La Prehistoria, entendida como rama de la ciencia dedicada al estudio de un determinado momento del pasado de la cultura humana, es una disciplina relativamente joven. Sus bases se sembraron en torno a la pasión cientificista que dominó el siglo XIX. Y éstas se afianzaron en los primeros años del siglo XX, configurando un saber científico plenamente arraigado. En su configuración, las aportaciones personales de sus pioneros resultaron ser fundamentales. Este es el caso del Abate Breuil.

Breve referencia biográfica

Henri Breuil nace en la localidad francesa de Mortain dans la Manche, en 1877. El final de su vida llegó en 1961 en L’isle – Adam. Esta larga trayectoria vital se acompañó de una incansable actividad investigadora que le convertiría en uno de los puntales básicos de la ciencia prehistórica y, en especial, del estudio del arte primitivo. Y nos referimos a primitivo ya que este fue el centro de interés de los estudios del Abate Breuil, y no sólo el arte paleolítico.

Algo no tan extraño es su ingreso en el seminario de Issyles-Molineaux, siendo ordenado sacerdote. Ello no le impidió licenciarse en 1904 en Ciencias Naturales por la Universidad de la Sorbona. Ya antes había nacido su interés por el estudio de la Prehistoria, colaborando en excavaciones arqueológicas. Pronto, se inclinó hacia la investigación del fenómeno del arte paleolítico, siendo su papel fundamental en la controversia abierta con motivo del descubrimiento de Altamira.

El Abate Breuil es autor de algunas de las obras fundamentales en la historiografía prehistórica, en general referidas a estaciones rupestres con arte paleolítico. Quizás, Quatre cents siècles d'art pariétal. Les cavernes ornées de l'âge du renne, publicado por el Centro de Estudios y Documentación Prehistóricos en 1952, represente la cumbre de su creación científica, como resumen de todas sus aportaciones al conocimiento del arte paleolítico.

Breuil, Altamira y el arte paleolítico

A Breuil se deben las primeras teorías sobre la razón de ser y el origen del arte paleolítico, así como las primeras aproximaciones cronológicas a su evolución.

Si bien el descubrimiento de las primeras manifestaciones de arte parietal paleolítico en Altamira tuvo lugar en 1879, su reconocimiento no llegó hasta 1902. Altamira fue objeto de una dura controversia que enfrentó a los defensores de la cronología prehistórica de sus pinturas, encabezados por Sanz de Sautuola, y los detractores, dirigidos por el francés Cartailhac. En 1902 el Abate Breuil reanima la polémica durante el congreso de la Sociedad Francesa para el Desarrollo de las Ciencias, en Montauban.

El reconocimiento de la capacidad artística del hombre primitivo, una vez ya muerto Sanz de Sautuola, supuso un revulsivo para el inicio de los estudios sobre estas manifestaciones. El propio Cartailhac junto a Breuil iniciaron la investigación de Altamira. El resultado fue la publicación conjunta en 1906 de La Caverne d'Altamira à Santillane près Santander.

La interpretación del arte paleolítico

A pesar de ser uno de los pioneros en el estudio del arte paleolítico, el Abate Breuil no se mostró especialmente interesado en investigar, o al menos lanzar alguna teoría, respecto a su origen.

Una de sus principales aportaciones consistió en elaborar una teoría en torno a la significación del arte paleolítico. Breuil vio en estas manifestaciones la plasmación de un evidente sentimiento religioso. La representación de animales obedecería a una magia simpática destinada a propiciar la caza. Los signos sexuales se pondrían en relación con ciertos ritos de fecundidad. De hecho, es extremadamente descriptivo a la hora de referirse a las cuevas como santuarios donde se desarrollarían complicados rituales.

La cronología del arte paleolítico

Otra de las aportaciones de Breuil fue elaborar un primer esquema cronológico del arte paleolítico. Es necesario señalar, sin embargo, como Breuil bebe del todavía imperante evolucionismo. Entiende un desarrollo lineal que abarcaría desde las manifestaciones más simples (los simples trazados digitales sobre la arcilla fresca) hasta las realizaciones más complejas, como las pinturas polícromas del gran techo de Altamira. Breuil fecha el fenómeno del arte paleolítico hace entre 40.000 y 10.000 años, distinguiendo dos grandes momentos:

  • El auriñaco – perigordiense: el más antiguo; y
  • El solútreo – magdaleniense

El método y la obra

Henri Breuil emplea dos métodos básicos en sus investigaciones. En primer lugar, son fundamentales las superposiciones. En las manifestaciones rupestres paleolíticas suelen presentarse unas figuras dispuestas encima de otras. Mediante un detenido análisis, Breuil pretende establecer una secuencia evolutiva desde las más antiguas a las más modernas.

Otro método fue el paralelismo etnográfico. Del estudio de los mal llamados “primitivos actuales” obtenía conclusiones que extrapolaba a los hombres paleolíticos. Evidentemente, es un método expuesto a multitud de errores y malinterpretaciones.

A pesar de las evidentes limitaciones de una ciencia naciente, la personalidad y el genio del Abate Breuil suplieron con creces esas carencias, dejando como legado una obra todavía de gran valor para el estudio de la Prehistoria.