Muchos habrán escuchado el axioma de que a la calidad de lo que ingerimos como alimento, se sujeta en gran medida la salud del organismo. Aunque ello se enmarque a la vez en un proceso que comprende otros actos humanos como las actividades físicas, las diversiones o los momentos de descanso.

De forma algo análoga puede afirmarse que de la calidad de las obras que se lean, es decir, de la calidad de lo que se aprende; dependerá la calidad de los pensamientos y, por tanto, la condición de persona que se logre ser.

La lectura en la actualidad

Hoy es sin embargo creciente el desinterés por la lectura, quizá porque “la capacidad y la voluntad de leer se acrecientan leyendo y requieren, como el piano o la gimnasia, práctica diaria y un buen maestro que diga cómo poner las manos o flexionar las rodillas”; según ha afirmado la lingüista y catedrática hispana de Lengua Española, Violeta Demonte Barreto, en el artículo “Saber leer”.

En efecto, en los actuales tiempos la práctica de la lectura es cada vez más difícil porque los jóvenes y no tan jóvenes suelen preferir otras diversiones como la música, el cine o los videojuegos; y si algunos prefieren leer, suelen orientarse a obras deleznables o simplemente prescindibles, en algunos casos sólo firmadas por algún escritor famoso para asegurar su mayor permanencia en las librerías.

Harold Bloom y su apreciación de ‘Harry Potter y Alicia en el país de las maravillas’

Al respecto, la catedrática de Literatura Española y escritora ibérica Carme Riera, refería no hace mucho en el artículo “Con la fecha de caducidad incorporada”, al especialista Harold Bloom quien afirmó ”que entre leer ‘Harry Potter’ o leerAlicia en el país de las maravillas’ hay un abismo insondable que va, según sus palabras, de la basura a la inteligencia”.

Libros de calidad, no sólo record de ventas

Consecuentemente, aun existiendo buena cantidad de lectores, es necesario que las obras presenten un cierto nivel de calidad; máxime, si estando ya aprehendida tiene todavía que enfrentarse a -por ejemplo- la “contraofensiva letal” que implica “la televisión zafia, localista, ramplona y estupidizante” que persiste.

La misma que “por naturaleza, obliga a un letargo receptivo, pero esa pasividad se agravará si se acompaña de la destrucción de la información, del buen gusto y de las razones de la razón ilustrada e independiente”, según esgrime la referida lingüista española Violeta Demonte.

La literatura y su trascendencia actual

Hay que considerar asimismo que, pese a todas sus bondades, la literatura es un arte o disciplina que no escapa al famoso dicho de “dar gato por liebre”; es decir, pasar por buena una obra que puede incluso resultar denigrante, a pesar de estar muy bien estructurada y escrita.

Al respecto, un profesor de literatura de los andes peruanos respondió hace unos años a una pregunta en relación al premio que un conocido periodista y escritor peruano había logrado en un certamen literario español, con el comentario de que le habían concedido por la “forma en que había narrado su historia, no por la esencia o fondo de la misma”.

El sector editorial y su importancia social

Una situación, por cierto, difícil de revertir con un sector editorial “tan poco atractivo y mercantilista”; que además, salvo honrosas excepciones, “parece no haberse dado cuenta de que es también, en gran medida, responsable de la formación del gusto de la gente”.

Y con en el que “tratar de publicar una primera novela que no se avenga a la moda de los best seller, por muy buena que sea, no parece fácil e incluso, cuando se da la circunstancia, el encuentro entre ésta y su posible público resulta cada vez más arduo y azaroso. (…). Por lo que “los libros nacen con la fecha de caducidad incorporada, (…). Una fecha de caducidad que va de los quince a los veinte días, los de su permanencia en librerías”, afirma la aludida Riera.

Prensa amarilla trasladada a la literatura

Pareciera finalmente que la literatura se ha impregnado, de la misma forma que la prensa seria, de una especie de literatura amarilla con el objetivo de no perder lectores; viéndose por ello arrastrada a dar cuenta de escándalos y chismografías que, al propender a la degradación de los niveles culturales y éticos de la información, contribuyen a la del pensamiento de las personas que la leen.

Lo que el escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa afirma que tiene que ver con “un problema cultural. La cultura de nuestro tiempo propicia y ampara todo lo que entretiene y divierte, en todos los dominios de la vida social, y por eso, las campañas políticas y las justas electorales son cada vez menos un cotejo de ideas y programas, y cada vez más eventos publicitarios, espectáculos en los que, en vez de persuadir, los candidatos y los partidos tratan de seducir y excitar, apelando, como los periodistas amarillos, a las bajas pasiones o los instintos más primitivos, a las pulsiones irracionales del ciudadano antes que a su inteligencia y su razón”.

Y concluye: “Se ha visto esto no sólo en las elecciones de países subdesarrollados, donde aquello es la norma, también en las recientes elecciones de Francia y España, donde han abundado los insultos y las descalificaciones escabrosas”.