Aquellos que afirmaron categóricamente no creer en las hadas tendrán que retractarse y revisar los libros de Margaret Murray, antropóloga, arqueóloga y egiptóloga. De acuerdo con lo que afirma esta discípula de Sir James Frazer en su libro El dios de los Brujos, hay razones para pensar que las hadas de hecho existieron.

El denominado “pueblo de las hadas”, conforme a los hallazgos de Murray, estaba conformado por una serie de tribus del Neolítico que emigraron de la Europa continental hacia Gran Bretaña, donde se asentaron para vivir pastoreando sus animales.

Túmulos

Existen diversos túmulos funerarios que datan del periodo Neolítico en los que se han encontrado osamentas pertenecientes al pueblo que por esos entonces habitaba las Islas Británicas.

Estos restos muestran que los integrantes de dichas tribus eran de estatura corta. Los hombres medían un promedio 1.65 metros en tanto que las mujeres eran proporcionalmente más pequeñas.

Un rasgo particular, dice la antropóloga, es que sus cráneos eran de forma más oval que redonda. Y es probable que su tez fuera oscura, lo cual podría explicar el sobre nombre de “brownie” que la gente daba a las hadas buenas.

Colinas de hadas

El mito que cuenta que las hadas vivían bajo las colinas debió basarse, según Murray, en los asentamientos de la Edad de Bronce encontrados en diferentes sitios de Bretaña.

Aquella antigua raza de hombres había abandonado las cavernas que ocupaba en el Paleolítico y se habían mudado a montes o marismas cercanos a los pastos donde su ganado podía alimentarse.

Hallazgos de asentamientos de hadas

Construían cabañas o chozas con un piso circular que se hallaban hundidas en la tierra unos 60 o 90 centímetros. El piso y las bases de las paredes estaban hechos de piedra en tanto que la parte superior era construida con varas y argamasa o bloques de tierra y pasto.

La habitación única tenía un agujero en el centro del techo para la salida del humo producido por la hoguera que se colocaba en el centro de la casa.

Estas casas elaboradas en grupos tendían a cubrirse de hierba, de manera que a los ojos de un hombre medieval debieron de haber dado la impresión de ser pequeños montículos o colinas, de cuyo interior emergían esas personas extrañas.

Dardos de elfo

Las puntas de flecha fabricadas con pedernal que son denominadas “dardos de elfo”, se han encontrado justamente en torno a estos asentamientos.

Son armas que datan también del Neolítico y que evolucionaron hacia la Edad de Bronce.

Los invasores

Pero para la Edad de Hierro, asegura Murray, los celtas irrumpieron en la Europa Occidental y casi exterminaron a las civilizaciones de la Edad de Bronce.

Los sobrevivientes fueron aquellos que vivían en las zonas apartadas; el bosque, la montaña, los lugares tradicionalmente atribuidos a la hadas en el folclor medieval.

Las “hadas” procuraban no mostrarse a sus salvajes vecinos. Su mejor defensa, habían descubierto, consistía en despertar temor en la mente de los invasores.

Los encuentros con hadas

Sin embargo las visitas y los encuentros llegaban a suceder generando gran material para la mitología y para la literatura.

Los testimonios abundan sobre todo en los juicios por brujería: Bessie Dunlop, en Ayshire dio cuenta de haber visto a ocho mujeres y cuatro hombres “los hombres llevaban ropa de caballeros, y las mujeres se envolvían en mantas escocesas y eran muy gratas de ver”, dijo también que le habían confiado que pertenecían a la corte de Elfhame.

Los pueblos feéricos, según Murray, debieron haber conservado la religión pagana y el culto al dios Cornudo. Aquella habría sido la razón de que eventualmente la iglesia los asociara con las brujas y el diablo.

Las culturas

Los matrimonios mixtos entre hadas y mortales no eran cosa poco común ni en la literatura ni en la realidad.

El hijo de un hada y un mortal no se diferenciaba de los demás niños humanos. "La cruza entre mortales y hadas era menos fácilmente distinguible que la cruza entre miembros de la raza blanca y una raza de color”, asegura la antropóloga.

Conforme avanzó la civilización y las tierras dedicadas al cultivo fueron aumentando, las hadas debieron mezclarse más y más con la población establecida. Ambos pueblos terminaron por fusionarse.

Es este el mismo proceso de absorción que podemos observar en la actualidad entre los gitanos de Europa y entre los beduinos del Cercano Oriente”, dice Murray.

Sólo resta decir que ante la visión de Murray aquella expresión “parido por las hadas” ya no resulta tan fantasiosa. Cualquiera podría tener a un hada como antepasado.