Las grandes películas son todo un tesoro, difíciles de encontrar, pero los guionistas han encontrado en las búsquedas del tesoro todo un filón que les ha proporcionado argumentos memorables.

En todas ellas no puede faltar una leyenda ancestral sobre un buque que se hundió, o un ambicioso pirata que reunió piezas de oro, un mapa que indique el lugar exacto donde se encuentra, a veces a base de pistas, otras dividido en trozos, un villano codicioso dispuesto a romper todas las reglas morales con tal de conseguirlo y un héroe tan valioso como el objeto de sus pesquisas.

El gran clásico proviene de la literatura, pues "La isla del tesoro", del británico Robert Louis Stevenson, establecía las claves. La adaptación al cine más famosa fue la que rodó Byron Haskin, en 1950, pero también hubo una adaptación reciente en dibujos animados, "El planeta del tesoro", de la factoría Disney, que adaptaba la acción al futuro. También es necesario citar "Los teleñecos en la isla del tesoro", con los personajes creados por Jim Henson.

Y precisamente el cine de piratas es el que más veces se ha lanzado al abordaje de este tema. Con cien cañones por banda, viento en popa a toda vela hemos visto pasearse por los siete mares a personajes como el protagonista de "El pirata Barbanegra", basado en la figura real de Edward Teach, que interpretado por Robert Newton desvalijaba galeones en el Caribe, amasando una gran fortuna.

Otro bucanero real, Henry Morgan, inspiró "El capitán Blood", donde Errol Flynn, en su primer papel importante, era arrastrado a la piratería por circunstancias del destino y desvalijaba a los españoles. Pero saquear puede ser peligroso, como saben los villanos de "Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra", convertidos en esqueletos espectrales hasta que devuelvan un tesoro robado.

Y para villanos, el que interpretaba Walter Matthau, en "Piratas", de Roman Polanski, tan retorcido que planeaba robar el tesoro de la goleta que le ha salvado de una muerte segura. Rompiendo los tópicos, en "La isla de las cabezas cortadas", la heroína era una mujer, Morgan Adams, interpretada por Geena Davis, cuyo padre le deja al morir un trozo del mapa que lleva a una fortuna enterrada.

Fiebre de codicia

El mejor film sobre el tema es posiblemente "El tesoro de Sierra Madre", pues John Huston no sólo narraba la obsesión por encontrar una fortuna, sino también cómo la avaricia terminaba enfrentando a los protagonistas y se convertía en su perdición.

El mismo tema había sido abordado por Huston en su impecable debut, "El halcón maltés", también con Humphrey Bogart, donde el tesoro era una reliquia muy valiosa codiciada por varios personajes. Y otros tipos del universo de Huston que iban a por oro y salían trasquilados eran los protagonistas de "El hombre que pudo reinar", que se aventuraban en busca de fortuna en las remotas regiones de Kafiristán.

Y es que los tesoros pueden estar en los lugares más exóticos. Hasta el Sahara iba John Wayne, al frente de una expedición, en busca del tesoro, en "Arenas de muerte". Para exotismo, la Arabia de "El ladron de Bagdad", de Raoul Walsh, donde Douglas Fairbanks interpretaba a un granuja enamorado de la hija del sultán, que sólo le concederá su mano si éste encuentra el tesoro más extraordinario después de siete lunas.

Se trata de uno de los relatos de "Las mil y una noches", de donde también salió el protagonista de "El séptimo viaje de Simbad", producida por Ray Harryhaussen, el mago de los efectos especiales. Con sus hombres, Simbad acudía a una isla, en busca del tesoro, ignorando que el lugar está habitado por Cíclopes.

Para encontrar una tumba llena de oro, Clint Eastwood tenía que atravesar el frente, en plena Guerra de Secesión, en "El bueno, el feo y el malo", o asociarse a un grupo de pícaros personajes, en "Los violentos de Kelly", que se juegan la vida tras las líneas nazis, para encontrar la pasta oculta.

Similar historia, aunque ambientada en la Guerra del Golfo Pérsico, era la que vivían George Clooney y compañía, en "Los tres reyes". Por su parte, Terence Hill y Bud Spencer buscaban una gran suma de la Segunda Guerra Mundial, en una isla, en "Quien tiene un amigo, tiene un tesoro". Nicolas Cage hizo doblete como cazatesoros, en "La búsqueda" y "La búsqueda 2. El diario secreto".

Juventud, divino tesoro

Otra de las obras maestras sobre el tema es "La noche del cazador", donde el psicópata interpretado por Robert Mitchum persigue hasta la extenuación a los niños cuyo padre les confió el secreto del sitio donde guardó el botín de un atraco. También eran chavales los protagonistas de "Los Goonies", que encuentran el mapa de un pirata que les llevará a una caverna subterránea.

Para llegar hasta el tesoro, a veces es necesario enfrentarse a un dragón, como Sigfrido, en "Los Nibelungos", de Fritz Lang. O quizás a los peligros de la selva africana, como ocurre en "Las minas del rey Salomón", o a la selva brasileña de "El tesoro del Amazonas".

O a los nazis de "En busca del arca perdida", pues a veces las reliquias son auténticos tesoros muy valiosos, como la joya a la que alude el título de "Tras el corazón verde". El tesoro puede ser un yacimiento de marfil, como el cementerio de los elefantes que buscan los protagonistas de "Tarzán de los monos", puede ser un sello antiguo, como ocurre en "Nueve reinas", o puede ser el sorprendente sitio donde se oculta la fortuna de "Charada", homenaje a Hitchcock con Audrey Hepburn, aunque es mejor no desvelar nada, por si alguien no ha visto la película.

En clave de comedia

A veces el tema se ha tomado en clave de humor, sobre todo en "El mundo está loco, loco, loco", donde los protagonistas competían a ver quien llegaba el primero hasta el dinero. "Ratas a la carrera" copiaba esta historia descaradamente.

Los dibujos animados también buscan tesoros, como se puede ver en "El rey león 2: el tesoro de Simba", y "La ruta hacia el Dorado", que incide en un tema, también tratado en "Aguirre o la cólera de Dios" y "El dorado", de Carlos Saura, ambas sobre el conquistador vasco Lope de Aguirre y su búsqueda de la ciudad de oro.