
- Leonard Cohen, en una imagen promocional de su web - Leonard Cohen
Leonard Cohen (Montreal, 1934) lleva cuarenta años deleitándonos con su música y su poesía y ha acabado por convertirse en uno de esos cantautores que el público acaba tomando como referencia y cuyas piezas se instalan para toda la eternidad en el insconsciente colectivo. Algo así como ocurre con Jacques Brel, Michael Jackson o Silvio Rodríguez, por poner tres ejemplos nada parecidos.
Live in London es el título de su nuevo disco, un doble CD (y DVD) con 26 canciones grabado, como bien dice el título, en directo en el London’s 02 Arena en julio de 2008. En este disco Cohen ofrece nuevos arreglos de sus más conocidos éxitos concebidos a lo largo de cuarenta años de carrera, y que ofreció al público inglés en su gira de otoño de 2008.
"Dance me to the End of Love" abre un disco lleno de canciones y poesía: "Hallellujah", "I'm your Man", "Take this Waltz" o la sensual "Suzanne" son algunas de ellas. Su fuerza se pudo percibir en el concierto que ofreció en Vigo en la noche del pasado 14 de agosto, en un abarrotadísimo auditorio de Castrelos, como parte de su gira mundial.
Castrelos, un auditorio especial
El de Castrelos es un auditorio que gusta a los artistas y que gusta al público. Aparte de su condición de espacio al aire libre, más allá de la zona de pago, donde pueden acomodarse en sillas quizá un par de miles de espectadores, la mayoría del público sienta gratuitamente sus reales en el llamado “gallinero”, que no es tal, sino la grada de un teatro clásico. En esas condiciones, escuchar al aire libre en una hermosa noche de verano la sugerente y enronquecida voz del canadiense no deja de ser un placer que invita a ejercer el romanticismo en lo que a uno le quede de vida.
A las diez en punto de la noche, con un público que aún estaba accediendo a sus localidades, apareció Leonard Cohen en el escenario. Tres horas después, con algo más de veinte minutos de descanso, el público, emocionado, abandonaba el auditorio con la sensación de haber vivido uno de esos conciertos que no se olvidan fácilmente.
Un escenario minimalista, media docena de músicos y poco más fueron suficiente para repasar los cuarenta años de carrera del canadiense. Éste, vestido con su habitual terno oscuro, ofreció al público todos los registros de una voz característica que, con los años, ha ido tomando un tono si cabe más grave, pero no menos atractivo. Los coros, a cargo de Sharon Robinson y las hermanas Charlie y Hattie Webb, dieron el contrapunto con su limpieza a la característica voz del canadiense. Entre sus músicos, Rafael Bernardo en la batería, Dino Soldon al saxo o Javier Mas en la guitarra ejerceron el perfecto acompañamiento musical a las cuatro voces. El final de un concierto previsto de dos horas fue alargado una más con los bises, que el público continuó escuchando sin moverse del sitio.
¿Por qué vuelve a la carretera?
Siempre hay razones para que un músico septuagenario abandone su ya merecido retiro y vuelva a la carretera a intentar "daros todo lo que tenemos”, que dijo el cantante a los vigueses al comienzo del concierto. Las de Cohen tienen que ver con un amor frustrado y, cómo no, con la ruina económica: su ex manager y ex compañera se fugó con la caja, y eso le ha obligado a volver a los escenarios, a recuperarse de una ruina en la que le dejó la sorpresa de un amor que no era tal. ¿Será capaz de dedicarle una bella canción de dolor?
Leonard Cohen transmite esa emoción de los grandes divos. Su ancianidad (cumple el 21 de septiembre 75 años) sólo se aprecia en esa incipiente pérdida de pelo que muestra cada vez que abandona su sempiterno sombrero para agradecer con una reverencia –si no arrodillándose en el escenario– los aplausos del público, su público.
Pero su música no ha envejecido, y sigue siendo capaz de erizar el vello de sus oyentes con toda la carga emocional de sus canciones.
