El gran imperio persa construído por Ciro y por Darío necesitaba agrandar sus fronteras para consolidarse como para seguir creciendo y fijó su punto de mira en Grecia, que además le permitía poner un pie en Europa, sin embargo no contaba con la dureza de los griegos, que le plantarían cara y frenarían sus ansias expansionistas.

Antecedentes

Entre el 499 y el 494 a.c., se produjo lo que se conoce como la revuelta jonia, en la que las ciudades griegas del Asia Menor sometidas a los persas se levantaron en armas. En un primer momento los griegos lograron vencer y pidieron ayuda a los griegos continentales para hacer frente al nuevo ataque persa. Sólo Atenas y Eretria acudieron en su ayuda pero no fue suficiente, la rebelión fue aplacada y aquellos que habían osado levantarse en armas contra el imperio persa debían pagarlo.

Tras negarse Atenas y Esparta a dar al rey persa "tierra y agua", Darío mandó un enorme ejército para castigar a los rebeldes. Sin embargo será derrotado en Maratón (490 a.c.), enfrentamiento que para los griegos tomó en seguida el carácter de mito pero que no supuso un gran revés para los planes de Darío.

Jerjes y Leónidas

Lo que si los retrasó fue la muerte de Darío, que sería sustituido por Jerjes. Jerjes ha pasado a la historia como el rey que sufrió las derrotas de Salamina y de Platea y por haberse enfrentado a Leónidas, sin embargo en su tierra fue recordado por haber sido un gran hombre y por haber hecho algunas importantes construcciones públicas.

No se tiene mucha información sobre Leónidas,se sabe que en la fecha del enfrentamiento tendría unos 60 años, estaba exento de acudir al combate, y que probablemente adquirió su experiencia en combate en guerras menores. Hay también quien cree que Leónidas accedió al trono tras mandar asesinar a su medio hermano Cleómenes y se casó con Gorgo, su hija y heredera.

El lugar de la batalla

La elección del lugar de la batalla fue sin duda un acierto, la estrechez del paso hacía que la superioridad numérica de los persas no fuera tan definitiva, además de aprovechar el muro focense, una construcción que los tesalios habían levantado y que tuvieron que reparar.

Cuando Jerjes llegó a las Termópilas los griegos ya estaban allí esperándoles, unos 3000 en total, no eran más por la celebración de las carneas. El rey persa decidió esperar a que los griegos, asustados por su superioridad se fueran -se cree que el número de persas era entre 60.000 y 70.000-.

Comienza la batalla

Al amanecer el quinto día la paciencia de Jerjes llegó a su límite y mandó cargar. Los espartanos y sus aliados consiguieron que los persas se enfrentaran a ellos de la manera que más les convenía, el cuerpo a cuerpo, y la espléndida falange hoplita destruyó las líneas persas. El segundo día fue un calco del primero.

El tercer día las cosas cambiaron, Efialtes, un griego de la zona, acudió al campamento persa para ofrecer información sobre una ruta que situaría al ejército persa en la retaguardia de los griegos. Jerjes no lo dudó y mandó allí a sus Inmortales, unidad de élite que recibía su nombre de la creencia de que nunca eran ni más ni menos de 10.000.

Leónidas conocía la existencia de la ruta y había situado a 1000 focenses para defenderla, al amanecer las dos fuerzas se encontraron, los Inmortales reaccionaron más rápido y atacaron. Los focenses, pensando que eran el blanco de la maniobra, se retiraron hacia posiciones más seguras y los persas en lugar de seguir su ataque contra ellos, se dirigieron hacia las tropas de Leónidas.

La lucha de los 300

El rey espartano decidió que sus 300 y él mismo se quedarían a luchar, sin esperanza de victoria, mientras sus aliados trataban de escapar, aunque algunos decidieron quedarse con sus hermanos griegos. El resultado de este combate es por todos conocido.

Tras este enfrentamiento la guerra por el dominio de Grecia siguió su curso, y aunque Jerjes controló gran parte del territorio, los persas fueron finalmente expulsados tras las batallas de Salamina y de Platea. A pesar de la legendaria fama de estas batallas y de sus protagonistas lo cierto es que los griegos triunfaron no por estar mejor formados o ser mejores estrategas, sino por que los persas aceptaron un tipo de combate que favorecía solamente a sus adversarios.

La leyenda de los 300 y de su rey Leónidas ha sido llevada el cine en diversas ocasiones y todavía hoy pueden visitarse diferentes monumentos que alaban el sacrificio y conmemoran la vistoria de los 300 espartanos.

Gran parte de la información para este artículo se ha tomado del libro Termópilas de Nic Fields, editorial Osprey.