Una vez más una mujer obtiene el cargo a la presidencia de un país en América latina. Esta vez es Laura Chinchilla, un hecho que no deja de ser sorprendente, teniendo en cuenta no solo que países tan vanguardistas en su idiosincrasia de igualdades ciudadanas como los Estados Unidos no han podido sentar a una mujer en su casa de gobierno, sino que el entorno machista latinoamericano sigue siendo un fantasma que subyuga el avance de la mujer en su lucha por la emancipación del lastre que la sigue percibiendo como un ciudadano de segunda clase.

La quinta mujer “Primer Ministro” en América latina

Chinchilla es la quinta mujer en asumir el cargo de presidente en latinoamerica después de Violeta Barrios de Chamorro, de Nicaragua en 1990; de Mireya Moscoso, de Panamá en 1999; de Michelle Bachelet, de Chile en 2006; y de Cristina Fernández de Kirchner, de Argentina en 2007. A diferencia de la mayoría de las otras presidentas de Latinoamérica, Laura Chinchilla fue elegida por voto popular sin que el trasfondo político de un esposo sirviera de plataforma para su elección.

Aunque se dice que gozó del apoyo del presidente saliente Oscar Arias, Laura, quien asumirá las riendas de Costa Rica el ocho de mayo del presente año, es una persona con autonomía propia dentro del ámbito político del hemisferio. Sin embargo, aunque las condiciones que la rodean la proyectan con las herramientas necesarias para cumplir con las promesas de su campaña, las expectativas en torno a su mandato no cesan de titubear.

Seguridad pública y reforma policiva base de su campaña

Si bien la creencia general es que Chinchilla aprovechó la creciente preocupación ciudadana por detener el reciente estallido de la delincuencia organizada en el país, el transbordo de la tarima del narcotráfico a Costa Rica, y la cada vez mas deteriorada seguridad pública para basar su campaña política, lo cierto es que la ecuación pudiera ser exactamente a la inversa.

Laura Chinchilla es politóloga y un líder político con un amplio bagaje en reforma legislativa y de seguridad pública. Tiene una maestría en ley pública de la universidad de Georgetown en Washington D.C., y trabajo como consultora en América latina y África con diversos organismos internacionales en el área de la reforma institucional con un énfasis especial en reforma judicial y de la seguridad pública.

Ministra de Justicia, de seguridad y vicepresidenta del país

Ha sido conferencista en diferentes foros internacionales en materia de seguridad pública y reforma policial. Ha participado en iniciativas de reforma de seguridad ciudadana a nivel latinoamericano, reforma policial, y administración de justicia.

Ha ejercido los cargos de ministra de justicia y de seguridad de Costa Rica y vicepresidenta de la nación. Hija de Rafael Ángel Chinchilla Fallas, contralor general de la republica durante dos periodos, tiene la experiencia y el entorno político perfecto para el desarrollo de sus propuestas en el campo legislativo.

Fundamentalista, anti-secular y homofóbica

Acusada de ser fundamentalista y homofóbica por su negativa a apoyar temas como el matrimonio homosexual, el aborto, y la píldora del día siguiente, se perfila dentro de una línea conservadora, lo cual preocupa a miembros de grupos cívicos que abogan por las libertades y derechos humanos. Es además conocida por su oposición a la reforma constitucional que llevaría a Costa Rica a convertirse en un estado secular.

Expectativas de la administración Chinchilla

Todo parece indicar que Chinchilla llegó, “al lugar correcto, en el momento correcto”. Su amplia experiencia en el recinto político y dentro de géneros tan precisos como los requeridos por el pueblo costarricense parece ser el aliado perfecto para una administración exitosa.

El único punto muerto podría estar en los límites que su gabinete pudiera imponerle, puesto que no está formado mayoritariamente por miembros del Partido Liberación Nacional. De todas maneras, el contorno político y económico que rodea a la nación más estable del hemisferio latinoamericano ofrece una ventaja al triunfo.