Según constató Herodoto en los nueve libros de la historia, la mujer en el Antiguo Egipto gozaba de un estatus del que no podían gozar las féminas de Grecia. Jean François Champollion, en su único viaje a Egipto pudo darse cuenta en 1829, del alto nivel de consideración que se tenía hacia el sexo femenino.

En el papiro Harris, el faraón Ramsés II afirmaba haber conseguido la libertad de movimientos de las mujeres egipcias, para que estas pudiesen ir libremente a través del país sin que nadie las molestara. Y en otros papiros y relieves queda claro que la mujer estaba sumamente emancipada del hombre, siendo libre de efectuar por su cuenta préstamos y negocios, cosa impensable en otras culturas.

En la historia egipcia, hubo reinas, mujeres desconocidas que ocuparon cargos de poder, mujeres sacerdotisas, sirvientas, esposas y madres sin que en ningún momento perdieran su apellido al contraer matrimonio. La mujer egipcia afirmaba su nombre y su personalidad en el país del Nilo.

Nitokris la reina de la ley del talión

Esta soberana subió al trono hacia el 2184 a.C. Según los archivos de la época ramésida, reinó durante dos años, un mes y un día y a su muerte se dice que fue enterrada en la pirámide de Mikerinos en la llanura de Gizeh, aunque nunca se han descubierto huellas sobre esta cuestión.

Según reza una antigua leyenda, Nitokris era la esposa de un rey al que dieron muerte unos traidores. Fue entonces cuando gobernó para no interrumpir la línea sucesoria legítima. Pero preparó su venganza con sumo aplomo.

Hizo construir una sala subterránea, y convidó a todos los asesinos de su esposo a un gran banquete de celebración de su mandato. Cuando estaban todos reunidos, la reina ordenó que se abrieran unas compuertas y el agua inundó aquel lugar. Los traidores murieron ahogados.

Posteriormente ella se suicidó debido a la pena de haber perdido a su marido. Aunque este relato resulta muy atractivo, no pasa de ser una dramática historia oriental sin fundamento demostrado, ya que no existe documentación escrita.

Sobek-Neferu un reinado con monumentos

Del 1790 a 1785 a. C. una mujer ejerció de faraón. Su reinado ha podido ser confrontado y confirmado por estar su nombre en diversos monumentos y en el papiro de Turín. Como era preceptivo de todos los faraones, ella se comportó como tal y dejó su impronta en el arte de la construcción. Hizo erigir una pirámide al sur de Menfis, en Mazghuna.

Tuvo que soportar una invasión extranjera y ver como su país quedaba divido, viendo como el ataque de los hicsos fue un éxito, y llegaron a controlar Menfis. De todas formas Sobek-Neferu fue un auténtico faraón, considerada como tal en las antiguas listas reales.

Hatsepsut reina de mano férrea

En su condición de gran esposa real, la reina Hatsepsut estuvo casada con Tutmosis I, pero fue ella quien gobernó como faraón. Si los faraones como costumbre reinaron en compañía de una esposa, esta reina con rango de faraón, hizo lo contrario.

Basó su reinado en apoyarse en dos grandes hombres de estado y fieles a su persona: Hapusaneb y Senenmut. El primero ejerció un papel determinante en el terreno económico, y dirigió todas las obras de construcción que hizo a Hatsepsut, dejando su impronta en Tebas.

Senenmut cuyo nombre significa el hermano de la madre, se dedicó a ser el preceptor de la hija de Hatsepsut llamada Neferure. El reinado de Hatsepsut, se basó en una política de grandes obras y quedó reflejada en Tebas, en Hermontis, en Kom Ombo, en El-Kab y en Hermopolis.

Cleopatra VII el colofón y final de las dinastías egipcias

La última reina de Egipto, sabia culta y que como dicen las escrituras, fue la única de los reyes o faraones de la dinastía Ptolomea que sabía hablar egipcio, era por todos los detalles que se tienen, una mujer normal que no destacó por su belleza, sino por su inteligencia y sentido de estado.

Cleopatra, a quien la poderosa Roma acusaba de utilizar procedimientos de magia para cautivar a los hombres, soñaba sin embargo con otros horizontes. Soñaba con un Egipto poderoso e independiente, como en los tiempos antiguos.

Los relatos de Plutarco nos narran escenas sobre su relación con Marco Antonio, pero lo verdaderamente importante fue la obra de Cleopatra para su país, reformando el sistema monetario, saneando el comercio y dándole prestigio al decaído Egipto Ptolomeo.

Según la leyenda, Cleopatra una vez muerto Marco Antonio, intentó seducir a Octavio, pero no lo consiguió, por lo que le esperaba un porvenir de cárcel y de vejaciones en Roma. De esta manera se suicidó dejándose picar por una serpiente. La imagen debe interpretarse como un símbolo: el reptil que llevaron siempre los faraones en su frente, enviaba a la última reina egipcia, a otro mundo donde proseguiría su sueño.