La historia del cómic femenino va ligado a los profundos cambios sociales y culturales acaecidos desde hace décadas pero hay que recordar que el cómic no es más que un lenguaje de comunicación y la mujer tiene su propia voz. Una voz que ha ido madurando mientras cambiaba el mundo. El cómic es un lenguaje de comunicación tan potente que la mujer no podría ser menos en querer participar de él.

El cómic femenino en la historia: breve muestreo

El llamado "cómic femenino" de hace años (década de los años 40 y 50, principalmente generado en Norteamérica) se basaba exclusivamente en una visión sesgada de lo que se esperaba que una mujer leyera: estereotipos románticos empalagosos llenos de tópicos a más no poder.

Hoy en día estas imágenes provocan risa pero no hay que olvidar que eran aceptadas tal cual. Un espejo de la diferenciación social entre hombres y mujeres y marcadamente acentuada en la infancia: la educación, los juegos, la lectura y ,sobre todo, en lo que el futuro te depararía así fueses niño o niña.

Las primeras mujeres en sacar de su ostracismo al cómic femenino fueron "las autoras underground de principios de los setenta, quienes indignadas ante el nivel de machismo y misoginia imperante en la mayor parte de los cómics de la época, decidieron rebelarse y ofrecer su propia versión de los hechos" (PALMER, Oscar. Cómic alternativo de los 90, La Factoría de Ideas, 2000, p.105). Es el momento de It Ain´t me Babe, Tits´s Clits y sobre todo de Wimmen´s Comix: un grupo de diez mujeres de San Francisco entre las que se encontraban Aline Kominsky y Melinda Gebbie (futuras señoras de Robert Crumb y Alan Moore respectivamente) que trataron temas como las drogas, el aborto y la identidad sexual.

Los años 80 fueron un gran silencio para estas autoras, el nuevo conservadurismo de Reagan fue una de las causas. Las mujeres fuertes e independientes de los años 70 se convirtieron en fracasadas sociales en los 80. Las creadoras más capaces tuvieron que dejar de dibujar para poder trabajar en algo menos marginal como los cómics. Aunque siempre hubo excepciones: Gay Comics, una antología de dibujantes lesbianas que tomaron el testigo del primer cómic lésbico de la historia, Come Out Comix de Mary Wings de 1973) y la perdurable Wimmen´s Comix.

Los años 90 fueron otro cantar. Pasada la rabia con que las dibujantes de los 70, atacaron a los hombres. Las nuevas autoras se interesaron más por aquellos dibujantes que contaban historias para todos y se implicaban en la narrativa y en el dibujo de manera profesional.

Es el tiempo de Julie Doucet.

Julie Doucet, la crudeza tierna del cómic

Canadiense imbuida por el cómic franco-belga desde niña, ha sido -y es- el espejo en el que se miraron las autoras contrastadas de hoy y en el que se mirarán las futuras. Paradójicamente, Julie se sintió influenciada por Robert Crumb, el autor que en numerosas ocasiones fue diana de las iras de las autoras feministas de los años 70. Todo cambia.

"Inhibir la creatividad no conduce a ninguna parte", dice Julie. Basta ver sus cómics para entender su postura.

En palabras de Oscar Palmer "mutilaciones autoinfligidas, desmembramiento, canibalismo, castración post-mortem y flujos menstruales desbordados fueron algunos de los elementos con los que jugó la autora para explorar temas como la mortalidad, el miedo al dolor, la indefensión, su propia feminidad o las relaciones sexuales".

Después de desahogarse pasó al género autobiográfico con My New York, pero siguió conservando su desparpajo lleno de humor y amabilidad que contrasta con su faceta cafre y su técnica barroca de horror vacui.

En su madurez creativa publica la obra de ficción El caso de madame Paul, donde Doucet pasa a ser parte del legado femenino del cómic y una de las voces que resonarán con los años en la historia universal de la narrativa gráfica.

Con el paso de los años van proliferando autoras con más o menos una continuidad aceptable y un volumen de trabajo más que respetable, el mercado se abre a ellas y muestran su obra de manera cada vez más profesional. Dreschler es muestra de ello, ya que pudo publicar por primera vez a los 39 años.

Debbie Dreschler o cómo papá me enseña el infierno

Esta autora (más conocida como ilustradora) presenta una obra de miradas infantiles de brutal honestidad e indefensión en historias de abusos sexuales paternos, pero cargada de la madurez y seguridad que la autora debe tener al tratar estos temas tan delicados.

"Parece empeñada en ofrecernos un minucioso mapa del infierno, y el infierno es la infancia", dice Francisco Naranjo (revista U, nº 5). Un infierno que muestra con una estética naif pero con una gran expresividad icónica en sus personajes que se acerca al dibujo infantil y al underground de los años 70. Este cómic se tradujo como La muñequita de papá.

Su última obra se llama Verano de amor y trata la adolescencia en toda su extensión: amor, sexualidad, incomprensión, amistad, problemática en el seno familiar, etc...

Evidentemente, hay muchísimas más autoras que luchan por dar a conocer su visión del mundo: Roberta Gregory, Carol Lay, Dame Darcy, Jessica Abel, Allison Bechdel y, por supuesto, la archiconocida Marjane Satrapi: sin la contribución de las pioneras del cómic femenino no hubiera existido jamás Persépolis uno de los mejores cómics de la historia.