En 4.500 millones de años la Tierra ha sufrido cinco grandes extinciones. Dos de ellas casi acaban la aventura de la vida en la Tierra: hace 251 millones de años desapareció cerca del 95% de las especies, y hace 65 millones de años se extinguió el 75%, incluyendo a los dinosaurios.

Las causas de estas extinciones fueron el cambio climático, los supervolcanes, los asteroides y las fluctuaciones del cambio magnético de la Tierra. Y los científicos creen que volverá a ocurrir una extinción de proporciones colosales.

Cambio climático, cromosomas y pandemias

A finales de este siglo es posible que los gases invernadero se hayan doblado y que la temperatura global haya aumentado al menos 2 grados”, asegura Nick Brooks, investigador del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático en la Universidad de East Anglia.

Los gases invernadero alterarán el clima en varias regiones del mundo, lo que afectaría la producción de alimentos y con ello el colapso de sociedades enteras. “No sería el fin de los humanos, pero sería devastador”, afirma Brooks.

La siguiente amenaza son los telómeros o tapones de los cromosomas. “Nuestros telómeros se están erosionando cada vez más, y esto podría desatar enfermedades del envejecimiento en etapas jóvenes de nuestra vida, y finalmente una quiebra poblacional”, afirma Reinhard Stindl, doctor en medicina de la Universidad de Viena.

Las pandemias atacan a los humanos cada siglo y han causado millones de muertes. En la actualidad existen varias amenazas virales, pero la más peligrosa es la Gripe Aviar H5. “Un brote masivo de este virus podría tener un impacto terriblemente devastador", dice María Zambón, del Health Protection Agency’s Influenza Laboratory.

Terrorismo, guerra nuclear y meteoritos

“La sociedad hoy es más vulnerable al terrorismo porque es más fácil que consigan los materiales, la tecnología y la experiencia para hacer armas de destrucción masiva”, afirma el profesor Paul Wilkinson, presidente del consejo asesor del Centro de Estudio del Terrorismo y la Violencia Política de la Universidad de San Andrews.

El mayor temor de la sociedad frente al terrorismo es el uso de armas químicas o biológicas a gran escala, como el ántrax o el virus de la viruela, que desataría un pánico a nivel global, en las comunicaciones, la economía y el orden mundial.

Una guerra nuclear podría ser una amenaza aún mayor, “pero ese peligro ya ha pasado”, asegura Lord Garden, mariscal del Ejército Británico. Sin embargo, hay tres puntos potenciales de atención nuclear actualmente: Oriente Medio, India-Pakistán y Corea del Norte, dice Garden.

Una amenaza externa son los meteoritos, y para que puedan causar un verdadero desastre el cráter de impacto debe tener por lo menos 1,5 kilómetros de diámetro, lo que levantaría una enorme cantidad de polvo a la atmósfera y ocultaría la luz solar afectando la vida de las plantas, los animales y los humanos.

También habría tormentas de fuego por el reingreso de fragmentos calientes y lluvia ácida. “Todos estos efectos suceden a corto plazo, así que las especies más adaptables, tal vez las cucarachas y los mismos humanos podrían probablemente sobrevivir”, opina Donald Yeomans, director de la Oficina del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA.

Robots, rayos cósmicos y supervolcanes

“Los controladores robóticos doblan su complejidad cada dos años…y para el 2050 preveo que habrá robots con un poder mental como el de los humanos…”, afirma Hans Moravec, del Instituto de Robótica de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburg.

Moravec cree que los robots serán máquinas muy inteligentes que aprenderán de nosotros, compartirán nuestros valores y objetivos y se pueden ver como hijos de nuestra mente, por lo que podrían rebelarse contra nosotros y someternos.

Si una estrella gigante llega a estallar en nuestra Vía Láctea y sus rayos cósmicos nos alcanzan, la Tierra se hundiría en una edad de hielo. “Esto sucede cada pocas décadas, así que si estamos en el camino de estos rayos letales, muchas especies morirían por frío”, dice Nir Shaviv, profesor de Física en la Hebrew University de Jerusalén.

Cada 50.000 años la Tierra es sacudida por un supervolcán. Si esto llega a suceder, más de 1.000 kilómetros cuadrados de tierra pueden deshacerse en un flujo de ceniza piroclástica, explica Bill McGuire, director del Benfield Hazard Research Centre de la University College de Londres.

El daño global de un supervolcán depende del lugar donde se produzca y cuánto tiempo permanezca el gas en la atmósfera. El supervolcán más reciente fue el de Taupo, en Nueva Zelanda, hace 26.500 años; y el más dañino fue el de Toba, en Sumatra, hace 74.000 años.

Un agujero negro se traga la Tierra

La última amenaza para la Tierra es la más extraña: la de ser tragada por un agujero negro. Pero este agujero negro no vendrá del espacio exterior sino del mismo planeta; más exactamente en un acelerador de partículas: el Laboratorio Nacional Brookhaven de Nueva York.

Había preocupación de que pudiera formarse un estado de materia que no había existido jamás. “El riesgo era que aquello pudiera llegar a una fase que fuera suficientemente densa como para ser como un agujero negro…”, explica Richard Wilson, profesor de física e investigador de la Universidad de Harvard.

Luego se hizo un análisis para saber si el acelerador de partículas era capaz de formar un agujero negro, y “ahora estamos seguros que esa fase de la materia no se formará en Brookhaven y que no se tragará a la Tierra”, aclara Wilson.