En el Virreinato de la Nueva España las transacciones comerciales se llevaban a cabo en las ferias, tal y como era costumbre en la Europa medieval. Las flotas españolas, cargadas de productos europeos, provenientes de Sevilla, primero, y Cádiz, después, llegaban al puerto de Veracruz a intervalos irregulares. Los productos asiáticos también tenían demanda en el virreinato, anualmente arribaba al puerto de Acapulco el Galeón de Manila repleto de mercaderías del lejano oriente. Las principales ferias en el territorio novohispano fueron las de Xalapa y Acapulco, y de ahí los productos eran trasladados a otras ferias menores para su comercialización.

La feria de Xalapa

Desde que se instauró el sistema de flotas, a mediados del siglo XVI, entre España y sus colonias, los flotistas de Sevilla o de Cádiz debían transportar su cargamento hasta la misma ciudad de México para su comercialización. A principios del siglo XVIII, tratando de contrarrestar el creciente comercio inglés -legal o de contrabando- la corona impulsó la realización de ferias en territorio novohispano. Por otro lado, obedeciendo a presiones de los comerciantes del Consulado de México, que trataban de defender su propio mercado, se estableció que los flotistas peninsulares llegaran a un lugar intermedio entre Veracruz y México.

Felipe V, por cédula real, ordenó que se organizara una feria en el pueblo de Xalapa. Ubicada a cien kilómetros del puerto y a cuatrocientos de la ciudad de México, con un agradable clima y con instalaciones para el desarrollo de la feria, Xalapa resultó ser el lugar adecuado para las transacciones entre los comerciantes de Cádiz y los del Consulado de México.

La feria dependía totalmente del arribo de la flota a Veracruz, cosa que ocurría cada tres o cuatro años. Según Abel Juárez -En Veracruz y el nuevo orden económico, 1720/1820- entre los años de 1720 y 1776 anclaron en el puerto de Veracruz catorce flotas, realizándose doce ferias en Xalapa y dos en Orizaba. Cada feria tenía una duración de tres meses, pero a solicitud de los comerciantes el plazo podía extenderse un poco más.

Entre los productos europeos más demandados por la población novohispana se encuentran los artículos de ferretería, el papel, los textiles y los caldos, como llamaban a los vinos y aguardientes. De la Nueva España se exportaba principalmente oro y plata, y también vainilla, cacao, azúcar, grana y purga de Xalapa.

La feria de Acapulco

El comercio entre Filipinas y la Nueva España se estableció desde 1565, cuando el fraile y navegante Andrés de Urdaneta logró realizar la travesía entre Manila y Acapulco. Unos años después comenzaría un intercambio comercial entre la Nueva España y el lejano oriente que se prolongaría hasta después de la consecución de la independencia.

Con el arribo al puerto del Galeón de Manila -también se le llamaba la Nao de China- comenzaba la feria de Acapulco, que se realizaba anualmente entre los meses de enero y febrero. Eran muy solicitados productos orientales como especias, porcelanas y telas como damascos, muselinas y tápalos. La Nueva España exportaba cacao, vainilla, azúcar, grana y, sobre todo, la plata mexicana amonedada, que era muy importante para el comercio en oriente.

La corona española, temiendo que el auge comercial con oriente perjudicara sus propios intereses, limitó el intercambio comercial. Por muchos años los montos máximos permitidos fueron de 250 mil pesos en importaciones y de 500 mil pesos en exportaciones.

La feria de San Juan de los Lagos

San Juan de los Lagos comenzó siendo un lugar de peregrinaje religioso a principios del siglo XVII, pero en poco tiempo, gracias a su ubicación geográfica, cercana a importantes caminos que comunicaban a la ciudad de México con Guadalajara y con las regiones mineras del norte, se incorporó como un lugar para el intercambio comercial.

La feria tuvo su periodo de auge hacia fines del siglo XVIII, en ella se negociaba parte de las mercancías adquiridas en las ferias de Xalapa y Acapulco. Llegaban a San Juan de los Lagos compradores procedentes de Guadalajara, Querétaro, San Luis Potosí, Aguascalientes y Zacatecas.

Otras ferias regionales

Hacia el norte del virreinato también se celebraban ferias anuales, así sucedía en Saltillo, San Blas, Manzanillo, Chihuahua y Taos. Era usual encontrar en estas ferias los rezagos de las de Xalapa y Acapulco junto con productos de la región. Por ejemplo, en la feria de Saltillo se comerciaban las "apacherías" como se les llamaba a los productos de las zonas más norteñas.

La feria más alejada de la capital novohispana era la de Taos, en el territorio de Nuevo México. Esta feria presentaba la particularidad de que se negociaban prisioneros y de que, por carecer de moneda circulante, las transacciones se hacían mediante el trueque.

Las ferias comerciales de la Nueva España no pretendían satisfacer en su totalidad un mercado sino, más bien, tenerlo cautivo. Tampoco lograron contener el contrabando ni detener el comercio legal que se les permitía a los ingleses. Finalmente la corona determinó liberar el comercio, con lo que tanto el sistema de flotas como la feria más importante, la de Xalapa, desaparecieron a fines del siglo XVIII.