Cuando los musulmanes invaden la Península Ibérica tras derrotar a los visigodos no encontraron resistencia alguna hasta llegar a Asturias, donde Pelayo, probablemente de origen godo, se levantó en armas extendiendo un incipiente reino cristiano por Galicia, Cantabria y León. Cuando los vikingos llegan por primera vez al Norte de España reina el monarca Ramiro I, que tendrá que lidiar no solo con los musulmanes sino también contra los hombres del norte.

Las fuentes históricas para el estudio de las incursiones vikingas

Para el estudio de las invasiones vikingas en España y Portugal contamos con tres fuentes de orígenes distintos: las fuentes árabes - Claudio Sánchez Albornoz y otros autores tradujeron muchas de ellas al castellano -, las nórdicas - las fuentes más escasas, destacando ‘la saga del rey Olaf’, ‘la saga de los condes de las Islas Orcadas’ o ‘la Saga del rey Canuto’ - y las hispánicas - Chronicon Albeldense, Chronicon Sebastiani de Alfonso III, Chronica Sampiri o la Chronica Silensis -.

La primera incursión vikinga conocida en España

Según el Chronicon Albeldense y los Annales Bertiniani, llamado así porque procede del monasterio de San Bertin en Bélgica, los vikingos llegaron por primera vez a la costa norte de España, en tiempos de Ramiro I, tras una tempestad, realizando varias incursiones por la costa en dirección oeste hasta llegar al puerto de La Coruña, donde sufrieron una severa derrota y la pérdida de un gran número de barcos. Los vikingos continuaron su periplo hacia el sur paralelos a la costa Atlántica portuguesa llegando a Lisboa, territorio musulmán y saqueándola durante trece días. De allí continuaron hacia Cádiz para posteriormente remontar el Guadalquivir en dirección a Sevilla.

El saqueo vikingo de Sevilla

Las fuentes árabes, como el relato de Ibn al Cutia, apostillan que el saqueo de Sevilla ocurrido el 1 de octubre del año 844 fue una venganza por el castigo que les habían infringido en Galicia, destruyendo la mezquita sevillana y la muralla de la ciudad. Los árabes pidieron ayuda a sus vecinos cordobeses que consiguieron aunar fuerzas y derrotar a las fuerzas vikingas que se retiraron hacia el sur. Catorce años más tarde, los árabes no cometerían el mismo error y esperarían a los nórdicos en la desembocadura del Guadalquivir.

La segunda invasión vikinga en España y Portugal

Tras la muerte de Ramiro I, le sucede en el trono Ordoño I en cuyo reinado, la península volvería a sufrir incursiones vikingas especialmente en el noroeste de España. En el año 852 una segunda oleada vikinga asoló Galicia, penetrando por la ría de Arosa, la cual disponía de numerosas ensenadas e islas donde descansar y preparar sus ataques pasando totalmente inadvertidos.

La invasión vikinga de Galicia: Santiago de Compostela

Los vikingos penetran en la ría de Arosa asolando Iria Flavia y remontando el río Ulla con sus barcos, camino de Santiago de Compostela, símbolo del cristianismo occidental. El obispado de Iria en pleno huyó hacia Santiago para refugiarse en su interior mientras los nórdicos llegaron hasta las mismas puertas de la ciudad compostelana. Los sitiados no tienen más remedio de pagar tributo a los vikingos pero aún así continuaron con su intención de saquear la ciudad. Fue cuando el Conde Don Pedro unió a los nobles gallegos y derrotándolos forzó su retirada.

Los vikingos y su segunda incursión hacia el sur: Algeciras, Orihuela y Pamplona

Tras la derrota sufrida a manos de los gallegos, los vikingos continuaron su periplo hacia el sur bordeando la costa portuguesa, tal como sucedió con la primera incursión. Según el cronista árabe Ibn Adari, los vikingos intentaron desembarcar en Portugal pero fueron rechazados por los árabes que prendieron muchos de sus barcos. Con los sesenta navíos que aún les restaban, consiguieron llegar a Algeciras donde incendiaron la ciudad y saquearon la mezquita. Después de algunas incursiones por el norte de África continuaron bordeando la península hasta llegar a Murcia y saquearla junto a la localidad próxima de Orihuela.

Continuaron bordeando la costa levantina y catalana hasta llegar a Francia donde pasaron el invierno. De vuelta, según los cronistas Nowairi e Ibn Khaldun, los vikingos penetraron desde el Mediterráneo por el río Ebro hasta Pamplona, haciendo prisionero al rey García por el que solicitaron un jugoso rescate. Continuaron su camino de vuelta bordeando la costa hispana dominada por los árabes hasta llegar de nuevo a Galicia donde se produjeron algunos saqueos. Posteriormente retornaron al norte, pero volverían decenas de años más tarde.

La tercera incursión vikinga en la Península Ibérica

La tercera incursión vikinga fue en la primera mitad del reinado de Ramiro III (966-985), la cual tuvo una mayor trascendencia. Esta vez, la procedencia de estos vikingos era el ducado vikingo independiente de Normandía. En el año 966 zarparon de Normandía dirigiendo sus primeros ataques a las costas portuguesas dominadas por los musulmanes, los cuales rechazaron el asedio replegando la flota normanda hacia el norte. Nuevamente asolan la ría de Arosa al mando de Gunderedo y matan al obispo compostelano Sisnando. Los vikingos asolan toda Galicia de norte a sur hasta que finalmente el Conde Gonzalo Sánchez con la ayuda del obispo San Rosendo, al mando de un gran ejército, derrota a las huestes vikingas que huyen en sus navíos camino de Normandía.

La cuarta incursión vikinga

La cuarta incursión tiene lugar entre el 1008 y 1038 afectando fundamentalmente al suroeste de Galicia y el norte de Portugal. El cronista francés Pierre David nos habla del conde gallego Menendo que murió el 6 de octubre de 1008 luchando con los vikingos por las tierras entre el Miño y el Duero. Posteriormente a su muerte Braga es saqueada y después la ciudad de Tui (Pontevedra) así como su catedral en el año 1015. La crónica nórdica de Snorri Sturluson de ‘la saga del Rey Olaf’ narra las tropelías de este rey en el noroeste peninsular.

Años después, en el 1028 los vikingos vuelven a asolar Galicia. En esa época el reino cristiano estaba dividido y con luchas civiles al asumir el trono Bermudo III. Esta situación coincidió con la última razzia otra vez en la isla de Arosa y la playa de la Lanzada bajo el mando de Ulf ‘el gallego’ el cual fue ayudado por la nobleza local. Pero esta vez, las fuerzas militares del nuevo obispo compostelano Cresconio estaban preparadas y rechazaron nuevamente y esta vez para siempre a los hombres del norte condenando a los nobles gallegos que les ayudaron.