La visión que se tenía del ser humano a finales del siglo XV y la visión actual son muy diferentes. Especialmente en cuanto a su lugar en el universo o su origen. Este cambio ha sido un proceso paulatino y lento, aunque con tres instantes fundamentales que pueden ser definidos como las tres grandes humillaciones al egoísmo: Nicolás Copérnico, Charles Darwin y Sigmund Freud.

La visión sobre el ser humano en el siglo XV

El ser humano era considerado como el centro de la creación, y, por ello vivía en la Tierra, que estaba situada en el Centro del Universo, y todos los planetas girando alrededor de ella. Se da la paradoja de que es en el Renacimiento cuando se deja de tener la idea de que todo gira alrededor de Dios, y el ser humano pasa a ser el centro principal de reflexión, cuando se inicia este proceso de cambio con la obra de Nicolás Copérnico.

El nuevo modelo de Copérnico

El geocentrismo propuesto por Aristóteles en el siglo IV a. C. no funciona, por lo que Copérnico propone una visión radicalmente diferente: el Heliocentrismo. La Tierra ya no está situada en el centro del Universo, sino que queda reducida a un planeta que gira alrededor del Sol. Ya no estamos situados en el centro del Universo. Los descubrimientos posteriores de la Vía Láctea como galaxia, y la existencia de otros miles de galaxias, que acabarán mostrando la insignificancia del sistema solar que se pretendía anteriormente identificar con la totalidad del Universo, no hace sino incrementar esta primera humillación.

El Evolucionismo de Charles Darwin

Será en el siglo XIX cuando se establezcan las bases para las dos humillaciones siguientes. En primer lugar la propuesta de Charles Darwin de no ser producto directo de la voluntad de Dios, sino el fruto de un largo proceso de evolución, definido de forma terrible en los siguientes términos: “El hombre desciende del mono”. No cabe mayor humillación: somos primates evolucionados, y no la culminación de un proceso creativo de un ser superior.

El Inconsciente de Sigmund Freud

Al menos se suponía que la inteligencia y la razón eran los grandes atributos humanos. Pero incluso estos elementos fundamentales se ven afectados por el pensamiento de Sigmund Freud cuando afirma que muchos de los procesos mentales son inconscientes, y, por lo tanto escapan a nuestro control racional.

La magnitud de la tragedia

Hemos pasado de ser los reyes de la creación, viviendo en el centro del universo, y siendo puramente racionales, a vivir en uno de los cientos de miles de millones de planetas de una de los miles de millones de galaxias, siendo el fruto de un proceso evolutivo de millones de años y siguiendo instintos y pulsiones inconscientes, muchos de ellos de carácter sexual.

¡Con lo que hemos sido! (o al menos así lo creíamos).