Existen propuestas utópicas en diferentes épocas, aunque hay que tener presente que en las épocas en las que el pensamiento de Platón y el Neoplatonismo es hegemónico es cuando abundan las propuestas utópicas de búsqueda racional de la justicia social.

La República de Platón como utopía

La primera propuesta utópica fue la República de Platón en la que, para intentar llegar a la justicia social se eliminaba la propiedad privada y se utilizaba la capacidad intelectual de cada ciudadano para situarle en la clase social en la que mejor se adaptaba.

Cada ser humano posee un alma con tres partes (racional, irascible y concupiscible) y según sea su parte más desarrollada, ocupará un lugar en la sociedad.

Los que tengan el alma racional más desarrollada serán los gobernantes, los que tengan el alma irascible más desarrollada serán los guerreros, y los que tengan la concupiscible serán los productores. También se eliminará la institución familiar, y será el estado quien, a través de la educación, llegue a conocer cual debe ser el lugar social de cada individuo.

La Ciudad de Dios de San Agustín

San Agustín intenta armonizar las ideas platónicas y el cristianismo. De ahí que su propuesta política justa, la Ciudad de Dios, sea un sistema teocrático basado en los elementos fundamentales del cristianismo. Así, San Agustín honra su religión, al mismo tiempo que busca la justicia, tal y como hace Platón con la República.

Las Utopías Renacentistas

Es durante el Renacimiento cuando aparecen el mayor número de obras literarias que intentan mostrar una sociedad justa. Este movimiento recibe el nombre de la obra de Tomás Moro (Utopía) en la que se muestra con mayor fuerza el objetivo de las utopías: Criticar la sociedad de la época en la que son escritas, mostrando la posibilidad de la esperanza de la creación de una sociedad más justa. Otros ejemplos de utopías del Renacimiento serían La Nueva Atlántida de Francis Bacon o La Ciudad del Sol de Campanella.

El Socialismo Utópico

Ya al margen de cualquier influencia filosófica de Platón, a principios del siglo XIX, algunos autores intentan crear una sociedad más justa que la surgida tras la Revolución Industrial. Friedrich Engels lo califica como Socialismo Utópico para diferenciarlo del Socialismo Científico (el Marxismo). Autores como Robert Owen, Henri de Saint-Simon o Charles Fourier intentan crear granjas cooperativas autosuficientes (por ejemplo los falansterios), donde no existe la explotación ni el trabajo penoso.

El autoritarismo escondido

Un aspecto fundamental de las propuestas utópicas es que, en la mayoría de casos, estas propuestas esconden sistemas totalitarios, ya que, para crear la sociedad justa, hay que reprimir aquellos que son contrarios al sistema utópico, por ser contrarios a la Justicia.

Ya el sistema justo de Platón escondía un sistema político en el que ni los niños pueden jugar libremente, ya que incluso los juegos infantiles deben estar controlados por el estado. De ahí que en el siglo XX, se escriban propuestas que ya han desenmascarado el autoritarismo de las utopías. Son las distopías como Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.