Manuel Bartolomé Cossío, en una entrevista publicada por el diario El Sol en julio de 1931, afirmó que fueron dos las grandes fuerzas que hicieron posible la proclamación de la II República española:

Por un lado, Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza que para entonces llevaba más de cincuenta años reclamando educación para todos, mejores condiciones en la formación del profesorado y mejor dotación para las escuelas e impulsando centros e instituciones que transformaron el panorama cultural español.

Por otro, la influencia del Partido Socialista Obrero Español de Pablo Iglesias

Para el gobierno de la Segunda República que la educación y la cultura llegaran a los rincones más remotos de España fue primordial, ya que esa era la vía para construir una verdadera democracia. Una educación pública, obligatoria, gratuita, activa, laica, bilingüe y solidaria que intentaba terminar con siglos de discriminación por razón de sexo o de clase social.

La política educativa de la República, aunque abarcó todo el sistema educativo, se centró en la reforma y la mejora del magisterio. El Decreto que en 1931 reguló la reforma de las Escuelas Normales estableció un fuerte nexo entre educación y democracia, haciendo de la enseñanza primaria el pilar de la formación en valores cívicos de los niños y de las niñas y de la erradicación del analfabetismo tanto en las zonas urbanas como en las rurales.

Para ello fue fundamental que los maestros y maestras estuvieran adecuadamente formados y retribuidos. Los estudios de magisterio adquirieron categoría universitaria y los futuros docentes se formaban conjuntamente en la universidad en la que aprendían la pedagogía moderna siguiendo el que se denominó Plan Profesional.

El papel de las maestras republicanas

Entre los educadores, las maestras republicanas ocuparon un lugar destacado en la educación de los ciudadanos ya que fueron las encargadas de educar en los valores de libertad, igualdad y solidaridad a los niños y las niñas que estudiaban en las escuelas mixtas recién implantadas, o en las escuelas de niñas.

De hecho, su presencia e implicación fueron un ejemplo instructivo porque al acceder al espacio público construyeron una nueva identidad, contribuyendo con ello al cambio de las relaciones de género y proporcionaron una mirada no androcéntrica sobre los principios pedagógicos innovadores especialmente a las niñas a las que se les ofrecía un modelo de mujer moderna e independiente.

En la II República aparecieron las primeras profesoras de bachillerato, inspectoras de educación y profesoras contratadas por la Universidad. Incluso muchas maestras, ayudadas económicamente por la Junta de Ampliación de Estudios, se desplazaron a otros países para conocer sus sistemas educativos.

Metodologías innovadoras

Un campo de actuación propio de las maestras republicanas fue reivindicar prácticas educativas renovadoras y su aplicación en los centros docentes: A principios de los años 30, la II República contó con numerosas maestras que identificadas con las ideas de laicismo, libertad de pensamiento y de cátedra utilizaron en las aulas la experimentación y los métodos participativos de aprendizaje, trabajaron al aire libre hacían visitas y excursiones culturales y fomentaron la educación física, de alumnos y alumnas.

Participaron en la amplia variedad de actividades educativas y culturales desplegadas por la República: desde las escuelas nocturnas para trabajadoras adultas hasta las Misiones Pedagógicas, pasando por las bibliotecas populares, las colonias y las cantinas escolares.

Compromiso político de las maestras

Las maestras de la II República fueron mujeres comprometidas políticamente, que, gracias a su formación y su experiencia en el dominio del lenguaje se atrevieron a ocupar el espacio público, desempeñaron un papel importante en las campañas políticas. Ellas defendieron y practicaron la coeducación, -aunque fuera en fechas tan tardías como 1937-; iniciaron la enseñanza de temas de educación sexual, acompañada, en ocasiones, de la explicación de métodos anticonceptivos, en un intento de formar a las alumnas en la libertad la responsabilidad; e introdujeron el laicismo en su vertiente de tolerancia y respeto a todas las creencias.

Prácticas educativas que serían, en definitiva, motivo de sanción y de condena a partir del triunfo del nacional catolicismo. El 1 de abril de 1939 se decretó el final de la guerra civil y comenzó la represión educativa con la derogación del artículo 48 de la Constitución de 1931 que establecía el sistema de la escuela unificada, la enseñanza primaria gratuita y obligatoria, la garantía de libertad de cátedra, el acceso de todos y todas a los distintos Grados de la enseñanza laica.