La imagen tradicional de un trovador, con calzas de colores y tañendo una vihuela que viaja por castillos y palacios cantando sus poemas ante nobles y cortesanos, no se ajusta a la realidad. Los trovadores medievales no eran poetas errantes sino en su mayoría de origen noble, habiendo entre ellos incluso reyes, condes o ricos mercaderes.

Tampoco eran un conjunto exclusivo de hombres, pues en este grupo, en el que la poesía, la música y el juego amoroso tienen un importante papel, también había mujeres. Eran las denominadas trobairitz, que otorgaron a la poesía lírica medieval de un interesante contrapunto femenino.

Mujeres trovadoras en Aquitania

La poesía de los trovadores incluye en la lirica medieval distintas novedades. La lectura íntima de un poema se convierte con ellos en un acto público. Interpretan composiciones cantadas que contienen como tema preferente el amor y reflejan una colección de sentimientos subjetivos.

Expresadas en la lengua autóctona del Languedoc, contienen matices que enriquecen la anterior poesía latina y se alejan, por su temática, de los denominados “cantares de gesta” (langue d´oïl).

La lengua de Oc, de origen romance, se convierte con los trovadores en el vehículo perfecto para una poesía amorosa en que las mujeres tienen mucho que decir.

Las trobairitz formaron parte de un grupo socio-poético, hasta entonces exclusivamente masculino, por derecho propio, ya que provenían del mismo circulo social y familiar que los trovadores. Eran mujeres cultas que dotaron a este tipo de poemas cantados de una personalidad propia y de un nuevo punto de vista. En las canciones trovadorescas tradicionales el hombre suplica el amor de la dama, las mujeres trovadoras cambian este esquema y su “yo” femenino pasa a ser el que reclama al amado, al “amic”, la recompensa de su cariño.

Los Cancioneros y las trobairitz

De las más de 2.500 canciones de trovador provenzales, cerca de 50 se considera que han sido escritas por mujeres a causa de la importancia que la voz femenina tiene en la composición. Son poemas bastante explícitos en su contenido y, a veces, más carnales, menos románticos y platónicos de lo que cabría esperarse. También hay entre ellos “malas cansós” que hablan del dolor por la pérdida del amante.

Los Cancioneros, que recogen estos poemas provenzales, suelen acompañar las letras con una pequeña reseña sobre sus autores. Gracias a ello conocemos los nombres de algunas de las trobairitz que más fama tuvieron en su época, pero aunque se ha conservado su obra, los datos biográficos que de ellas conocemos son bastante escasos.

Beatriz, condesa de Diá

Hija del conde de Diá, Isoard II, es una de las trobairitz provenzales más conocidas, a causa de lo atrevido de sus composiciones:

Bello amigo amable y bueno

¿cuándo os tendré en mi poder?

¡Podría yacer a vuestro lado un atardecer

y podría daros un beso apasionado!

Sabed que tendría gran deseo

de teneros en el lugar del marido

con la condición de que me concediérais

hacer todo lo que quisiera”.

(M. Riquer, “La comtessa de Dia”, Barcelona, 1975, II, p. 62).

Lo explícito de estos versos nos resulta sorprendente en boca de una mujer del siglo XII, máxime sabiendo que estaban dedicados a su enamorado, Raimbault d´Arenga, y no a su esposo, el conde y también trovador, Guillermo de Peitieu.

La audacia de sus palabras ha de entenderse en el contexto de un estamento social donde el amor y el matrimonio no solían ir unidos. Las bodas se realizaban por intereses más políticos o militares que afectivos, siendo frecuente que a los contrayentes no les uniera ningún cariño. El verdadero amor, el que se elegía libremente, estaba fuera del vínculo conyugal. En la lírica provenzal, la pasión por el amado queda así encerrada en una canción que sólo él comprende, estableciéndose entre ellos una complicidad y una relación platónica, que es la base del llamado “amor cortés”.

María de Francia

Sabemos muy poco de su vida, tan sólo que pertenecía a una familia noble y vivió en la corte de Inglaterra integrada en el grupo de trovadores que había creado Leonor de Aquitania.

Es la primera escritora de siglo XII en lengua francesa de la que conocemos su nombre y gran parte de su obra, en la que destacan los lais que compuso. Se trata de doce breves relatos poéticos creados para ser cantados y acompañados con música de arpa. De temática amorosa y con elementos fantásticos, en ellos la mujer es la auténtica protagonista, y la denuncia de los matrimonios concertados parte de su argumento.

Azalaís de Porcairagues

Tampoco conocemos mucho de ella, tan sólo que era una mujer noble, de gran cultura, que nació y vivió en la región de Montpellier en el siglo XII. Se enamoró de Gui de Guejerat y su poema más conocido es el que narra la muerte de Raimbaut de Orange, incluido en el Cancionero de Beziers.

Hubo otras trobairitz famosas, como María la Balteira, musa de los trovadores castellanos de la corte de Alfonso X el Sabio; Castelloza, cuya obra es más conservadora y cuyo amic era Armand de Breon; o María de Ventardorn, que canta a la igualdad entre hombres y mujeres en el vínculo amoroso.

Todas ellas expresan una relación nueva entre el hombre y la mujer que nace en los ambientes nobiliarios de los castillos de Aquitania, desde donde se extiende a otros territorios de la Europa occidental.