Una imagen vale más que mil palabras...¿Es realmente cierto este dicho?¿Qué se esconde detrás de un poema de amor o de un eslogan publicitario? Dice Álex Grijelmo en su obra La seducción de las palabras, que éstas son los embriones de las ideas. La capacidad persuasiva de las mismas sobre quien las percibe, ha marcado el ritmo de la historia.

La crónica del mundo en palabras

Cuando Adolf Hitler decidió tomar Europa entera, en lo primero que pensó fue en un servicio de propaganda emocional. La manipulación de las masas es la clave de cualquier totalitarismo. El modus operandi de alguien que se quiere hacer con algo. La creación de un ministerio de información y propaganda se convierte en el pilar del Estado y gracias a él, los contenidos en los medios de comunicación del país, se disponen a su servicio.

La fuerza que ejerce el poder del lenguaje en la opinión pública a lo largo de la historia es palpable.Otro ejemplo lo trae Bosnia, donde en la guerra de los años noventa del pasado siglo, los militares inventaron el término "bajas civiles" para hablar de muertos.

En España existen casos relativamente recientes que confirman una vez más, la teoría de Grijelmo. Durante la Guerra Civil y la posguerra, los nacionalistas otorgaron al término "rojo" una connotación peyorativa, de tal forma que al ser pronunciada, aludía más al bando republicano que al propio color.

Años más tarde, llegaría la catástrofe del Prestige, que trajo una polémica a través de la expresión "pequeños hilillos" para referirse a toneladas de chapapote. La no muy lejana Guerra de Iraq o el atentado terrorista del 11M son otros momentos de la historia donde la palabra tiene la última palabra.

La fuerza del amor

¿Quién no ha recibido un "te quiero" alguna vez? O, ¿a quién no le han dicho "eres un sol"? Muchas veces las personas mitifican el amor. El amor es un sentimiento que existe, al igual que existe el odio. Sin embargo,el pronunciarlo parece que engrandece su valor hasta tal punto, que el que tiene una pareja y no le dice las palabras mágicas, puede ser juzgado de no amarlo realmente.

El lenguaje del amor puede seducir y enganchar más que el propio amor. La periodista y sexóloga, Belinda Hernández, afirma que los poetas y amantes saben donde introducir exactamente cada palabra en la frase o poema. Por ejemplo, asociar a la pareja con el fin del mundo ("por ti, iría hasta el fin del mundo"), pronunciar los vocablos "susurro" o "silencio", pero jamás "penetrar", porque este último se relaciona con la violencia.

El arte de alagar con piropos y frases adornadas es otra de las grandes facetas del lenguaje. A través de ella, éste juega a relacionar en la mente del receptor el "amor" con las diversas ideas ya programadas en su interior. El amor, por tanto, podrá ser París, sacrificio, lealtad, color rojo o un perfume anunciado junto a un corazón.

La publicidad, la gran dictadora

Además de dictar modas, la publicidad es la encargada de definir qué personalidades se ajustan a un determinado reloj, unas gafas de sol o un coche. Para llevar a cabo esta tarea, ésta echa mano en primer lugar del eslogan, el cual proviene del término inglés, to slog, que significa golpear. La publicidad golpea y grita mensajes precisos y seductores. De tal forma, que la suma de sólo tres palabras es suficiente para que el lector u oyente la repita en su mente.

Es en este apartado, al igual que en el del amor, donde entra en juego el valor simbólico de la palabra. Se anuncia un automóvil a través del término libertad, una fragancia se vende como sinónimo de seducción y un whisky como símbolo de poder. En otras ocasiones se emplea el "futuro" como elemento atractivo. Este recurso es a menudo visto en publicidades de artículos tecnológicos, como ordenadores, ipods de última generación, entre otros.

En cualquier caso, la publicidad intenta que el público se vea reflejado en ella y además, lucha por que éste desee los valores que en ella se plasman. Según Luis Bassat, autor de El libro rojo de la publicidad, se trata de un arte, concretamente aquel que consiste en convencer a los consumidores. Una vez más, el lenguaje seductor actúa como vía hacia la felicidad.