De hecho, las islas lideran actualmente el repunte del gasto del turismo extranjero; lo que sitúa a Canarias a la cabeza del resto de las comunidades autónomas españolas en índice de crecimiento. Si lo desglosamos por mercados emisores, lo encabezaría el Reino Unido, seguido de países tan emblemáticos, desde un punto de vista turístico, como Alemania, Francia, los Países Nórdicos e incluso Italia. En definitiva, Canarias ha sido capaz de captar cerca de un 12% del total del dinero ingresado por España proveniente del turismo extranjero; lo que le lleva a seguir siendo una potencia turística mundial.

Un turismo de calidad

Teniendo en cuenta que el turismo constituye la primera industria y, por consiguiente, la principal fuente de financiación de las islas, no es de extrañar que, tanto los agentes públicos como los privados que se encuentran de una u otra forma implicados en la oferta turística, se reúnan y lleguen a un acuerdo para conciliar un pacto por la calidad y la competitividad del sector, que les ayude, en cierta forma, a conseguir ganar en competitividad y alcanzar, por tanto, la excelencia que anhela cualquier destino turístico, y que al mismo tiempo, dicho pacto, sea socialmente justo y equilibrado.

Esta preocupación por la calidad es una tarea de todos: cabildos, ayuntamientos, y empresarios principalmente. Hoy en día, no basta con tener la materia prima, que en Canarias evidentemente tienen y de sobra, como es el sol y las playas; sino que es necesario apostar por un modelo de desarrollo sostenible y duradero para las islas; un modelo que sea especialmente respetuoso con la cultura, las costumbres y el medio ambiente; en definitiva, un modelo que sea capaz de mantener el necesario equilibrio entre los que desean disfrutar de un merecido descanso en un ambiente cálido y tranquilo, y en un entorno paradisíaco, y la defensa de la propia naturaleza, que es necesario preservarla para las generaciones futuras.

Un verdadero paraíso natural a dos horas del centro de Europa

Las islas Canarias son, por pura definición, un paraíso natural que se muestra al mundo en pleno océano Atlántico, a unos cientos de kilómetros de la costa africana, que constituye por sí mismas una opción turística con infinitas posibilidades. De entre sus ocho islas habitadas, más algunos islotes importantes, se puede escoger desiertos de arena finísima, dunas mágicas, inmensas playas de arena dorada, bosques encantados que guardan secretos vegetales de miles de años, árboles sagrados, lluvias horizontales, volcanes impresionantes, mares de lava, cuevas prehistóricas, barrancos endiablados, mares de nubes que cubren inmensos valles, calas de ensueño, fondos marinos de belleza turbadora, cielos limpios y noches cuajadas de estrellas o puestas de sol sobrecogedoras.

Es tal la variedad y la riqueza medioambiental, biológica y marina que guardan las islas, es tan rica su fauna y su flora que más de la mitad de su territorio se encuentra integrado en una red de espacios naturales protegidos: cuatro Parques Nacionales, distribuidos entre las islas de La Palma, La Gomera, Tenerife y Lanzarote; cinco Reservas de la Biosfera, enclavadas entre las islas del Hierro, Lanzarote y Los Tiles en La Palma; y cuatro bienes declarados Patrimonio de la Humanidad entre los que destacan el Parque Nacional de Garajonay, el "Padre Teide" la ciudad de San Cristóbal de La Laguna y el Silbo Gomero; que, conforman lo que se ha dado en denominar "las islas afortunadas" y que, junto con el milagro del choque entre el viento cálido procedente del Sahara y la humedad proveniente de Atlántico, se crea un microclima que convierte a Las Islas Canarias en la maravilla de la eterna primavera.

Una tierra de costumbres y tradiciones que mira al futuro

Las islas conserva dos estilos de vida muy diferenciados, que afecta no sólo en su modo de desarrollo, sino que influye incluso en la propia arquitectura; por un lado existe el mundo rural que en muchos aspectos conserva intactas sus costumbres y tradiciones, muy vinculada al entorno agrícola, como las casas, las bodegas, las granjas, las pequeñas ermitas o los molinos; y, por otro lado, los canarios han sabido respetar y conservar en sus pueblos y en muchas de sus ciudades, alejadas de la influencia del turismo, una arquitectura de origen colonial, reflejo en muchos casos de una sucesión de estilos arquitectónicos que le proporcionan un cierto estilo diferenciador.

Por otro lado, en los grandes núcleos urbanos y, sobre todo en las dos grandes capitales, Las Palmas de Gran Canarias y Santa Cruz de Tenerife, el espíritu innovador del que alardea el canario, les ha llevado a levantar edificios emblemáticos diseñados por grandes arquitectos como puedan ser los auditorios de música Alfredo Kraus de Óscar Tusquets, y el Adán Martin de Santiago Calatrava; así mismo, su espíritu investigador les ha llevado a levantar los afamados observatorios astronómicos del Roque de los Muchachos o los de Izaña; o su vinculación al arte y a la fiesta les hace merecedores de tener uno de los carnavales más famosos del mundo.