La profecía de los 112 Papas, atribuida a San Malaquías, asegura que se acerca el fin de la dinastía papal y de la Santa Sede de Roma. Según sus vaticinios, el actual Santo Padre, Benedicto XVII, podría ser el penúltimo de los Papas, ya que su sucesor, el que haga el número 112, contemplará durante su reinado el desmoronamiento de la Iglesia Católica y, posteriormente, la llegada del Juicio Final.

Dos fueron las profecías que supuestamente le fueron reveladas a San Malaquías durante una peregrinación que realizó a Roma en el año 1139, cuando era arzobispo de Armagh, su ciudad natal. La primera está relacionada con su país, Irlanda, mientras que la segunda es la ya mencionada, y más conocida, de los 112 Papas.

En textos atribuidos a San Bernardo de Clairvaux o Claraval, a quien San Malaquías visitó en Francia en varias ocasiones, el santo francés aseguraba que Malaquías vaticinó también el día de su propio fallecimiento, de hecho murió en brazos de San Bernardo el 2 de noviembre de 1148.

Trayectoria del Santo

San Malaquías, cuyo nombre de bautismo era Maelmhaedhoc O’Morgair, nació el 3 de noviembre de 1094 en Armagh, uno de los cinco condados que conforman Irlanda del Norte, zona que actualmente se encuentra bajo soberanía británica.

Tras ser educado e instruido por el Abad de Armagh, fue ordenado sacerdote por San Celso en 1119. Posteriormente se trasladó a la ciudad de Lismore, en el condado irlandés de Waterford, para perfeccionarse en la sagrada liturgia y en la teología. A partir de ese momento los cargos eclesiásticos se sucederían: Primer Abad de Bangor en 1123, Obispo de Connor en 1124, Primado de Armagh en 1132 y, finalmente, ese mismo año, Arzobispo de Armagh.

Durante el ejercicio de sus deberes eclesiásticos, San Malaquías restauró la disciplina de la Iglesia, que se había relajado bajo la dirección de una serie de abades legos, y adoptó fielmente la liturgia romana. Tras su muerte, fue canonizado por el Papa Clemente III, el 6 Julio de 1199.

La profecía sobre Irlanda

La primera profecía de Malaquías anunciaba que Irlanda, su patria, sería oprimida y perseguida por Inglaterra, que sufriría calamidades durante siete siglos, pero que preservaría la fidelidad a Dios y a Su Iglesia en medio de todas sus pruebas. Al final de ese período, Irlanda sería liberada y sus opresores serían entonces castigados, convirtiéndose en el instrumento para restablecer la fe en Inglaterra.

Llama la atención el hecho de que el vaticinio se augurase varios siglos antes de que surgiera el anglicanismo, pero la profecía pierde fuerza si se tiene en cuenta que la primera vez que se supo de ella fue en el siglo XVII, a través de un monje benedictino llamado Dom Mabillon.

Mabillon aseguró haberla encontrado entre unos manuscritos olvidados en la Abadía de Claraval, situada en la localidad francesa de Ville-sous-la-Ferté, en el departamento del Aube, lugar donde vivió San Bernardo.

Los 112 Papas

Esta predicción consta de 112 pequeños lemas o frases en latín que hacen una alusión alegórica a los 112 papas que sucederían a Celestino II (1143-1144) al frente de la Iglesia Católica, incluyendo a los Antipapas, hasta el último, al que denomina Petrus Romanus (Pedro Romano). El historiador benedictino Arnold Wion fue el primero en mencionarla en su libro Lignum Vitae, publicado en el año 1559.

Estos lemas descriptivos de los Papas pueden tener relación con un símbolo de su país de origen, con su nombre, su escudo de armas, su talento o cualquier otra referencia personal. Resulta curioso observar que las divisas correspondientes a los Papas anteriores a 1595 son mucho menos ambiguas que las sucesivas.

El actual Papa, Benedicto XVI, hace el número 111 en el pronóstico de San Malaquías, que hace referencia a él como De Gloria Olivæ (De la Gloria del Olivo), y casualmente Benedicto XVI nació un Sábado de Gloria. Por otro lado, la orden benedictina recibe el apelativo tradicional de "olivetana".

Según la profecía, el Papa 112, Pedro Romano, será el último: “En la última persecución de la Santa Iglesia Romana se sentará Pedro Romano, que apacentará las ovejas entre muchas tribulaciones; pasadas estas cosas, la Ciudad de las Siete Colinas será destruida y el Juez Terrible juzgará al pueblo”.

Dudas e interpretaciones

Mucho se ha debatido, y se sigue haciendo, sobre las Profecías de San Malaquías, en especial la relativa a los Papas. No sólo se cuestiona su veracidad, también su autoría. Cierto es que el manuscrito original no se ha encontrado nunca, y que la primera publicación no tuvo lugar hasta el siglo XVI.

En el siglo XVII, el Padre Menestrier, jesuita, realizó una hipótesis sobre la profecía de los Papas, argumentando que podía haber sido un plagio para influenciar las elecciones de Gregorio XIV en el cónclave del 1590.

Para el Abad Cucherat (1871), San Malaquías escribió la profecía en Roma, entre los años 1139 y 1140, cuando visitaba al Papa Inocencio II para informarle de los asuntos de su diócesis. Fue entonces cuando entregó las profecías al Papa, quien las guardó en los archivos romanos donde quedaron olvidadas hasta su descubrimiento en 1590.

Por su parte, uno de los más respetados historiadores del siglo XVI, Onofrio Panvinio, corregidor y revisor de la Biblioteca Vaticana en 1556, aceptó completamente la autenticidad de las Profecías de Malaquías.

Según se deduce de las más recientes interpretaciones de los expertos en el tema, el augurio sobre los Papas, como gran parte de la propia Biblia, no es más que una metáfora. Parece ser que la destrucción de Roma simboliza que el sucesor de San Pedro volverá a la ciudad donde comenzó éste su andadura, a Jerusalén, asiento original de la Iglesia Católica. De esta forma terminarían los Papas Romanos para dar paso a los Papas de Jerusalén porque, según las profecías, “el pueblo de Israel se convertiría al Señor Dios en el fin de los tiempos”.