevivir largo tiempo tanto en el agua como en el suelo. De todos modos no es muy frecuente la infección a través del agua o alimentos contaminados. Una vez adquirida la enfermedad es muy inusual el contagio de persona a persona.

Síntomas de la leptospirosis

El tiempo de incubación de la bacteria oscila entre los 2 días y las 4 semanas. A partir de entonces es frecuente que la enfermedad haga acto de presencia de una manera repentina y severa, con síntomas similares a los de la gripe, que incluyen cefaleas, fiebre, malestar general, mialgia, dolores abdominales, artralgia, diarrea, náuseas y vómito. Estos síntomas describirían la primera fase de la leptospirosis que, si bien en muchos casos puede terminar aquí, en otros da lugar a una segunda fase de mayor gravedad que, como decíamos antes, suele denominarse enfermedad de Weil. En este caso los síntomas incluyen ictericia, insuficiencia renal, hemorragias pulmonares o intestinales, irritación conjuntival y meníngea, disnea, arritmia o insuficiencia cardiaca.

La leptospirosis puede durar hasta tres semanas, en algunos casos incluso más, dependiendo de la gravedad. La segunda fase de la enfermedad puede revestir mucha gravedad, por lo que si no es tratada a tiempo puede dejar secuelas importantes o provocar la muerte.

Tratamiento y diagnóstico de la leptospirosis

Debido a las similitudes que presenta la leptospirosis con respecto a otras enfermedades, el diagnóstico no siempre es fácil ni se hace con la precocidad que sería deseable. En cualquier caso, la tasa de mortalidad es relativamente baja. El diagnóstico se confirma mediante exámenes serológicos en sangre en la primera semana, y en la orina cuando se alcanza la segunda fase.

El tratamiento se lleva a cabo mediante antibióticos como la penicilina, la doxiciclina o la eritromicina, entre otros. La doxiciclina, en concreto, se emplea con éxito como tratamiento preventivo para el personal que se desplaza a zonas de riesgo o acomete actividades que entrañan mayores probabilidades de contraer la enfermedad, como es el caso de algunos militares.

Se logra una mayor eficacia cuando los antibióticos empiezan a administrarse durante la primera semana en la que hacen acto de presencia los primeros síntomas. Dependiendo de la gravedad de cada caso, la administración de los antibióticos puede ser por vía oral o vía intravenosa.

La leptospirosis puede provocar insuficiencia renal, la principal causa de muerte de esta enfermedad. En este caso puede requerirse la diálisis.

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