Nadie podía imaginar que durante la noche tuviéramos un periodo de marcha tan intensa a pesar de estar dormidos. Ese fue un descubrimiento fundamental en la tarea de desentrañar el misterio del sueño. Se denomina fase REM (Rapid Eye Movements) o MOR (Movimiento Ocular Rápido), la cual se caracteriza por una actividad casi tan frenética como la del estado de vigilia.

Descargas eléctricas

Nuestros ojos, cerrados, se mueven con inusitada rapidez y casi todos los órganos de nuestro cuerpo reciben descargas provenientes del tronco cerebral para mantener, incluso durmiendo, operativas sus funciones. Ahora sabemos, por ejemplo, que las erecciones nocturnas o el aumento de temperatura del clítoris durante el sueño no son a causa de las actividades oníricas o de los deseos sexuales reprimidos, como creía el psicoanálisis, sino a consecuencia de la actividad que desarrolla el sistema nervioso durante la fase REM, de la misma manera que aumenta la presión sanguínea, el ritmo cardíaco y el respiratorio.

A lo largo de toda una noche durmiendo, un individuo completa de cuatro a cinco ciclos que duran de 90 a 100 minutos y en los que se suceden varias fases que van del umbral del sueño, caracterizado porque las ondas cerebrales se mantienen en un ritmo alfa, pasando por cuatro fases No REM, en la última de las cuales el sujeto se encuentra con ondas cerebrales delta y profundamente dormido, hasta alcanzar la fase REM en la que se producen el 85 por ciento de los sueños intensos. A medida que envejecemos, disminuyen las cantidades totales de sueño REM y de las fases más profundas de sueño No REM.

¿Qué sucedería si se nos privase de esa marcha nocturna, de la fase REM? Tal vez descansaríamos mejor. Pues no, los doctores Lewin y Glaubman constataron, ya en 1975, que la privación de REM perjudica la rapidez y originalidad de pensamiento creativo, aunque la falta del mismo mejora el pensamiento lógico.

Satisfacer la cuota de fantasía

Pero aún hay más, ya que, como opina Rosalind Cartwright, gracias a los sueños se satisface la cuota de fantasía necesaria para el normal funcionamiento del cerebro; que el sueño REM favorece la creatividad y que durante este proceso se elabora el material emocional que hemos vivido durante la jornada, para después almacenarlo en un reducto profundo del cerebro.

El sueño REM serviría para definir nuestra personalidad. Así lo cree uno de los grandes biólogos que han estudiado el sueño, Michel Jouvet, para quien "el sueño paradójico (REM) constituye una especie de patrón de estimulación genotípica que remodela el cerebro durante el sueño. Al soñar, nuestro cerebro se sometería a una codificación, en cuyo transcurso programas arcaicos (o genotipos) básicamente heredados elaborarían un esquema elemental de conexiones que se responsabilizaría del núcleo de la personalidad o carácter".

Si llevamos esta hipótesis al atrevimiento, podríamos decir que se trataría durante el sueño de conectar con los campos morfogenéticos de la personalidad que propugna Rupert Sheldrake. Eso explicaría porqué los fetos y bebés requieren más sueño REM, porqué los ancianos necesitan menos REM y porqué cuando se suprime el sueño REM durante largo tiempo "el carácter se desintegra poco a poco y las formas innatas de conducta se desdibujan o estancan". También explicaría, porqué todos los animales necesitan dormir y porqué los más evolucionados, los mamíferos, tienen sueños REM.

Todo el mundo sueña

Hoy sabemos que todo el mundo sueña, que lo hacemos a lo largo de toda la noche, que sólo recordamos el último sueño antes de despertar y que son de muchos tipos. Durante las fases No REM son cortos y sencillos, mientras que los de las fases REM son largos, hasta 20 minutos, y alambicados: barrocos y fantásticos, aunque mezclados con un gran realismo.

Cuando se suprime el sueño REM no ocurre nada, pero la necesidad de dicho sueño aumenta, es decir a la noche siguiente un noctámbulo necesitará más fases REM. En los estudios de laboratorio, cuando a un durmiente se le despierta cada vez que comienza el sueño REM, se vuelve irritable, cosa que no sucede en la fase No REM.

Si no ha dormido las cuatro o cinco fases REM necesarias esa noche, la siguiente las fases REM serán el doble y así hasta 50 fases REM por noche, lo máximo que ha conseguido un sujeto soportar sin dormir en experimentos. Irremediablemente nuestro organismo nos pedirá una y otra vez que le dejemos entrar en fase REM, es decir que le dejemos soñar.

Una vida con 150.000 sueños

Nada menos que cinco años de nuestra vida transcurren en esta importantísima fase durante la que podemos llegar a tener aproximadamente unos 150.000 sueños, así que alguna importancia tiene que tener para nuestra existencia.

Hasta ahora se ha descubierto que los sueños sirven para el restablecimiento bioquímico, especialmente el sistema catecolaminérgico, que es el que permite que hormonas como la adrenalina y noradrenalina regulen muchas de las regiones cerebrales (Ernest Hartmann). El cerebro se repara durante el sueño REM mediante una síntesis proteínica más elevada, mientras que otros tejidos corporales lo hacen en fases No REM (Ian Oswald).