La quemadura solar se produce cuando el grado de exposición supera la capacidad de la melanina para proteger la piel. Esta mayor o menor tolerancia sin sufrir lesiones varía de una raza a otra y de un individuo a otro. Es superior en las personas de tez oscura e inferior en las de piel más pálida.

La melanina, el protector natural de la piel

La melanina es el pigmento que protege la piel de las radiaciones ultravioleta del sol. Es producida por los melanocitos y su síntesis es estimulada por la exposición directa de la piel al sol. La capacidad de producir melanina es la responsable de la distinta sensibilidad a sufrir quemaduras solares.

Síntomas de la quemadura solar

La quemadura solar no se manifiesta de manera inmediata, sino al cabo de pocas horas. Los primeros síntomas son el enrojecimiento de la piel y el dolor. Este se agudiza entre 6 y 48 horas después de la exposición al sol. En las quemaduras más severas suelen aparecer ampollas. También puede existir inflamación de la piel, sobre todo en las extremidades inferiores, y no es raro que aparezca la fiebre. La descamación de la piel muerta comienza 3-8 días después de la exposición.

Complicaciones y consecuencias de la exposición crónica al sol

La exposición prolongada al sol sin protección adecuada puede provocar una insolación o golpe de calor, cuadro grave ocasionado por el fallo de los mecanismos termorreguladores del organismo.

La piel sufre un envejecimiento prematuro, con la aparición precoz de las llamadas manchas de edad (lentigo) y de arrugas. La piel pierde su hidratación natural y se vuelve más vulnerable a las infecciones.

Sin duda, la consecuencia más temida a la exposición crónica al sol es el melanoma maligno, tumor ocasionado por la proliferación incontrolada de los melanocitos. Diversos estudios revelan que la sobreexposición crónica al sol duplica las posibilidades de padecer este cáncer, de elevada malignidad. También pueden producirse otros tumores menos malignos de piel (carcinoma escamoso y epitelioma basocelular), relacionados de forma directa con la cantidad de radiación ultravioleta que recibe la piel.

Por último, las cataratas son más frecuentes en las personas que se exponen al sol y no llevan lentes protectoras.

Prevención de las quemaduras solares

Las quemaduras solares pueden producirse en cualquier época del año. Es cierto que en verano la radiación solar es máxima, pero en primavera el sol ya calienta bastante y una exposición excesiva puede causar quemaduras serias. En invierno, la práctica de los deportes de nieve a elevadas altitudes ocasiona lesiones dérmicas si no se lleva la protección adecuada, al ser menor el grosor de la atmósfera protectora.

Si se va a estar expuesto al sol durante horas es aconsejable protegerse con ropas ligeras, de colores claros, que reflejan mejor el sol. También hay que cubrirse la cabeza con un sombrero. Es recomendable proteger los ojos con gafas de sol homologadas que reflejan los rayos ultravioleta. No sirven las que se venden en las playas a precios muy económicos. Es preferible dirigirse hacia una óptica y dejarse asesorar por los profesionales.

Si se quiere tomar el sol, las primeras sesiones han de ser de corta duración (10-15 minutos). Poco a poco se puede ir prolongando el tiempo de exposición a medida que la piel se va bronceando. Es preferible tomar el sol a primeras horas o al atardecer y evitar las horas centrales del día (entre las 11 y las 4 de la tarde). En cualquier caso, hay que aplicar, previamente, cremas protectoras solares con generosidad y siempre después de un baño.

En la actualidad hay protectores solares muy efectivos que protegen la piel de los rayos ultravioleta A (rayos UVA), de longitud de onda más larga, y ultravioleta B (rayos UVB), de menor longitud de onda y más nocivos. Ambos son responsables de las quemaduras solares. Estas cremas tienen un mayor o menor factor protector solar (FPS), indicado en el envase. Se recomiendan protectores solares de FPS 30 o superior.

Remedios para las quemaduras solares

El tratamiento de la quemadura solar tiene como objeto reducir los efectos del calor sobre la piel, aliviar el dolor y prevenir las infecciones. En los casos más graves es necesaria la atención médica. Hay varias pautas a seguir en caso de quemaduras solares:

  • Lavar la superficie afectada, mejor con una ducha fría o un baño. En su defecto, aplicar compresas frías y húmedas sobre la superficie afectada.
  • Si no hay ampollas, se pueden administrar lociones específicas contra las quemaduras. Estas cremas deben dosificarse después de enfriar la piel afectada, nunca antes. El farmacéutico puede indicar cuáles son las adecuadas al respecto.
  • Se pueden suministrar analgésicos, como el ibuprofeno o la aspirina, para combatir el dolor, salvo en niños con un cuadro febril.
  • No exponer la piel dañada al sol hasta su total curación.
  • Dejar la piel al aire libre para que cure. Si existen ampollas pueden aplicarse compresas secas para evitar infecciones.
Es precisa la atención médica si aparecen mareos, problemas de visión, fiebre o ampollas llenas de líquido.

El sol, beneficioso tomando precauciones

No es objetivo de este artículo estigmatizar los baños de sol. Tomados con moderación son beneficiosos para el ser humano. Por ejemplo, el sol favorece la formación de vitamina D (antirraquítica) en el organismo. Sólo pretende resaltar los riesgos que comporta tomar el sol de manera abusiva sin la protección adecuada, sobre todo, de manera crónica, y cómo prevenir y tratar las quemaduras solares.

Con estos pequeños consejos, fáciles de seguir, se evitarán molestias durante las vacaciones y posibles males en el futuro, sobre todo en el caso de los niños.