Parafraseando a Fontanarrosa, ¿por qué hay palabras que son denominadas como malas? ¿Acaso pegan o lastiman?

Alejado de la pantalla grande y con espasmódicas apariciones en TV, Daniel Kuzniecka (adaptador, intérprete y director) arremete con un mensaje inteligente encubierto con chispas de humor.

Una cátedra basada en el best seller de Ariel Arango, donde se analizan interrogantes graciosos sobre la obscenidad, convocando al público a un recorrido a través del tiempo.

¿Qué se esconde detrás de esas diabólicas palabras?

Hay palabras vedadas: eso es conocido. Pero, ¿acaso tal prohibición radica en la propia maldad de las palabras? ¿O no será que aquellos vocablos solo marcan la existencia de verdades que socialmente es mejor callar? Con estos interrogantes Daniel Kuzniecka explica la concepción del autor del libro respecto a la significación de las malas palabras.

En una exquisita ambientación oscilante entre un escenario académico y el sillón de un terapeuta, combina un humor mordaz con terminología profesional. Elegancia y verosimilitud hasta el infaltable power point (característico de toda clase educativa seria) con imágenes que refuerzan las ideas.

Un unipersonal intrépido con un mensaje importante de fondo: ¡basta de falsedad!

¿Palabrotas? Pues sí que las hay, y picantes como pocas, pero nunca sin un fundamento teórico profundamente analizado. Catarsis etimológica: esa es la propuesta Kuzniecka, sin lindar el mal gusto ni la vulgaridad.

Una lección para dejar de aparentar

Quizás esos vocablos catalogados como “malvados” sean tan fuertes que su impacto queda tallado: efigies mentales instantáneas de las que es imposible retornar. Y si hay algo que logra este espectáculo es sembrar la reflexión en la mente del espectador.

Grabados egipcios, esculturas de la antigua Grecia y pinturas de reconocidos artistas que datan del siglo II DC son algunos de los elementos que avalan el relato. Pero la cuestión no acaba: hasta el Marqués de Sade es partícipe de este maridaje de sagacidad y respetuosa impertinencia.

En la propuesta la idea es que aquellas palabras son condenadas sociales por remitir únicamente al incesto. Se las niega para no reconocer el legado de los vínculos primarios.

El desplazamiento hacia la reflexión

Las malas palabras de Kuzniecka constituyen un viaje que le roba formalidad a aquel actor de películas serias como Cenizas del paraíso, acercándolo a un público más entretenido y cómplice con el correr de los minutos. Una travesía por la sexualidad a través de las Eras, que induce al replanteo de algunos valores morales y religiosos actuales. Hoy por hoy se supone que debería existir más libertad, deja entrever en su discurso, y sin embargo es cuando más problemas hay en la vida sexual.

Pero lo mejor de todo es que Daniel hace de Daniel. Más que interpretar un personaje, da la sensación de que es la persona quien habla. Propone un acercamiento desde su individualidad real, salpimentando fragmentos con una muy buena utilización de recursos.

Crítica de la obra Las malas palabras

Un encuentro entretenido con una escenografía amena y elegante. Daniel Kuzniecka ríe y desafía a la platea dando cátedra sobre los orígenes de la obscenidad y el porqué de la veda sobre algunos vocablos. Sin llegar a la vulgaridad, un espectáculo participativo donde se escucharán todas las palabrotas endemoniadas que se prohíbe mencionar (reconocerlas implica marcar la existencia de aquello que “debe” ocultarse).

Risitas que ganan volumen con una cuota de participación. La tos que aparece para liberar la tensión. Y un sutil dinamismo durante los noventa minutos que dura la exposición. Una propuesta interesante para reír de la obscenidad sin sumergirse en la rudeza: una comedia con fundamento. Palabras menos, palabras más, una alternativa liberadora para ver con amigos o en pareja, desde la mayoría de edad.