Durante siglos se ha escrito sobre la vida de Leonardo da Vinci (1452-1519), de sus orígenes como hijo ilegítimo del notario Piero da Vinci, de su aprendizaje en el taller de Verrocchio, de su obra pictórica, de sus estudios en diversas ramas del conocimiento, de sus diseños, etc., pero poco se sabía de su vida sentimental. No era políticamente correcto acusar a un personaje de su talla de algo considerado como inmoral y enfermizo.

Es curioso que los tres genios del Alto Renacimiento permanecieran célibes hasta su muerte pero aunque en el caso de Leonardo y Miguel Ángel (1475-1564), esta soltería responde a su orientación sexual, en el caso de Rafael (1483-1520), ésta responde a cuestiones económicas y se le conocen diversas amantes entre las que destaca Marguerita Luti, La Fornarina.

Acusado anónimamente, se archivó la causa

En 1476, el joven Leonardo da Vinci fue denunciado anónimamente junto al modelo Jacopo Saltarelli y otros tres ciudadanos florentinos por mantener relaciones homosexuales, delito que podía suponer incluso la castración. El hecho de ser una denuncia anónima, la falta de pruebas y la influencia del padre del artista y del primo de otro de los implicados, Leonardo Tornabuoni, que no era otro que Lorenzo el Magnífico, llevó al archivo de dicha denuncia, por lo que nunca sabremos si fue acusado injustamente.

Salai y Melzi

En 1490, Leonardo acogió en su casa a Gian Giacomo de Caprotti, un hermoso niño de ensortijados cabellos que permaneció junto al artista hasta 1516, acompañándolo en sus viajes. En palabras del propio Leonardo, el joven resultó ser “ladrón, mentiroso, terco y glotón” dándole el apelativo de Salai (Satanás). Siempre fue presentado como aprendiz del maestro, del estilo del cual fue notable imitador, a pesar de no mostrar la sensibilidad de Leonardo en sus obras.

A pesar de sus frecuentes fechorías, Leonardo le tenía en gran estima, instaló a su padre en un viñedo, compró el ajuar de su hermana y lo retrató en diversas ocasiones y, a la muerte del artista, heredó la mitad de sus viñedos. Murió en 1524 en un duelo.

En 1507, Giovanni Francesco Melzi entró como aprendiz en el taller de Leonardo y, progresivamente fue desplazando a Salai en el corazón del maestro, hasta el punto de que lo acompañó a Roma en 1513 y a Francia en 1517. A la muerte del artista heredó la mayor parte de sus bienes, contrayendo matrimonio poco después con una dama milanesa.

El autocontrol del maestro

Lo cierto es que una lectura minuciosa de los escritos de Leonardo denota su desaprobación a lo que el mismo describe como “placer lascivo”, lo que puede llevar a pensar que los esfuerzos del insigne maestro estaban dirigidos a la subyugación de la sensualidad, pero fue incapaz de vivir alejado de la belleza de sus dos aprendices.