El término locura, desde su formulación ha sido muy ambiguo, actualmente se conoce a la "locura" como "pérdida o trastorno de las facultades mentales". No solo su tratamiento, sino también su origen han dado sonoros vuelcos durante la historia de la humanidad. Varios milenios han transcurrido desde que a los "locos" se les atribuía estar malditos y se les trepanaba el cráneo con intención de dejar escapar a los malos espíritus, muchos siglos desde que Hipócrates, padre de la medicina, propusiera los cuatro humores que, en conjunto, hacían funcionar el cuerpo humano y cómo un desequilibrio entre ellos provocaban un desorden que hoy conocemos como "locura". Incluso la investigación de las últimas décadas han dejado algo obsoleta las concepciones freudianas de la neurosis provocada por la privación de los deseos primarios.

En la actualidad, tanto la psicología como la psiquiatría moderna aceptan tres distintas vías que inducen a la enfermedad mental.

Factores físicos de riesgo para contraer enfermedades mentales

El primer grupo, el de los factores físicos, es el más grande, en cuanto a sus posibles dimensiones y por tanto imposible de enumerar a todas aquí.

Por un lado, intervienen factores tanto exógenos (exteriores al sistema nervioso), como orgánicos y estos últimos pueden ser tanto genéticos (heredables), como epigenéticos (factores genéticos afectados por el ambiente, muy comúnmente, durante la etapa embrionaria). Los trastornos típicos del envejecimiento, como el Alzheimer o el Parkinson, entran también dentro de dicha categoría.

Las lesiones físicas también entran dentro de esta categoría, distintos shocks o lesiones craneales, pueden derivar en un inadecuado funcionamiento de las facultades mentales.

Por último, no se debería abandonar esta categoría sin hablar de otro factor de riesgo como son las intoxicaciones, ya sea a través de la exposición continua a un ambiente tóxico, como por el consumo de sustancias tales como el alcohol o distintas drogas de diseño.

Las lesiones epilépticas, alteraciones como la esquizofrenia (ambas acostumbran a tener una fuerte base genética) o las psicosis agudas (propias del consumo de alcohol), son claros ejemplos de estos trastornos mentales.

Factores psicológicos de riesgo para contraer enfermedades mentales

Desde Freud, se habla mucho de la importancia de los primeros años en la vida afectiva de la persona y de cómo la privación de necesidades en las primeras etapas de la vida pueden ocasionar cierto desequilibrio mental. Una vez desacreditada las teorías del padre del psicoanálisis de las propias etapas del desarrollo psico-sexual, o de aspectos descritos en el mismo, como el famoso "complejo de Edipo", las investigaciones no han podido sino darle la razón en este aspecto. Experiencias tempranas como tener padres alcohólicos o depresivos, ser abusado sexual o físicamente a una edad temprana o directamente haber crecido sin influencias parentales directas (huérfanos que no llegan a ser adoptados) han mostrado tener una alta correlación con padecer alguna enfermedad mental en el futuro.

Otros acontecimientos menos brutales, como conflictos familiares o laborales pueden llegar a provocar los mismos efectos cuando la exposición a ellos es lo suficientemente prolongada (aunque son pocos los casos que se encuentran).

Cabe destacar que dos personas no reaccionan igual ante las mismas circunstancias y que hay gente más propensa que otras a padecer estos trastornos si se dan las circunstancias adecuadas.

Factores sociales de riesgo para contraer enfermedades mentales

El gran estrés vivido en las últimas décadas en las sociedades occidentales ha sido, según los expertos, la principal causa del acrecentado número de diagnósticos de este tipo de enfermedades. Distintas investigaciones, tanto en Estados Unidos como en Francia, han demostrado un enorme incremento de internamientos después de 1945. Del mismo modo, se ha demostrado que otros países más rurales, este incremento no se ha vivido y por el contrario, en Japón, sociedad que cada vez adopta más el estilo de vida "occidental", está viviendo en las últimas décadas un gran incremento de pacientes con enfermedades mentales.

No solo la sociedad de la persona influye en cuanto al riesgo de una persona de padecer una enfermedad mental, sino que las relaciones íntimas de la misma tienen un peso tal vez mayor. Recientes investigaciones han demostrado que los célibes, viudos y divorciados (como los ya mencionados huérfanos), muestran mayor proporción de enfermos mentales. Para muchos autores estos datos tienen una doble interpretación, ya que no pueden delimitar si la soledad es lo que provoca el desorden o es el propio desorden lo que provoca que una persona sea incapaz de relacionarse adecuadamente.

Hay autores que afirman, sin embargo, que el notable incremento de hospitalizados por enfermedades mentales se debe a los avances en la medicina, puesto que anteriormente niños nacidos con ciertas debilidades morían y ahora se les salva, además el aumento de la calidad de vida consigue que muchas más personas lleguen a ancianas, lo cual conlleva a un incremento de los trastornos seniles.

Interacción de factores

Ninguno de estos factores acostumbra a actuar por si sólo. Una persona con una propensión genética a padecer uno de estos trastornos, tendrá mayor probabilidad de padecerla si vive acontecimientos particularmente traumáticos en su infancia o si es sometido a un ritmo de vida particularmente estresante.